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Lula da Silva tras la gira en China: ¿autonomía o "loro" de Xi y Putin?

Lula apostó a que vamos hacia un orden marcadamente multipolar, con preeminencia de China y un correlativo declive de EE.UU.

Xi Jinping y Lula da Silva
Xi Jinping y Lula da Silva
Patricio Giusto 19 abril de 2023

La reciente gira del presidente brasileño Lula da Silva a China dejó mucha tela para cortar. Las repercusiones fueron mucho más allá del definitivo relanzamiento de la relación bilateral, tras cuatro años de distanciamiento con Jair Bolsonaro en el poder.

Lula llegó a Beijing con una comitiva récord de empresarios, aunque la magnitud y variedad de los acuerdos firmados no equiparó necesariamente las expectativas previas.

¿Es mucho o poco para Brasil acuerdos por unos US$ 11.000 millones? A priori pareciera poco, pero no hay que soslayar las cuantiosas inversiones chinas ya en marcha y el reciente reimpulsó a la relación comercial, en la cual Brasil siempre ha gozado de un holgado superávit bilateral, básicamente gracias a las descomunales ventas mineral de hierro.

No obstante, Lula finalmente no firmó la adhesión de Brasil a la Belt and Road Initiative promovida por Xi Jinping, como se preveía. Tampoco hubo avances significativos en campos estratégicos de la cooperación bilateral, como el plano militar y el científico-tecnológico.

Más allá de los papeles firmados, Lula sí dio una señal contundente en ese sentido, al realizar una visita al centro de innovación de Huawei en Shanghái, cosa que irritó especialmente a la Casa Blanca. Sin decirlo explícitamente, Lula dio a entender que no habrá restricciones a la participación de la empresa en las redes 5G de Brasil.

Del supuesto Brasil neutral y peace broker, Lula mutó a un Brasil claramente inclinado hacia Rusia, lo cual fue revalidado con la visita del canciller Sergéi Lavrov a Brasilia, con Lula aún en tránsito. Además de Brasil, Lavrov visitó Cuba, Nicaragua y Venezuela, justamente los únicos países donde Rusia es bienvenida.

Pero muchísimo más irritantes para Washington fueron las definiciones de Lula durante su discurso principal en Beijing, sorprendiendo a propios y extraños.

Si bien se esperaba un discurso de ocasión con las lógicas señales amistosas hacia Beijing, Lula fue mucho más allá y apuntó directamente a EE.UU., reivindicando la autonomía de su política exterior para asociarse "con quien Brasil quiera", criticando asimismo a los organismos de crédito occidentales y sus políticas desfavorables a los países en desarrollo.

Es más, Lula incluso defendió al Yuan como alternativa al dólar, algo que pocos buenos amigos de Beijing se han animado a expresar tan tajantemente en el pasado. Un Lula a quien se lo notó emocionado al saludar a Dilma Rousseff como nueva presidenta del banco de los BRICS.

Todo el recorrido por China de este Lula pasional y verborrágico fue música para los oídos de Xi Jinping, quien viene concatenando logros diplomáticos desde su re-reelección. Seguramente, no esperaba tanto de su principal socio latinoamericano.

Por si todo ello fuese poco, la historia del viaje de Lula no terminó allí. Durante su escala de regreso a Brasil, en Abu Dhabi, Lula se enfocó en la guerra en Ucrania, proponiendo a Brasil como mediador y argumentando que la guerra "es responsabilidad de ambas partes" en conflicto. Básicamente, la línea argumental preferida por Rusia.

Del supuesto Brasil neutral y peace broker, Lula mutó a un Brasil claramente inclinado hacia Rusia, lo cual fue revalidado con la visita del canciller Sergéi Lavrov a Brasilia, con Lula aún en tránsito. Cabe destacar que, además de Brasil, Lavrov visitó Cuba, Nicaragua y Venezuela, justamente los únicos países donde Rusia es bienvenida.

Aunque ahora habría que actualizar el mapa geopolítico y sumar al Brasil "autónomo" de Lula.

Mucho podría argumentarse en favor de Lula por la relación económica fundamental y en ascenso de Brasil con China. Y en el caso de Rusia, se trata de una relación histórica que atravesó diferentes signos políticos, basada principalmente en la cooperación en temas estratégicos, condicionada a su vez por la fuerte dependencia que desarrolló Brasil de los fertilizantes rusos. De hecho, se revalidó la cooperación en ese sentido tras la visita de Lavrov.

Pero cabe preguntarse: ¿fue necesaria semejante sobreactuación a lo largo de esta gira? Como era de esperarse, la respuesta de la Casa Blanca fue durísima, acusando a Lula a través del Departamento de Estado de "repetir como loro la propaganda de Rusia y China".

Como era de esperarse, la respuesta de la Casa Blanca fue durísima, acusando a Lula a través del Departamento de Estado de "repetir como loro la propaganda de Rusia y China".  

Un cambio de tono radical, tras lo que había sido la auspiciosa cumbre bilateral entre Lula y Joe Biden realizada apenas dos meses atrás.

A simple vista, parece claro que Xi Jinping y Vladimir Putin tienen mucho más para festejar que el propio Lula, con los resultados de esta gira. Lula parece haber decidido apostar a la idea de que vamos hacia un nuevo orden internacional marcadamente multipolar, con una preeminencia de China y un correlativo declive de EE.UU., contexto en el cual Brasil tiene un renovado papel que jugar, sobre todo en el marco del BRICS.

O bien podríamos estar frente a un Lula que abandonó cualquier cálculo estratégico y se dejó llevar por las pasiones, traicionado por la avanzada edad e historia personal. 

El tiempo dirá.

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