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Temen una segunda fase de la crisis: de la tensión financiera al “chispazo” que encienda la calle

A las medidas aisladas que lanza Batakis se suma un diagnóstico que no asume la inmediatez de la crisis. El abanderado del “plan aguantar” es el Banco Central.

Si las chances de revertir la crisis con la política son limitadas, hacerlo con política económica también.
Si las chances de revertir la crisis con la política son limitadas, hacerlo con política económica también. Archivo.
Leandro Gabin Leandro Gabin 22-07-2022
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La dinámica de la crisis, con los dólares lanzados al infinito, curiosamente no es lo que más le preocupa a la política por estas horas. Silvina Batakis, que a diferencia de Martín Guzmán suele mostrar un notable sincericidio ante sus interlocutores, intenta hacer malabares dando alguna señal que calme la huida de los inversores en pesos. Salen fondos que estaban en moneda local a resguardarse en activos dolarizados a cómo dé lugar. Pero los anuncios son esporádicos y confusos, y poco ayudan para calmar la dinámica.

De cualquier forma, la crisis excede a Batakis.

"Tiene mucha predisposición y está dispuesta a escuchar ideas. Pregunta. Eso es sano. El problema es al final de cuentas, político. Lo que sea que haga no cuenta con credibilidad porque este Gobierno ya está terminado para el mercado. Más que si explota todo o no, me preocupa la cuestión social y si empezaremos a ver violencia en la calle", decía un experimentado financista local con fuertes lazos con el Frente de Todos.

“El Gobierno no quiere o no sabe cómo hacer lo que hay que hacer y eso tiene un costo”, advierte.

El estallido del dólar en torno a los $340 presagia otro estallido en los precios de la economía y por ende, un agravamiento de la cuestión social. Juan Grabois, que juega su propio partido, dijo lo que muchos temen dentro del kirchnerismo más duro: que ante la ceguera de Alberto Fernández para encarar la crisis, se va a complicar cada vez más la calle. El dirigente social, que tiene línea directa con Cristina, habló de "saqueos" y "sangre en la calle". 

La complejidad de la situación es conocida por Axel Kicillof que, a su modo, fue el primero en pedir un pacto con la oposición. El ministro tiene advertencias de varios de los intendentes sobre lo endeble del drama social en el Conurbano. "Estamos a una chispa de que se prenda fuego. Si no hacemos algo corremos ese riesgo. Y cuando empieza el fuego no sabés cuánto se extiende", explican. 

El supuesto llamado a la oposición tiene cero chances de prosperar. Horacio Rodríguez Larreta, una "paloma" en Juntos por el Cambio, salió a bajarle la posibilidad de que ocurra. Dijo lo obvio: que arreglen la interna del oficialismo y después lo llamen. Pero en la oposición no todos son tan "amables".

Los "halcones" del Pro ven una especie de revancha de la crisis que vivieron en 2019 y que, el Frente de Todos, no acompañó. "No quisieron siquiera laburar en la transición. Apostaron a 'entre peor, mejor'. Ahora que se jodan. Que se arreglen como puedan", disparó un referente de este espacio dentro de Juntos por el Cambio. 

Si las chances de revertir la crisis con la política son limitadas, hacerlo con política económica también. A las medidas aisladas que lanza Batakis se suma un diagnóstico que no asume la inmediatez de la crisis. El abanderado del “plan aguantar” es el Banco Central, donde descansa el último funcionario de confianza de Alberto, Miguel Pesce. El vicepresidente segundo, el exredradista Jorge Carrera, dijo claramente -y en medio de la corrida contra el peso- cuál es el diagnóstico oficial. 

"Esto es una crisis financiera, pero hemos tenido esto en distintas décadas. Sin embargo, vemos que la economía está creciendo. La parte real está funcionando bien, peor está la percepción de la tranquilidad financiera. Hay que transmitir la tranquilidad de que estructuralmente la economía está bien, la idea es tomar medidas pero que no afecten la economía real y podamos controlar la cuestión financiera", dijo en FM Milenium.

El funcionario, que suele ser la cara visible del banco antes inversores, es de los que cree que hay que aguantar hasta septiembre cuando no haya que pagar tantos buques para importar gas con tal de evitar medidas más drásticas como una devaluación. "Una devaluación tiene una gran cantidad de costos y los beneficios para ellos (los exportadores) no sé si ameritan cargárselos a una sociedad", dijo.

Carrera tampoco ve que el salto del dólar blue o el Contado Con Liqui tengan que ver con los obvios desequilibrios de la economía. "El dólar que tiene que ver con la economía real no es el blue", dice.

El negacionismo de Carrera y del Banco Central en general, que va de parche en parche para que no se le escurran los pocos dólares que le quedan, marca el ritmo de reacción oficial. Si el problema es coyuntural, tan sólo hay que “aguantar”.

Pero lo cierto es que el tipo de cambio oficial es una ficción para una economía que piensa con otro valor del dólar. Un informe de MegaQM advierte que es cada vez más complejo evitar que se siga atrasando el tipo de cambio real. "Si se cumple la aceleración inflacionaria de julio y luego se logra ingresar en un sendero gradualmente descendente, se necesita un ritmo de depreciación mínimo del 4,6% mensual para evitar que se siga deteriorando el tipo de cambio real multilateral”, advierten.

Siempre asumiendo que el dólar no se sigue fortaleciendo. Si, en cambio, se busca recuperar los casi 10 puntos de competitividad cambiaria que se perdieron en el año, “el ritmo promedio debería ascender a 6,4% mensual”.

“El problema es que la inflación elevada hace necesarios niveles de nominalidad cada vez más difíciles de sostener", dice.

El Gobierno apuesta a medidas aisladas y trata de aguantar. Las negociaciones con los sojeros para que liquiden están empantanadas. Los dólares no lleguen y septiembre/octubre es una eternidad. Alberto imagina, si es que finalmente se da la bilateral con Joe Biden, ahora contagiado de Covid, pedirle a Estados Unidos que destrabe los casi US$ 1.000 millones que están frenados de organismos internacionales como el BID y Banco Mundial.

En el mejor de los casos esos dólares no llegarán mañana y la velocidad de la crisis no los esperará

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