El Economista - 70 años
Versión digital

mar 05 Jul

BUE 10°C
Versión digital

mar 05 Jul

BUE 10°C
Expectativas

Un nuevo techo para la inflación en la zona de 80% mientras se pelean por los dólares de Pesce

Hay un “quién da más” en proyecciones de inflación y una puja creciente por los escasos dólares oficiales

Los analistas arrancaron el 2022 con proyecciones entre 50% y 60%. Hoy, 60% ya es el piso.
Los analistas arrancaron el 2022 con proyecciones entre 50% y 60%. Hoy, 60% ya es el piso. .
Leandro Gabin Leandro Gabin 20-05-2022
Compartir

El drama de la economía argentina sigue siendo el dólar y la inflación. Las expectativas están completamente desbordadas y ahora el deporte nacional es "quién da más". Las consultoras se pelean por estirar los pronósticos para 2022. El rango fue virando de "entre 50% y 60%" inicial a un piso de 60% y un techo (al menos hasta ahora) de 80%.

El último FocusEconomics publicado este semana mostró esa carrera: FIEL, por ejemplo, cree que el 2022 cerrará con un aumento de precios general para la economía del 82,5%. Es el líder indiscutido del podio de los más pesimistas. Pero no está tan solo. La consultora fundada por Mario Brodersohn (Econométrica) tiene 73% para este año. La que maneja Hernán Lacunza (Empiria) tiene 72% y Orlando Ferreres vaticina 71%, por citar algunas.

screenshot_1
FIEL picó en punta con más de 80% y ya hay varios que pasaron 70%

¿Puede ser aún peor? Para Fernando Marull, director de FMyA, quedan 4 anclas para que la inflación no se dispare aún más: el respaldo del acuerdo con FMI, la no devaluación del dólar oficial, gobernabilidad (PJ gobernando) y expectativa de cambio en 2023. Pero advierte que si hubiera alguna devaluación “one-shot”, "vamos rumbo al 100% de inflación con seguridad".

"Seguimos viéndolo poco probable porque el BCRA endurecería el cepo antes", acota.

Para Marull, lo que sí queda claro, es que el próximo Presidente heredará la mayor inflación desde la hiperinflación y ahí no va a quedar otra alternativa que algún plan de estabilización bajo el brazo.

La impericia y la falta de credibilidad de la política económica del Gobierno los condena a que las expectativas estén huérfanas de anclas. No alcanza con que Martín Guzmán hable con empresarios y les pida encarecidamente que los acompañen. Los hombres de negocios escuchan al ministro, a quien valoran porque la opción sería mucho peor, pero no están dispuestos a mayores compromisos. "Este Gobierno sólo puede aspirar a terminar su mandato y no mucho más", dijo, tajante, un empresario que suele reunirse en el despacho de Matías Kulfas.

En la city porteña también ven con pavor la situación económica y especialmente el drama de los precios. El gran temor es que el proceso inflacionario termine en una híper moderna, o al menos se le acerque. Gustavo Cañonero, el ex VP del Banco Central de "Toto" Caputo y Guido Sandleris, mostró su profunda preocupación por el panorama.

Ante clientes del banco CMF (Cañonero es hace un año director y portfolio manager de esa entidad), afirmó que el acuerdo con el FMI era una manifestación explícita de que la alta inflación seguía siendo el único mecanismo de ajuste fiscal. "Progresivamente perdemos el ancla nominal. No es para anticipar una híper, pero sí para mostrar que no hay que ignorar que, de a poco, estamos escalando el nivel de inflación. Y la pérdida de control es creciente con la inflación", sostuvo en su última presentación.  

El ex Deutsche en Nueva York remarcó que la aceleración del ritmo de devaluación tampoco colaboró con la contención de la inflación y por ser una medida aislada tampoco se trasladó en una mejora en el balance cambiario del Banco Central.

"Al problema de la inflación y falta de reservas se le sumó la creciente incertidumbre sobre la capacidad del fisco para mantener su financiamiento hasta las próximas elecciones. El riesgo de perder completamente el control nominal es progresivo y el no cumplimiento de las metas de junio constituyen un primer test", avisó Cañonero.  

El laberinto de los precios choca con la dinámica cambiaria que tampoco deja buenas noticias. En los últimos días el BCRA aceleró la compra de divisas que venía a media máquina. Se estima que acumula compras por US$ 750 millones en mayo. El mismo mes del año pasado eran más de US$ 1.100 millones. Los súper precios y la liquidación, que están estacionalmente en el momento clave, no son aprovechados por Miguel Pesce.

El banquero viene acelerando la devaluación porque se lo pide el Fondo y porque necesita captar los dólares comerciales. Pero a su vez hace malabares para frenar las importaciones sin destruir tanto la economía.

No es sencillo el esquema de almacenero que ostenta Pesce al permitir o prohibir el acceso a los dólares al sector privado. Le prende una vela a que pase el invierno y el país puede dejar de gastar dólares para comprar energía. En marzo se pagó US$ 1.300 millones para traer energía, US$ 1.000 millones más que hace un año atrás.

El efecto precio (por el alza mundial de todos los productos que importa Argentina) complica al BCRA y los empresarios del rubro, que no saben cómo hacerse de las divisas. El desabastecimiento es notable. En el sector importador dicen que el grueso de los dólares que le piden a Pesce es para abastecer a la industria nacional.

"El problema es que hoy todos competimos por los mismos dólares. Es imposible. Está claro qué sectores están peor. Claramente las autopartes están muy complicadas, en estado crítico. Y la respuesta del Central es que veamos cómo financiarnos con proveedores del exterior. Eso es inviable", destacan. Si bien crecen las importaciones lo hacen por efecto precio, no por cantidad, dicen en el sector.

El temor es que el segundo semestre, cuando ni siquiera estén los dólares comerciales, el BCRA tenga que devaluar más (para frenar la demanda) o endurecer el cepo. Pero eso es el largo plazo en Argentina.

 

Lee también

Seguí leyendo

Enterate primero

Economía + las noticias de Argentina y del mundo en tu correo

Indica tus temas de interés