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¿Qué tan factible es cumplir la meta fiscal de 2023?
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¿Qué tan factible es cumplir la meta fiscal de 2023?

Pareciera que cualquier escenario en el que el resultado fiscal queda lejos de la meta sería disruptivo. De un lado y del otro, hay factores para que el resultado converja a la zona del 1,9% del PIB y se mantenga, aunque sea mínimamente, el camino de consolidación fiscal.

Lucio Garay Méndez 06 marzo de 2023

Una de las condiciones necesarias para estabilizar la economía es reducir el déficit fiscal. La cantidad de pesos que se necesitan para financiar al Tesoro sigue aumentando el stock de deuda pública y más importante, sigue necesitando de una emisión de pesos que complica el resto de las variables macroeconómicas -inflación, dólar y agregados monetarios-.

En el marco del acuerdo con el Fondo, el Tesoro viene reduciendo el desbalance fiscal que al último dato disponible ya se ubica en 2,4% del PIB. 

  • Sin embargo, ¿es posible seguir bajando el déficit en 2023? 
  • ¿Qué factores ayudan al cumplimiento de la meta de 1,9% del PIB? 
  • ¿Puede el año electoral complicar la meta fiscal?

La recaudación tributaria está pinchada

Si, por más que los impuestos ligados a la actividad y a la seguridad social crezcan en términos reales, el retraso de las ventas de oleaginosas y cereales por la sequía y el adelantamiento de ventas de diciembre pasado del dólar soja afectaron fuertemente los tributos provenientes del comercio exterior.

Los Derechos de Exportación ya no ingresan de manera suavizada, sino que hacen un aporte extraordinario los meses con dólar soja, afectando el rubro comercio exterior en todos los meses restantes. No solo las reservas piden por una nueva ronda del tipo diferencial para la soja, el fisco también lo necesita. Por encima de esto, la sequía afectó gravemente la temporada 2022/2023, reduciendo la base imponible y los ingresos fiscales proyectados para este 2023.

Por si fuese poco, la distribución de las escasas divisas también golpea las importaciones y por ende, los impuestos ligados a ella. El inminente cambio en la meta de reservas reduciría el impacto negativo en la actividad y en las importaciones y esto daría un respiro a los ingresos del fisco.

La nominalidad esconde la caída de la actividad y sigue traccionando la recaudación -IVA DGI creció en febrero 138%-. A su vez, los aportes y contribuciones a la Seguridad Social siguen aumentando apenas por encima de la inflación con un empleo registrado que sigue incrementándose a un ritmo del 4% interanual.

Si el crecimiento de estos últimos siguen sin compensar el aporte negativo de los impuestos ligados al comercio exterior, entonces se complica el panorama fiscal y esto exige una mayor desaceleración en la ejecución de los gastos.

¿Es tan preocupante el resultado fiscal de enero?

No, el resultado base caja de enero escondía deuda vieja. La historia comienza en diciembre, mes que estacionalmente conlleva muchos gastos y por si fuese poco, el ruido que hubo en el mercados de pesos implicó que el mercado le prestase menos dinero al Tesoro en un mes donde los necesitaba. Sobre esto último, fueron otros organismos intra-sector público que salieron al rescate -BCRA, ANSES y BNA, principalmente- que le dieron a Finanzas un margen de financiamiento neto positivo para financiar aguinaldos y prestaciones sociales.

Sin embargo, la escaza caja disponible y la meta nominal con el Fondo limitaron mayores erogaciones, lo que resultó en un aumento de la deuda flotante por aproximadamente $500.000 millones -gastos que se devengaron, pero no se pagaron-. Gran parte del resultado de enero es producto de ese movimiento fiscal. En el primer mes del 2023 hay una corrección y se confirma a través de dos datos. 

Según la OPC, la Administración Nacional tuvo un superávit fiscal base devengado de $300.000 millones -una diferencia de $500.000 millones con el resultado base caja que publicó la Secretaría de Hacienda-. 

A su vez, la Tesorería General de la Nación publicó que se redujo la deuda flotante a valores más cercanos a los de noviembre, es decir, se regularizaron gran parte de estos atrasos en los pagos que correspondían a diciembre.

Cuando se analizan los datos del lado del gasto considerando esto, no hay tal aceleración en el gasto (por ahora). Mismo si se toma el acumulado del gasto en los últimos 12 meses, el dato suma 20,2% del PIB, 1 p.p. menos que hace seis meses, previo a la llegada de Sergio Massa. 

El ajuste en el gasto sigue, sobre todo en jubilaciones y pensiones y también en subsidios, que juntos explican un 80% en el recorte del gasto. Este recorte se da principalmente por una aceleración en la inflación mientras la fórmula de movilidad ajusta las prestaciones por una inflación que ya queda vieja, la ausencia de bonos extraordinarios como se dieron en la gestión de Guzmán y la falta de pago a las entidades energéticas.  

¿Cómo sigue el año?

En resumen, hay una lista de fuerzas se contraponen e impactan sobre el resultado fiscal de manera contraria. Elementos que presionan por un mayor déficit -tributos ligados al comercio exterior que no aportan, deuda energética que se debería pagar- y factores que ayudan al cumplimiento de la meta -aceleración en la inflación que licua los gastos, aumento en los precios regulados y su consecuente caída en los subsidios-.

Sin embargo, hay dos factores claves y contrapuestos que determinarán el resultado fiscal del 2023. El primero de ellos y el que presiona por un resultado más negativo, es que transitamos un año electoral. 

Por si fuese poco, la caída en la actividad y la aceleración en la inflación suman más razones para que este año el Gobierno otorgue mayores bonos, mejores aumentos salariales para la nómina estatal, una pausa en la actualización de las tarifas públicas -y por ende mayores subsidios-. 

Ya vimos hace unas semanas la ampliación de la cobertura de las Asignaciones Familiares para todos aquellas familias cuyos ingresos no tributen el impuesto a las ganancias, probablemente eso haya sido solo el comienzo.

Por el contrario, el factor clave que contribuye positivamente al resultado fiscal de este año es la falta de financiamiento del mismo. Incluso de concretarse el canje que posponga el grueso de los vencimientos de este año, generando estabilidad en el corto plazo; el mercado ya no absorbe más títulos públicos como lo hacía antes por lo que el Tesoro no tendría forma de conseguir más pesos para financiar ese gasto extra. 

Es verdad que tiene dos salidas, más deuda intra-sector público o emisión del Banco Central. Lo primero tiene un límite ya que hace tiempo que el BCRA, ANSES y el BNA vienen siendo los principales participantes en las licitaciones de Finanzas. Lo segundo también ya que puede desestabilizar el mercado de pesos, puede acelerar aún más la inflación y/o disparar la brecha cambiaria. 

Todavía es temprano y de acá a diciembre pueden pasar muchas cosas. Hoy pareciera que cualquier escenario en el que el resultado fiscal queda lejos de la meta sea disruptivo. De un lado y del otro, hay factores para que el resultado converja a la zona del 1,9% del PIB y se mantenga, aunque sea mínimamente, el camino de consolidación fiscal. 

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