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Los expertos analizan la campaña presidencial

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Por Alejandro Radonjic

Cuarenta y cinco días nos separan de las PASO del 11 de agosto. Estamos en la (extensa) recta final. El último curvón quedó detrás y ya nadie puede pasar por boxes. Los candidatos están definidos y la política, no sin antes haberse contorsionado hasta límites insospechados, alineó su oferta con una ingeniería que confundió a todos y decepcionó a varios. La realpolitik nunca fue para los puristas.

Como dice el politólogo Agustín Prinetti, “la política parece estar mirando mucho más hacia adentro de sí misma que hacia afuera” y “la dirigencia ha vuelto a mirar al círculo rojo antes que al electorado”. No es un problema insalvable en la era de la política polarizada de los convencidos. “Ahora la gente cambia sus preferencias según la estrategia del partido”, agregó Prinetti en Infobae. Ejemplos sobran. Por caso, Miguel Angel Pichetto hoy es un estadista, según la óptica cambiemita y, semanas atrás, era el oscuro garante de la impunidad de Cristina Kirchner. Datos, no opinión. Con Alberto Fernández, pasó algo similar.

Coincide Jorge Imhof, director de iLatina Agency ante El Economista: “Nunca, como en este cierre de alianzas y listas, la política se ha mostrado tan desnuda, tan transparente y tan distante ante sus ciudadanos”. La polarización y los convencidos habilitas esas jugadas. “Los más fervorosos, de un lado y del otro, alimentan el juego, justificando todo para poder justificar sus posiciones mientras el resto de la sociedad se siente cada vez más huérfana”, dice Imhof. La tercera vía tenía oxígeno y receptividad, pero sobraban egos.

Fernández y Pichetto ratifican la mirada endogámica de la política con el círculo rojo: sus impactos electorales fueron minúsculos y están lejos de ser un soplo de aire fresco en una política con recurrentes problemas de oxigenación (ambos son bichos políticos de larga data con baja ponderación social), pero sus designaciones (sorpresivas las dos) fueron mensajes a los factores de poder. Moderación y diálogo, virtudes “nestoristas” que se perdieron en los malos últimos años del extinto FpV, en el campamento Nac & Pop mientras que, en el oficialismo, el mensaje es gobernabilidad con reformas.

Volvió la política

Tanto la “política descafeinada”, expresión de Juan Carlos Torre para describir la cultura política amarilla, más afecta a las mañanas y el H2O, ya no corre más. Igual suerte tuvo el frustrado “sueño obamista” (Ignacio Fidanza dixit), ese que idearon Marcos Peña y Jaime Durán Barba para conectar con “la gente” sin pasar por la mediación de la política tradicional (y funcionó bien en 2017) ni contar con pata peronista. Ambos son parte de un pasado remoto. Hoy, el café es el brebaje del momento y Donald Trump está en la Casa Blanca. Pasaron cosas y los desafíos de 2020 invitan a tener más apoyos clásicos. El visionario Emilio Monzó lo venía reclamando. Aunque la política no fue grata con él, la realidad le dio una venia póstuma.

La carrera

El punto de entrada a la recta final muestra a las fuerzas parejas, en una suerte de clinch, con cierta ventaja de los Fernández, pero lejos de cualquier desenlace ineluctable.

Las sorpresas de Alberto y Miguel Angel no cambiaron los grandes números, pero pueden incidir en el mensaje proselitista de cada espacio. La conversación recién arranca y los ingredientes sobre la mesa no sólo son las variables “duras”: inflación, dólar, precios y nivel de actividad. La economía y el voto-bolsillo son determinantes, pero no son todo. “Las campañas también importan”, dice el politólogo Lucio Guberman. Ambos espacios deberán trabajar duro porque sus prontuarios son conocidos. Para seducir a esos 15-20 puntos de votantes flotantes deberán convencer que cambiaron, o pueden hacerlo, para superarse y mejorar el magullado presente del país.

Lucio Guberman

“En ambos espacios hay un movimiento hacia el centro”, dice Guberman. “No es lo mismo el PRO puro, con Gabriela Michetti nuevamente ni es lo mismo Cristina con Alberto como candidato a Presidente”, agrega. “La carta del peronismo debe ser que el modelo de Macri es uno de exclusión. No deben discutir las formas sino el fondo que, insisto, debe ser el modelo excluyente. Debe conectar emocionalmente con eso y generar la necesidad e idea de que va remontar el país como hizo allá por 2003”, señala y amplía que “no le puede regalar a Cambiemos ningún grado de peronización”.

Por otro lado, Guberman dice: “Cambiemos debe decir que no hay margen para hacer otra cosa con la economía y que las medidas que se tomaron fueron una respuesta a la herencia del kirchnerismo. Además, cancelando esa opción, debe agregar que el kirchnerismo es autoritario porque, en la batalla de formas y estilo, gana Cambiemos”.

Jorge Imhof

“Ahora, como si nada hubiera pasado, comenzará la guerra de las emociones, que no es ni más ni menos que la puja por la preferencia de los ciudadanos y, para ello, habrá que interpretar y conectar con sus emociones. Juntos por el Cambio enfrentará el difícil desafío de encarnar al futuro desde este presente y el Frente de Todos deberá demostrar que cambió, fundamentalmente en sus formas. Para los primeros, se les acabó el largo del tiempo del contraste, que ya no tiene la misma fuerza y tendrán que ponerse, además, ellos mismos en valor para poder seducir a los que no quieren al kirchnerismo. Los cucos ya no asustan tanto y el tiempo no sé si alcanza para crear príncipes. Deberán crear un horizonte de sentido convincente y estimulante, tarea ambiciosa en este contexto y con los tiempos disponibles, pero necesaria si quieren alcanzar el objetivo”, agrega Imhof.

El punto de entrada a la recta final muestra a las fuerzas parejas, en una suerte de clinch, con cierta ventaja de los Fernández.

“Para los segundos, desde el mismo parecer, la tarea consistirá en hacer creíble ese cambio, esa renovación, ese paso de lo sectario a la inclusión, de la confrontación a la invitación. Un cambio profundo de tono, caras y modos, que parece sumamente complejo teniendo en cuenta el punto de partida y los tiempos, pero que en sus primeros metros se ve bien encaminado”, señala el hombre de iLatina Agency.

María Esperanza Casullo

Se suma a la conversación María Esperanza Casullo, autora de “¿Por qué funciona el populismo?” (Siglo XXI: 2018). “El Frente de Todos apuesta a movilizar el voto sobre todo en función de la situación económica mientras que el macrismo apuesta al miedo del retorno del kirchnerismo”, dice Casullo.

Sin embargo, agrega la doctora en ciencia política, hay diferencias también a nivel de valores y sentimientos. “No recuerdo una campaña tan diferenciada en las imágenes y los aspiracionales. El Frente de Todos presenta una narrativa de inclusión, solidaridad, revalorización de lo nacional, el guardapolvo blanco y los y las científicas. En ese sentido, es una narrativa con fuertes tintes del Siglo XX y una apuesta a ciertas imágenes de lo público que muchos decretaron superadas por los valores de lo privado y lo aspiracional”, argumenta ante El Economista.

Sobre el oficialismo, señala. “Es la primera campaña que recuerde en donde un gobierno en ejercicio no recurre prácticamente a imágenes o valores positivos. Es una campaña casi totalmente negativa y antagonista, como quedó en claro en la visita de Macri a Rosario. Es un discurso de partido de oposición, pero siendo gobierno. La segunda es que esta estrategia marca un quiebre total con la 'marca Cambiemos' que desarrolló Durán Barba en 2015. Esta fue alegría, perritos, familia, colores, cercanía con la gente. La marca ahora es dureza y antagonismo: publicidades casi sin gente, tonos azulados y metálicos, Macri siempre de traje y discurso de denuncia”.

Gonzalo Sarasqueta

También hace su aporte Gonzalo Sarasqueta, docente e investigador de la UCA. “El relato de Juntos por el Cambio va a tener que estar sustentado en el enfoque instrumental de la democracia, es decir, las formas. La dicotomía República versus autoritarismo parece ser el guión escogido por la Casa Rosada. Si predomina o no ese encuadre en la campaña, dependerá básicamente de tres variables: la capacidad del Gobierno para imponer una imagen vinculada al diálogo, la libertad de expresión y el respeto a las instituciones”, dice Sarasqueta. Los sincericidios del kirchnerismo (menciona la “CONADEP para los periodistas”, “abolición del Poder Judicial”, “revisión de las causas de corrupción”, “libertad a los políticos presos”) ayudan a ese mensaje.

“La crisis económica obliga al Gobierno a desplegar una campaña de escaso contacto físico”, dice Sarasqueta.

A la vez, agrega: “La crisis económica los obliga a desplegar una campaña de escaso contacto físico. Habrá contados timbreos, recorridas barriales y actos masivos. El WhatsApp, como en la última campaña de Brasil, será importante. En esa plataforma, principalmente, el oficialismo librará la batalla por el sentido social. Los objetivos serán tres: recuperar al votante desencantado, magnetizar mediante la teoría del voto útil a los simpatizantes de Roberto Lavagna y José L. Espert y reforzar los prejuicios del votante antikirchnerista”, dice y detalla. “Circularán contenidos de dos tipos: inventarial (repaso puro y duro de todas las obras, medidas y logros) y negativo (focalizado en el 'cristinismo'). Facebook e Instagram también serán cruciales. El primero para dar el debate político- cultural y, el segundo, para mostrar la coherencia entre la esfera pública y la esfera privada de los candidatos”, amplía ante El Economista.

En el campamento albertista, “el relato deberá concentrarse en la democracia sustantiva, es decir, el bienestar de la mayoría”. Así, la trama “caos versus progreso” parece ser la elegida por el Instituto Patria y, dice Sarasqueta, “el 2001 es el espectro a agitar”. Allí, la figura de Alberto gana volumen y coherencia. “Como dijo en el acto de Merlo, él sabe cómo salir del 'laberinto', ya lo hizo una vez Néstor Kirchner y ahora lo hará con Cristina. Frente a la incapacidad, la insensibilidad y la mala praxis de este Gobierno, la fórmula Fernández- Fernández proyectará un discurso sustentada en la experiencia, la sensibilidad social y el sentido común”, señala.

Sobre las formas, y en sentido contrario al macrismo, los Fernández deberían apostar por el cara a cara. “Capitalizar esa distancia obligada que, a raíz de la crisis, establecerá el Gobierno con el ciudadano. Frente a la angustia, el miedo y la desazón que imperan, el contacto físico será imprescindible para devolverles la esperanza, las certezas y el futuro a la clase media, a los trabajadores y a los desempleados, los tres sujetos discursivos del kirchnerismo”, expresa. Por último, concluye: “Las redes sociales deberán amplificar ese mensaje de cercanía y, además, producir mensajes ?creativos, emocionales e interactivos? que hagan hincapié en la reactivación económica, la generación de empleo y la defensa de la industria nacional mientras que el escaso espacio que tengan en los medios de comunicación deberá ser ocupado por sus líderes de opinión para atacar la gestión económica del Gobierno”.

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