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India: el desarrollo económico y las contradicciones del nacionalismo religioso

Nadie puede considerar al primer ministro de la India como alguien opuesto a las reglas de la democracia. No es un autócrata. Pero sí es un autoritario.

"Nacionalismo" en India no representa lo mismo que en otras partes del mundo. Nacionalismo en India se entronca con religión.
"Nacionalismo" en India no representa lo mismo que en otras partes del mundo. Nacionalismo en India se entronca con religión. .
Luis Domenianni 24 septiembre de 2023

Suele ocurrir. Por lo general, los gobiernos que dejan entrever tendencias autoritarias, aun cuando conservan un relativo apego a la institucionalidad, buscan o inventan un enemigo al que atribuir la culpa de los males que padece la sociedad y, a la vez, una justificación para mantenerse en el poder.

No es la India del primer ministro Narendra Modi y de su partido nacionalista el Bharatiya Janata Party (BJP) la excepción a la regla. Pero "nacionalismo" en India no representa lo mismo que en otras partes del mundo. Nacionalismo en India se entronca con religión. Es decir, con hinduismo. 

El enemigo, por tanto, son los creyentes de la otra gran religión -el Islam- con casi 200 millones de fieles a los que Modi y los BJP dedican todo su odio. La enemistad viene de lejos, pero puede considerarse como exacerbada a partir de la independencia de la India británica y de su partición en dos estados: uno hindú, la India, y otro musulmán, Pakistán.

Una partición que contó con el rechazo decidido del padre de la patria el Mahatma Gandhi y el entusiasmo intransigente del jefe musulmán Mohamed Ali Jinnah. Una partición que representó un éxodo de 14 millones de personas a un lado y otro de la nueva frontera, y causó la muerte violenta de dos millones. 

Desde entonces -1947- las tensiones entre la India y Pakistán persisten, en particular debido al conflicto fronterizo -con componentes también religiosos- en la región de Cachemira, y se agravaron desde que ambos países cuentan con arsenal nuclear.

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Pero no es la situación de Cachemira el origen actual de la violencia que opone a hinduistas y musulmanes. Es el gobierno de Modi y el BJP.

Modi (73 años) es primer ministro de la India desde las elecciones del año 2014. Previamente fue electo y se desempeñó como ministro jefe -máximo responsable- del Estado indio de Guyarat, cargo al que accedió en 2001.

Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad de Nueva Dehli con una maestría sobre la materia otorgada por la Universidad de Gujarat, Narendra Modi es el jefe del partido político -el BJP- con mayor número de afiliados del mundo.

Por ende, nadie puede considerar al primer ministro de la India como alguien opuesto a las reglas de la democracia. No es un autócrata. Pero sí es un autoritario de la peor clase. La que utiliza, enciende y promueve el odio religioso.

Como un remedo de las actividades nazis previas a la "solución final" -el genocidio- de judíos y gitanos, los extremistas del BJP y de algunos grupos más fanáticos aún, atacan y persiguen a comerciantes, trabajadores y familias de confesión musulmana. Queman sus negocios y los echan de sus hogares ante la pasividad casi total de las fuerzas de seguridad.

Al igual que en la Alemania nazi, también en India el extremismo que rodea al primer ministro llama al boicot del comercio y la industria "musulmana". Como una muestra del fanatismo religioso, vale el ejemplo de la docente que incitó a sus alumnos a abofetear a un compañero musulmán. El incidente generó un rechazo masivo pero la docente no fue sancionada.

Occidente condena, pero poco. Y es que Modi aparece como un aliado frente a la China desafiante. A tal punto que ninguno de los siete países más industrializados que conforman el G7 boicoteó la reunión en Nueva Delhi del G20, bloque que los incluye junto a 13 países "representantes" del resto del mundo. Geopolítica, que le dicen.

Separatismo y política

Una ceguera que duró hasta que ocurren hechos que no debieran ocurrir. Como el asesinato de un líder de la comunidad sij en Canadá. Un asesinato que la comunidad no duda en imputar al Gobierno indio. Imputación que, a su vez, avaló el primer ministro canadiense Justin Trudeau en un discurso que pronunció ante el parlamento de su país.

Hardeep Singh Nijjar
Hardeep Singh Nijjar

Es un escándalo de proporciones. Un Gobierno extranjero que manda a asesinar a un miembro importante de una comunidad religiosa en suelo canadiense no es cosa de todos los días. El asesinado militaba por la creación de un estado sij independiente -el Khalistán- en el norte de la India, en los territorios del otrora Imperio Sij allá por 1839.

La comunidad sij representa casi 2% de la población india. Es decir, algo menos de 30 millones de ciudadanos. De su lado, la diáspora sij es particularmente relevante en Canadá donde totaliza unas 800.000 personas. Casi todos ellos con nacionalidad canadiense.

Musulmanes, sikhs, también cristianos-atacados en el Estado de Manipur-, aparecen como "indeseables" en la India de Modi. 

En frente, poco: la dirigencia del viejo Partido del Congreso, aquel que lideró el Mahatma Gandhi y que llevó al poder a Jawararl Nehru, a su hija Indira Gandhi -sin parentesco con el Mahatma-, a su nieto Rajiv Gandhi, a la mujer de este, Sonia Gandhi.

Hoy el bisnieto de Nehru, nieto de Indira, hijo de Rajiv y de Sonia, Rahul Gandhi preside los destinos del Partido del Congreso. Sin dudas, el nepotismo fue un factor esencial en la pérdida de trascendencia del viejo partido que llevó a la India a la independencia.

Pero los excesos de la administración Modi -a pesar de los éxitos económicos que puede exhibir- alimentan un prestigio perdido pero posible de recuperar para los moderados de Rahul Gandhi. Es así que el industrializado sureño estado de Karnataka (ex Mysore) dejó de ser gobernado por el BJP y para caer en manos del Congreso en las elecciones de mayo de 2023.

Nadie cree que la victoria opositora en Karnataka con 61 millones de habitantes y capital en la ciudad de Bangalore -particularmente avanzada en materia informática- pueda ser traspolada al plano nacional para las elecciones generales del 2024. No obstante, es un toque de advertencia para el todopoderoso Modi.

Por las dudas, el autoritario primer ministro no se anda con chiquitas. Y como siempre ocurre en estos casos, el opositor de turno es acusado ante los tribunales por delitos que, casi siempre, son de orden político.

En la ocasión, acusó a Rahul Gandhi por "difamación". No sin cierta razón, dado que Gandhi dijo públicamente que "todos los ladrones tienen el apellido Modi". Aun así, el remedio es peor que la enfermedad porque ataca la libertad de expresión y, sobre todo, porque es usado políticamente para encarcelar al adversario.

Pero, aún con el autoritario Modi al frente del gobierno, la India no deja de ser la mayor democracia del mundo en términos de población, ya que superó a China en cantidad de habitantes. En consecuencia, la Corte Suprema puso las cosas en su lugar y suspendió la condena por difamación contra el heredero de los Nehru-Gandhi.

El retorno del diputado Rahul Gandhi al Parlamento fue la señal de partida para el lanzamiento político de la oposición con vistas a las elecciones del 2024. Fue así que 26 partidos de distinto peso decidieron conformar una coalición opositora para desplazar a Modi el próximo año.

La nueva coalición adoptó un nombre por demás significativo: INDIA, Indian National Developmental Inclusive Alliance. Impensable hace unos meses, hoy INDIA se presenta como un conglomerado que defiende la laicidad, las minorías y los dalits -los intocables-, todos ellos blanco de los nacionalistas indios de Narendra Modi.

En el mundo

Los problemas internos de la India no hacen mella sobre la inserción del país en sus relaciones internacionales. Una inserción que no resuelve los diferendos regionales que enfrenta la India pero que la torna muy atractiva en el tablero internacional.

Los problemas regionales de la India son dos. El uno vinculado con el otro. El problema uno es su vecino occidental -Pakistán- contra quién llevó a cabo tres guerras vinculadas con la disputada región de Cachemira y una cuarta en ocasión de la independencia del Pakistán Oriental, hoy República de Bangladés.

El conflicto de Cachemira atrae la mirada vigilante de la comunidad internacional, no tanto por el contencioso en sí, sino por la capacidad nuclear militar que ambos estados detentan. La persecución que el gobierno Modi lleva a cabo contra los musulmanes de la India no hace sino empeorar las tirantes relaciones entre India y Pakistán.

biden modi
Modi tiene una buena relación con Estados Unidos

La segunda conflictividad que el país enfrenta es su relación con China. Son varios los ítems sobre los que esta conflictividad se asienta. También en este caso se trata de dos potencias militares con capacidad nuclear.

Por un lado, una cuestión limítrofe en el Himalaya que da origen a esporádicos enfrentamientos. Por otro, la presencia en la India del Dalai Lama, el jefe espiritual en el exilio de un Tibet anexionado ilegalmente a China, que siempre pugna por recuperar su independencia. Por último, la histórica alianza de China con Pakistán.

De allí que la diplomacia india se haya convertido en una pieza clave del gobierno del BJP. Se trata de sumar amigos por el mundo, más allá de cualquier contradicción aparente considerada como secundaria frente al conflicto estratégico con Pakistán y China.

Así conviven la presencia de la India en el G20 y en los BRICS donde se sientan China y Rusia con la cooperación militar que suma a la India con Australia, Estados Unidos y Japón, en una alianza anti china. 

Precisamente, en la reciente reunión del G20 celebrada en Nueva Delhi, la India operó para finalizar el cónclave con un comunicado anodino que condena el uso de la fuerza para "obtener ganancias territoriales en detrimento de la integridad territorial y de la soberanía política de cualquier Estado".

Palabras que dicen algo y no dicen nada. Sencillamente porque el comunicado no incluye una condena explícita a Rusia, a todas luces el agresor en la guerra con Ucrania. Sin duda, este trato pusilánime del G20 para con Rusia se debe, en parte, a la reticencia del "sur" a quedar pegado con las naciones occidentales.

Pero también está vinculado a la alianza que, desde la independencia de la India en 1947 vincula al país con la Unión Soviética, entonces, y con Rusia, ahora. Entonces, se trataba de geopolítica. Hoy se trata de petróleo para una India cada vez más industrializada y en franco crecimiento económico.

Contrastes

Dicho crecimiento económico es fundamentado no solo por la cantidad creciente de inversiones, sino además por la calidad de las mismas. Es que gran parte va a parar a la aplicación de tecnologías de punta y a la investigación científica y tecnológica.

Prueba de ello son los avances en materia espacial. En agosto, la India coronó con éxito el viaje y el alunizaje de su módulo Vikram, transportado a la Luna por la sonda espacial Chandrayaan-3. El módulo se posó en el sur lunar, donde se encuentra un mar de hielo descubierto en 2008 por un satélite artificial... también indio. 

india luna
En agosto, la India coronó con éxito el viaje y el alunizaje de su módulo Vikram, transportado a la Luna por la sonda espacial Chandrayaan-3.

No se trata de una casualidad. La elección del emplazamiento para el alunizaje conlleva la idea de una presencia permanente de la India en la Luna. Los planes respectivos hablan de primero una "población" robótica y luego de un emplazamiento humano.

Como una confirmación de los contrastes que exhibe el país más poblado de la tierra, la Agencia Espacial de la India (ISRO) no es una creación reciente. Sus comienzos se remontan a 1969, solo once años después de la puesta en funcionamiento de su similar estadounidense, la NASA.

Actualmente, la India es una gran potencia espacial con satélites artificiales que no solo orbitan alrededor de la Luna y de Marte, sino que prepara una misión para hacer lo propio con Venus. 

Hasta la fecha, el programa espacial indio no se orientó, como el de la mayoría de los demás países con dicha capacidad, hacia un eventual uso en materia de defensa. Se trató de un desarrollo pacífico. Así los satélites de comunicaciones indios proveen a la población de información valiosa para la agricultura, para la prevención climática, para la gestión del agua.

Segura de sus capacidades, ahora la India del primer ministro Modi busca "competir" en el mundo con exportaciones de tecnología espacial. A la fecha, solo ocupa el 2 por ciento del mercado mundial. Para ello, Modi decidió privatizar la industria espacial, con excepción de la investigación científica.

Pero, no solo en materia espacial la India avanza. El Producto Bruto Interno ya se ubica por volumen en el quinto lugar mundial. Acaba de sobrepasar al del Reino Unido, la antigua metrópoli colonial. Su crecimiento, del orden del 7,4% anual del PIB, es calificado de "insolente" por observadores y medios de comunicación. 

A la fecha, la India parece destinada a reemplazar a China como motor de crecimiento mundial. El primer ministro Modi, predice que la India alcanzará el nivel de país desarrollado en 2047. 

No obstante, se trata de un gigante con pies de barro. Sus desequilibrios son inmensos. Su desarrollo no alcanza para absorber los 12 millones de jóvenes que ingresan anualmente al mercado laboral. Y es que India continúa siendo un país rural. Con muy bajo nivel de ingresos, la agricultura emplea al 44% de la población y solo contribuye con el 15% del PIB.

El ingreso anual por habitante es de US$ 2.085. Es decir, cinco veces más bajo que el promedio de cada chino y dieciocho veces más bajo que el de cada británico. En términos de desarrollo humano -economía, educación, salud-, los resultados son aún más decepcionantes. Un 30% de los jóvenes de 14 años no logran leer un texto elemental.

Resta mucho por hacer. Sí, las inversiones extranjeras crecen, pero aún son inferiores al 25% frente a las que el mundo destina a China e inferiores al 20% de las que dedica al sudeste asiático, en particular a Vietnam. 

Las contradicciones entre apertura y proteccionismo del gobierno Modi dificultan las cosas. El primer ministro reclama inversiones extranjeras, pero cierra el país a las importaciones. Y así, el interés por la India se diluye.

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