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¿Por qué septiembre marcó un quiebre en las cuentas fiscales?

El resultado del mes pasado mostró un quiebre en la dinámica del gasto que complica el objetivo de consolidación fiscal

¿Por qué septiembre marcó un quiebre en las cuentas fiscales?
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En septiembre, el déficit primario fue de $135.972 millones y acumula en el año un resultado de 1,3% del PIB, si se excluyen en ambos casos los Derechos Especiales de Giro como transferencias corrientes. Con tres meses por delante, el 2021 muestra un desequilibrio fiscal sustancialmente menor al acumulado en igual periodo de 2020: 4,8% del PIB. Sin embargo, el resultado del mes pasado mostró un particular quiebre en la dinámica del gasto que complica el objetivo de consolidación fiscal que busca el Gobierno.

Por su parte, los ingresos mostraron ligeros cambios propios de la estacionalidad. Los impuestos ligados al comercio exterior pierden el protagonismo que supieron tener en el primer semestre en pos de aquellos tributos relacionados con la actividad, reafirmando el crecimiento de 1,1% que mostró el EMAE correspondiente a agosto. 

Aquellos impuestos provenientes de la Seguridad Social, si bien crecen por encima de la inflación, lo vienen haciendo por escaso margen. Es así que este reacomodamiento de los ingresos hace que crezcan a un ritmo menor al que lo vienen haciendo los gastos.

Gastos que, entrados en esta última parte del año, pueden descomponerse en tres partes: gasto “electoral”, gasto “flexible” y gasto “rígido”.

Gasto “electoral”

El resultado de las PASO dejó una lista de rumores que, de cumplirse, expandiría el gasto de 2021 en 0,5% del PIB. Sin embargo, con el pasar de los días los anuncios que llegaban mostraban costos fiscales lejanos a las primeras estimaciones. 

Recién en estas últimas semanas, la comunicación oficial del complemento de las Asignaciones Familiares que prácticamente duplicaría el monto asignado, junto al bono para los beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo (AUH), produjeron cambios más significativos en las estimaciones de déficit. 

De esta manera, los anuncios realizados hasta el momento representan una expansión de solo 0,3% del PIB, del cual la mitad se explica por las últimas dos medidas anunciadas. Luego de que el Poder Judicial suspendiera el pago del Programa “Más Cultura”, un bono para los jóvenes beneficiarios del Plan Progresar, por tener fines electorales, probablemente no hayan más anuncios hasta el 14 de noviembre.

Gasto “flexible”

Lo primero que se destaca es una desaceleración más abrupta del gasto en capital con respecto a lo que se preveía. La suba interanual de septiembre se ubicó en 61,9%, luego de haber promediado incrementos en el orden del 136,2% en lo que pasó del 2021. Algo similar ocurre con los subsidios, cuya suba se ubicó en 52,5% (vs. 100,7% promedio en la primera parte del año), con la salvedad de que una alta ejecución en septiembre de 2020 debido a pagos correspondiente a agosto del mismo año elevó la base de comparación. 

Gasto “rígido”

El quiebre en el gasto comentado en la primera parte se da en este cambio de sección, donde la reducción de la parte más “flexible” se da en favor de aquella más “rígida”. 

En cuanto a los salarios, la no recuperación del poder adquisitivo junto a la llegada de las elecciones generó un adelanto de los aumentos acordados por paritaria. De esta manera, las subas pautadas para fin de año/principio de 2022 se están efectuando durante estos meses. Específicamente, en septiembre los asalariados públicos gozaron de un aumento del 11% mensual, lo que redundó en que las partidas en remuneraciones alcanzaran una suba del 82,3%.

Del lado de las jubilaciones y pensiones, la baja interanualidad de la recaudación de la Seguridad Social y de los salarios está quedando atrás y con ello, la nueva fórmula de movilidad empieza a mostrar una suba que presiona al alza la mitad de las erogaciones del Sector Público. De esta manera, ya son seis meses consecutivos que aumenta la variación interanual de dicha partida con respecto al mes anterior.

Un primer vistazo al 2022

La nueva fórmula de movilidad aprobada en 2020 sentenció que las jubilaciones subieran acorde al movimiento pasado de los salarios y la recaudación de la Anses, en partes iguales. Es así que el gasto en jubilaciones debería verse como una curva “lageada” de sus determinantes. 

La desaceleración en la nominalidad de los salarios el año pasado y la consecuente caída en la recaudación de la Seguridad Social por caída en los ingresos formales (suspensiones y despidos) y también en el empleo registrado, es responsable del bajo aumento que hoy les corresponde a las jubilaciones. 

Sin embargo, la recuperación que hoy muestran ambas variables tendrá como consecuencia un mayor aumento de las prestaciones sociales tanto en su nominalidad como en la participación de estas partidas sobre el total del gasto del Estado. Es así, que el gasto en jubilaciones se encuentra próximo a tocar piso como porcentaje del PIB: específicamente 8,4% en 2021 para ascender a 8,9% en 2022. 

Con la necesidad de una consolidación fiscal enmarcada en un acuerdo con el FMI, la nominalidad que se acomoda en torno al 50% empieza a poner a prueba los escenarios de 2022. 
 

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