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Superdólar en el mundo y superpeso en Argentina: ¿hasta cuándo durará?

Hoy Putin hará una demostración de fuerza y China sigue ralentizándose, pero lo que miran los mercados es la suba de la tasa de la Fed

La Plaza del Palacio de San Petersburgo.
La Plaza del Palacio de San Petersburgo.
Luis Varela 09 mayo de 2022

Hace exactamente un mes, cuando la enloquecida invasión de Putin ya estaba disparada, y medio año después de que el dominó inmobiliario de Evergrande le pusiera fin al milagro chino, un operador de Citibank dijo con enorme precisión: "Lo que va a ser una verdadera bomba atómica para los mercados será la suba de la tasa de la Fed. Ni bien (Jerome) Powell deje de repartir dólares y empiece a retirarlos, habrá que agarrarse los pantalones".

Y de alguna manera el pronóstico se va cumpliendo como si fuera un relojito suizo. Con Japón en recesión desde hace unos diez meses, y con China ralentizándose cada vez más (agravando su posición con el bloqueo por Covid a varias de sus grandes ciudades), el gran evento mundial de hoy será una nueva amenaza de Putin a Occidente: exactamente este lunes se conmemora la victoria sobre la Alemania nazi en 1945 y el líder ruso (que supuestamente está enfermo, aunque nadie pueda asegurar nada) encabezará un gigante desfile militar, con exhibición de escalofriantes misiles termonucleares, impregnando todo eso con una ofensiva mayor sobre Ucrania.

La atención de los mercados

Pero los mercados del mundo no parecen mirar tanto ni a Moscú ni a Beijing, sino al joystick de Powell, el titular de la Reserva Federal de EE.UU., que de una posición con tasa corta del 0% y compra de bonos por US$ 120.000 millones por mes, ya subió la tasa en dos oportunidades y podría subirla hasta 3% anual a fin de 2022 y, lo que es peor, empieza a retirar US$ 45.000 millones por mes con venta de bonos en mayo y junio, aspiradora que subirá a US$ 95.000 millones por mes de julio en adelante.

Powell está asustado. En pocos días se difundirá el IPC norteamericano de abril. El de marzo asustó con una variación anual del 8,5%, la mayor en 40 años. Varios analistas creen que el IPC del mes pasado superaría el 10% anual. Y hay muchos norteamericanos que no le creen a esas mediciones, porque los cálculos inflacionarios de los estados computan cosas que la mayor parte de la población no usa jamás. Lo que más se siente en el bolsillo, los alimentos, el combustible y los alquileres están anotando aumentos del 15% o incluso hasta del 20%. Y esa es la verdad en la que todos creen.

Por supuesto, esta gigantesca suba de precios norteamericanos no es por China, ni por Putin. Es por la megaemisión de dólares que hizo Powell durante toda la pandemia y del gigantesco gasto público decidido por el Presidente Joe Biden en lo que va de su corto mandato. Los norteamericanos lo saben y la caída de la imagen del veterano titular de la Casa Blanca lo evidencian. Los sondeos adelantan que en la elección de noviembre los demócratas perderán fuerte, y se quedarán sin mayoría en las dos cámaras del Capitolio, por lo que Biden tendrá una segunda parte renga de su mandato, con riesgo de no conseguir la reelección, como le pasó al también demócrata Jimmy Carter, que fue desplazado sin reelección por Ronald Reagan y George Bush, que mandaron en los 12 años siguientes.

Lo particular de esta altísima inflación norteamericana es que millones de inversores mundiales, que para proteger sus ahorros tienen montañas de dólares metidas en cajas de seguridad o en lo que se dice vulgarmente "debajo del colchón", están sufriendo una gigantesca pérdida de valor, de capacidad de consumo: todos esos dólares quietos están haciendo que quien podía comprar 100 hace 10 años hoy no llegue a comprar 75, en promedio, de lo que sea, alimentos, autos, departamentos, viajes, casi todo...

Con un valor inmanente denominado confianza, en medio de esta vertical pérdida de valor los inversores del mundo parecen estar convencidos de dos cosas: que Powell logrará bajar la inflación del posible 10% actual a la zona del 3% o 4% para 2023 y llevarlo otra vez al 2% en 2024. Pero sobre todo creen y están convencidos sin la mínima sombra de duda de que EE.UU. será una de las pocas naciones que no entrará en default y que pagará puntualmente todos los bonos que vaya vendiendo de aquí en más.

Así, mientras Powell ya elevó la tasa corta al 0,75%, las tasas largas de EE.UU. siguen subiendo: el viernes se pagó 3% anual por papeles a 5 años, 3,1% a 10 años y 3,2% a 30 años. Eso es mucho más que el 2% anual que paga el Banco de Inglaterra y muy por encima del 1,65% que paga Francia, el 1,4% que paga Holanda, el 1,1% que paga Alemania, el 0,96% anual que paga Suiza y ni que hablar si se compara con el 0,23% anual que paga Japón, que no sabe qué hacer para que su economía se reactive.

Sin hacerle caso a advertencias como las del Deutsche Bank, que estima que EE.UU. entrará en recesión en marzo de 2023, los inversores del mundo, atraídos por "tasas largas del 3% anual que serán pagadas", huyeron de todas las principales monedas del mundo y el dólar saltó en todas partes, pese a la inflación que está sufriendo la economía norteamericana. De hecho, la semana pasada el dólar saltó 2,1% en Brasil, 1,9% en Gran Bretaña, 1,6% en Suiza, 1% en Chile, 0,9% en China y 0,6% en Japón. El único que se defendió fue el euro, que ya cayó duramente contra el dólar, y que parece encaminarse a una paridad del 1 a 1, luego de llegarse a pagar casi US$ 1,6 por euro hace un año.

¿Cuál es la lectura que hacen todos estos millones de inversores? Hay un cúmulo de factores que se pueden tener en cuenta pero hay una verdad esencial que sobresale encima de la mesa a la hora de decidir en qué nido poner los huevos.

No sólo Estados Unidos está sufriendo una inflación alta, casi todos los países del mundo están sufriendo lo mismo. Pero hay una gran diferencia: por ahora la economía norteamericana sigue creando empleo, mientras que en la mayor parte de las naciones desarrolladas los puestos de trabajo están en retroceso, dejando cada vez más gente sin ingresos y en la total incertidumbre.

Por esta razón, si cualquier inversor mira con precisión lo que pasó en los últimos meses con la mayor parte de las monedas, termina refregándose los ojos. En Japón el dólar subió 26% de 103 a 130 yenes, en la Unión Europea subió 16% de 0,82 a 0,95 euros, en Gran Bretaña también subió 16% de 0,70 a 0,81 libras, en Brasil el dólar acaba de subir 10% de 4,60 a 5,08 reales y en Chile también hubo un salto del 10% de 777 a 858 chilenos. Incluso en la gigantesca China ocurrió lo mismo, donde el billete verde acaba de saltar 6%, al pasar de 6,30 a 6,67 yuanes.

Y en lo que va de mayo el dólar no solo levanta la cabeza contra las monedas principales, sino que también empieza a vencer la evolución de las materias primas. Este mes solo el petróleo y los granos suben en dólares: el barril de crudo avanza 6%, el girasol de Rosario trepa más del 10% y el trigo rosarino se eleva 3%. Pero el maíz del puerto de Santa Fe casi no se mueve y la soja baja 3% tanto en Rosario como en Chicago.

Y si hablamos de metales o de criptomonedas, el súper dólar manda todavía con mayor autoridad. En lo que va del mes el oro baja 0,7%, la onza de plata cede 1,8%, el cobre cae 3,3%, el níquel 3,7%, el aluminio se hunde 6,7% y el bitcoin y el resto de las criptomonedas directamente están sumergidas en un desplome absoluto, con un achicamiento en dólares que supera el 11%.

La estocada en las materias primas está impactando duramente en los principales índices bursátiles de todo el planeta. Sólo para dar un botón de muestra puede decirse que el índice tecnológico Nasdaq de la Bolsa de Nueva York bajó otro 1,5% la semana pasada, cae 25% en 6 meses y volvió a precios de hace un año y medio: o sea, todo se esfumó. Y ese indicador no es el último: la Bolsa de Shanghái cae 18% en seis meses y la bolsa de Hong Kong acumula una caída del 40% en 5 años, con los inversores aterrados de que Xi Jinping imite a Putin, tomando por la fuerza otros territorios vecinos, sumergiendo al mundo a las puertas de una posible Tercera Guerra Mundial.

En suma, los inversores parecen convencerse de que Wall Street se quedará sin liquidez, que eso sostendrá el valor del dólar y que la idea de Powell es llevar a la economía norteamericana a un aterrizaje suave, con posible estanflación, posible recesión, que será enfrentada otra vez repartiendo dólares como se hizo en 2020 si eso llega a ser necesario. Todas estas especulaciones general, esencialmente, aversión al riesgo, todos quieren meterse abajo de una sombrilla, y que los cascotes les caigan en la cabeza a los otros.

¿Qué está pasando en la Argentina en medio de este terremoto mundial? El país tiene un oficialismo que se muestra dividido (sin que nadie esté seguro de que esa pelea sea cierta). Alberto firmó un programa con el FMI, y en cuatro semanas viene la primera auditoría que sería superada. El rojo primario no estuvo tan mal en el primer trimestre, el BCRA aceleró el crawling peg, subió la tasa de interés y con idas y venidas los dólares financieros están aguantando bastante bien el embate.

Con una brecha cambiaria del 65% entre el dólar oficial y el blue y del 80% entre el contado con liquidación y el mayorista, el país está asistiendo a un momento de "súper peso". En los últimos seis meses el contado con liquidación y el dólar MEP no variaron ni un milímetro (valían y valen $208), el dólar blue tampoco se movió (valía y vale $201). Y lo particular del caso es que en todo ese período la inflación acumulada fue del 31%.

O sea, mientras hay superdólar en el mundo, en Argentina tenemos super peso gracias al acuerdo con el FMI. A pesar de que hay señales de fondo que intranquilizan notablemente a los inversores. La tasa de los plazos fijos sigue siendo 20 puntos negativa, los bonos siguen débiles, la Bolsa argentina cae fuerte en dólares y el riesgo país está otra vez arriba de 1.800 puntos básicos. Un incendio.

¿Por qué se está sosteniendo el peso? Este momento de debilidad en el dólar local obedece a algo que ocurre casi todos los años para esta época: estamos en el semestre de liquidación de granos, que finaliza en julio. Y la tranquilidad es mayor porque una entidad creíble como la Fundación Mediterránea acaba de estimar que se espera una cosecha de 22 M de toneladas (Tn) de trigo, 50 M de Tn de maíz y 43 M de Tn de soja, lo que significarán exportaciones por nada menos que US$ 43.000 millones.

¿Alcanzará eso para que después de julio no venga la inundación? Hay una variable que parece contestar esa pregunta. A pesar de esta notable liquidación del campo, el BCRA perdió la semana pasada US$ 196 millones en reservas, pierde US$ 1.512 millones desde que el Fondo nos tiró el salvavidas para que no entremos en default y se esfumaron US$ 4.000 millones en lo que va del año. Y ahora vienen los meses fríos, donde el Estado deberá hacerse cargo del gasto del gas, mientras los políticos están envueltos en sus ombligos, tratando de ver cómo se posicionan para las hipotéticas PASO.

Pero no solo las reservas sufren. El dolar mayorista fue subido 4% en los últimos 30 días, contra una inflación estimada en la zona del 6%. En los últimos 12 meses el dólar mayorista fue usado como ancla, ya que subió apenas 24%, con una inflación estimada actual en la zona del 54% actual, con un estimado del 67% para todo el año. O sea, los precios argentinos internacionales suben en dólares, el superávit comercial se está desintegrando, y esa es la única fuente genuina de divisas que nos queda.

Además hay otro problema. El financiamiento en pesos que busca Martín Guzmán no alcanzó en abril, y tuvo que aparecer el BCRA con más emisión. Y esta semana (martes, miércoles y jueves) mientras se hacen las audiencias para subir tarifas de gas y electricidad, se prepara una enorme marcha piquetera, que Alberto buscará eludir viajando al exterior, y con Cristina mostrándose más blanda, porque pedía gente en las calles, pero no tanta, y toda junta. Eso puede provocar efectos secundarios desconocidos, como otro 2001, otra asamblea legislativa, que la puede dejar fuera del poder.... y de los fueros. La pelea de martes, miércoles y jueves será encabezada por Guzmán, y los funcionarios que no se alinearon (el secretario de Energía Darío Martínez y el subsecretario Federico Basualdo no estarán presentes).

La situación no es para nada sencilla. En este momento, con pronóstico de recesión en EE.UU. y con este nivel de tensión adentro de Argentina, entre los inversores hay una pregunta central que por ahora sigue sin una respuesta demasiado certera: hay superdólar en el mundo y superpeso en Argentina, pero…¿cuánto durará todo eso?

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