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En marzo, el ex procurador general Yoon Suk-yeol resultó electo presidente de la República de Corea o Corea del Sur
Asia-Pacífico

Corea del Sur: el difícil equilibrio entre alianzas militares y mercados desafectos

Para Corea del Sur, el enemigo es el Norte pero, para Estados Unidos, también la China continental

Luis Domenianni Luis Domenianni 18-09-2022
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El 22 de agosto, Corea del Sur y Estados Unidos dieron comienzo a las mayores maniobras militares conjuntas desde 2018, de las que participan buena parte de los 28.500 soldados norteamericanos estacionados en la zona sur de la península coreana.

Una lectura rápida del ejercicio militar indica que se trata de una demostración de fuerza ante la agresividad habitual del vecino norteño, la comunista República Popular Democrática de Corea -Corea del Norte- cuyos avances en materia nuclear y balística son por demás preocupantes.

Sin lugar a duda, para Corea del Sur, el enemigo es el Norte, pero para Estados Unidos, más allá del compromiso de defensa que mantiene desde el armisticio de 1953, sin descuidar la belicosidad del régimen comunista, la movilización de tropas visualiza, además, a la China continental.

Así debe entenderse la presencia en la última cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), llevada a cabo en Madrid, España, en junio, del novel presidente surcoreano Yoon Suk-yeol y del primer ministro japonés Fumio Kishida.

Es que para las democracias occidentales integrantes de la OTAN la atención por la guerra en Ucrania no impide considerar las amenazas que surgen más allá de su terreno habitual de intervención que es Europa.

Tanto el presidente Yoon como el primer ministro Fushida participaron como “asociados asiáticos” de la organización ofensiva-defensiva, al lado de Australia y de Nueva Zelandia, ambos estados “muy preocupados” por los avances chinos sobre el Pacífico sur.

El propio director de la Seguridad Nacional surcoreana, Kim Sung-han definió a la participación surcoreana como necesaria para “establecer una cooperación global en materia de seguridad con nuestros aliados de la OTAN, en la medida en que la situación internacional se torna cada vez más imprevisible”.

Para dejar en claro las cosas, durante el encuentro trilateral que el presidente Yoon y el primer ministro Fushida mantuvieron con el presidente norteamericano Joe Biden, tras la reunión de la OTAN, el tema tratado fue, además de Corea del Norte, la promoción de la región Indo-Pacífica libre y abierta. Obviamente, con China en la mira.

Queda claro que la OTAN deja de ser una alianza centrada exclusivamente en Rusia para convertirse en una alianza globalizada. En síntesis, de un lado la OTAN y sus asociados. Del otro Rusia, pero también China.

Y China acusó el golpe. La respuesta del Ministerio de Relaciones fue que “la región Asia-Pacífico se encuentra más allá del alcance geográfico del Atlántico Norte. Los países y los pueblos de Asia-Pacífico se opondrán a cuanto se diga o se haga para extender el bloque militar a esta región o para atizar la división y la confrontación”.

En mayo, el presidente Biden se trasladó a Tokio, Japón y a Seúl, Corea del Sur, para brindar seguridades ante ambos gobiernos sobre la vigencia activa de la alianza que los une, sin que el interés por Ucrania represente un redireccionamiento al respecto.

En ello, va no solo la cuestión militar. También se trata de reducir la influencia -y la pretensión- china a través de la creación de una nueva asociación comercial: el Cuadro Económico Indo-Pacífico.

El cuadro está integrado por 13 países fundadores que movilizan, en conjunto, el 40% del PIB global. Además de Corea del Sur, Estados Unidos y Japón, participan Australia, Brunei, Filipinas, India, Indonesia, Malasia, Nueva Zelandia, Singapur, Tailandia y Vietnam.

El Norte

Con todo, el principal problema para Corea del Sur es su vecino del norte. Una disputa que se extiende desde el final de la Segunda Guerra Mundial cuando el país fue dividido en dos administraciones. La del Sur asignada a Estados Unidos y la del Norte acordada a la Unión Soviética.

Tres años después, en 1948, Corea quedó formalmente dividida entre un Norte en manos del líder guerrillero comunista Kim Il-sung, abuelo del actual líder norcoreano Kim Jong-un, y el sur donde fue establecido un gobierno autoritario de derecha con Syngman Rhee como presidente.

Dos años después, en 1950, el Norte invadió al Sur. Como forma de protesta, en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, por la negativa a reconocer y admitir a China comunista -el lugar lo ocupaba Taiwán-, el delegado soviético se retiró de la deliberación.

Consecuencia de la ausencia: el Consejo de Seguridad votó la intervención de Naciones Unidas para frenar la invasión. A su vez, chinos y soviéticos lo hicieron a favor de Corea del Norte. Con avances de uno y de otro lado, finalmente, no hubo un ganador claro y en 1953, Corea del Norte y Estados Unidos firmaron un armisticio que, mal que mal, es respetado hasta la fecha.

Si bien el armisticio no sufrió violaciones de envergadura en la zona desmilitarizada de cuatro kilómetros de ancho y de 238 kilómetros a lo largo de la frontera terrestre entre ambas Coreas, las relaciones son particularmente tensas, más aún desde que Corea del Norte inició una escalada armamentística en materia nuclear y balística.

Los intentos de Corea del Sur por llegar a un acuerdo fueron de todo tipo. El último fue el rechazo y calificación de absurdo por parte del Norte del ofrecimiento del Sur de ayuda alimentaria y energética y de financiamiento para la modernización de infraestructuras.

Fue la hermana del dictador Kim Jong-un, la influyente Kim Yo-yong la encargada de no aceptar el ofrecimiento sureño. “Cuando se piensa que el plan para intercambiar cooperación económica contra nuestro honor y nuestras armas nucleares, uno se da cuenta que es verdaderamente simple e infantil”, calificó.

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La hermana del dictador Kim Jong-un, la influyente Kim Yo-yong

La respuesta no fueron solo palabras. También fue el lanzamiento de dos misiles de crucero desde la base de Onchon, al sudoeste de la capital Piongyang, en dirección del Mar Amarillo, el golfo cuyos países ribereños son las dos Corea y China.

Desde enero, los tiros de misiles llevados a cabo por Corea del Norte fueron numerosos. Uno de ellos consistió en el lanzamiento de un misil balístico intercontinental con capacidad -no comprobada- de alcanzar la costa oeste de los Estados Unidos.

Más allá del desarrollo balístico del régimen dictatorial norcoreano, para Corea del Sur -también para Japón- la principal preocupación es su tenencia de bombas nucleares. Al respecto, no pocos analistas y el servicio de inteligencia de Corea del Sur consideran como inminente la reanudación de los ensayos nucleares norcoreanos. 

Cambio de encuadre

En marzo de 2022, el ex procurador general Yoon Suk-yeol resultó electo presidente de la República de Corea o Corea del Sur. Ganó en única vuelta por un porcentaje exiguo, 48,5% contra 47,83% de su rival Lee Jae-myung.

La victoria del ahora presidente Yoon representa un retorno espectacular de la derecha política en el seno de la sociedad tras la destitución y encarcelamiento por abuso de poder de la expresidente Park Geun-hye que pertenece al mismo partido político -el Partido del Poder del Pueblo (PPP)- que el nuevo mandatario.

Si las elecciones en Corea del Sur suelen ser tranquilas aun cuando la diferencia entre ganador y perdedor, como en este caso, fue exigua, no lo son las campañas electorales. La de marzo no fue la excepción. Escándalos, agresiones verbales y pobreza del debate jalonaron a dos candidatos considerados por los medios como “dos perdedores”.

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La victoria del ahora presidente Yoon representó un retorno espectacular de la derecha política

Y los escándalos no rodearon directamente a los candidatos sino a... sus mujeres. La del perdedor Lee está acusada por acoso contra un funcionario de la provincia de Gyeongee -Lee era el gobernador- a quién habría obligado a hacer las compras y limpiar la casa además de compras personales con la tarjeta de crédito de su marido.

La del ganador Yoon está siendo investigada por cohecho y por cometer malversaciones financieras. Rumores persistentes indican que mantiene lazos con “chamanes” y que fue “call girl” -“chica de compañía”- en su juventud. Pese a la tradición en contrario, ambos candidatos cortaron por lo sano y concurrieron a votar...sin sus mujeres.

No obstante, el interés de los electores no decayó. La participación alcanzó el 77,1% de los habilitados para votar, pese al millón de personas que se encontraban en aislamiento producto de un brote de Covid que afectó en un solo día a 300.000 individuos.

Mientras el 58% de los hombres votaron por el candidato de derecha, casi exactamente el mismo porcentaje de mujeres votó por su rival perdedor. Semejante diferencia tal vez se explique en la propuesta de supresión, por parte del ganador Yoon, del Ministerio de la Igualdad Hombres-Mujeres, promesa que olvidó ni bien asumió.

El cambio más notorio que promueve el nuevo gobierno es el encuadre de la política del sur frente al belicoso norte. Si para el presidente saliente Moon Jae-in se trataba del “acercamiento aún a cualquier precio” con Corea del Norte, para el nuevo jefe de Estado es todo lo contrario.

Su único ofrecimiento, rechazado como se vio más arriba, fue el intercambio de ayuda por el abandono del armamento nuclear. O todo, o nada.

Otro frente de acción internacional para el nuevo gobierno es la mejoría de las relaciones con Japón, muy deterioradas durante la presidencia anterior por razones históricas. Se trata de dos contenciosos que se prolongan desde la ocupación de Corea -convertida en colonia- por las tropas japonesas en 1910 que se prolongó hasta 1945.

Dichos contenciosos son, en primer término, la cuestión de las denominadas “mujeres de consuelo”, eufemismo que definía a las mujeres obligadas a prostituirse para atender “las necesidades” de los soldados nipones dentro y fuera del país. 

En segundo lugar, el trabajo forzado o al reclutamiento militar también forzado a que fueron sometidos alrededor de 7 millones de coreanos. En ambos casos, se trata de indemnizaciones económicas que ya fueron pagadas pero que no parecen haber alcanzado a todas las víctimas, ni resultan de momento suficientes.

Tecnología

La economía anticipa algunos dolores de cabeza para el presidente Yoon. El alza de precios, particularmente del inmobiliario, y el abastecimiento energético conforman problemas que, aunque no difieren de buena parte del resto del mundo, ameritan toda la atención.

A tal punto, que el Ministerio de Justicia fue el encargado de gestionar una amnistía presidencial para el multimillonario Lee Jae-yong, patrón del grupo Samsung. La razón: su reintegro a la sociedad “para contribuir a superar la crisis económica” que afecta al país. 

Lee fue condenado por fraude contable a poco menos de tres años de prisión y liberado en 2021 tras cumplir 18 meses, pero pesaba sobre él una interdicción de empleo. Con la amnistía recupera todos sus derechos. La gracia, claro, no es gratuita. Incluye un plan de inversión masiva de US$ 345.000 millones, por parte de Samsung, en los próximos cinco años.

El grupo Samsung dedica sus empresas a la fabricación de semiconductores y de productos biológicos. Con la pandemia, la demanda de semiconductores creció exponencialmente debido al trabajo a distancia. Como consecuencia, los beneficios superaron cualquier previsión.

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Chip 4 es una alianza tecnológica en formación. Incluye a Estados Unidos, a Japón, a Taiwán y a Corea del Sur

Chip 4 es una alianza tecnológica en formación. Incluye a Estados Unidos, a Japón, a Taiwán y a Corea del Sur. Los cuatro son los países dominantes en el sector estratégico de semi conductores. La alianza pretende asegurar la cadena de suministro mundial, coordinar proyectos de investigación y desarrollo, políticas y subvenciones para el sector.

Pero no todas son rosas. Estados Unidos pone condiciones. Dispuesto a invertir US$ 52.700 millones para “Chip 4”, el Gobierno norteamericano exige a los grupos que resulten beneficiarios un compromiso de no inversión en China por los próximos diez años. Obviamente, la pretensión consiste en que los chinos no accedan a las últimas tecnologías.

Para Samsung y para otras empresas surcoreanas implica paralizar sus inversiones en China. China es el principal socio comercial de Corea del Sur y es particularmente dependiente de aquella para el abastecimiento de semiconductores. En 2021, importó dichos productos por valor US$ 350.000 millones (13% del total de sus importaciones).

De momento, las tecnológicas surcoreanas se niegan a aislar a China. Vale recordar la definición de un analista surcoreano: “cuando usted posee la tecnología, debe también contar con el mercado para venderla y distribuirla masivamente a precios competitivos”. El 60% de los componentes que Corea del Sur fabrica van a parar a...China.

Corea del Sur es uno de los países donde la vinculación entre tecnología, sociedad, política, economía y educación es más tenida en cuenta en el mundo. Bajo ese marco debe inscribirse la intención del nuevo Gobierno de reducir en un año, de 6 a 5, la edad para el comienzo de la educación primaria.

El principal argumento es permitir que los jóvenes alcancen participen “antes” del mercado de trabajo y así dar una respuesta a los problemas de faltante de mano de obra provocados por la baja de la natalidad.

Los numerosos sindicatos que nuclean a profesores, maestros y trabajadores de la educación se oponen. Para ellos, iniciar en los estudios a niños más pequeños representa un riesgo de efectos secundarios negativos para su futuro ingreso prematuro, por ejemplo, a la universidad. La idea no es nueva. El Reino Unido y Nueva Zelanda ya la aplican.

La sociedad surcoreana vive obsesionada con el éxito educativo. En 2018 mostraba 69% de graduados universitarios en la banda de los 24 a 35 años, contra el 45% promedio de otros países desarrollados.

Prueba de ello: un alumno transcurre hasta 15 horas diarias en el aprendizaje entre cursos regulares y de apoyo. Estos últimos, llamados “hagwon” no nivelan, sino que están orientados a avanzar por sobre los programas curriculares.

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