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"El canje de deuda solo patea el problema para adelante, pero era absolutamente necesario hoy"

Kalos explica que cuando uno tiene vencimientos de deuda tiene tres opciones: pagar esa deuda, refinanciarla o defaulterla.

El economista y director de EPyCa Consultores, Martín Kalos
El economista y director de EPyCa Consultores, Martín Kalos
Ludmila Di Grande 12 marzo de 2023

Con pocas opciones y capacidad de maniobra frente a un año electoral, el economista y director de EPyCa Consultores, Martín Kalos, analizó, en diálogo con El Economista, los principales desafíos del Gobierno para este 2023 en materia económica.

La incertidumbre política marca agenda y con canje de deuda y renegociaciones mediante, la inflación, el crecimiento y el dólar serán los ejes claves que podrían inclinar la balanza electoral.

¿Cuál es su mirada respecto del canje de deuda que llevó a cabo el Gobierno?

El canje de deuda era absolutamente necesario. Cuando uno tiene vencimientos de deuda tiene tres opciones: pagar esa deuda, refinanciarla o defaulterla. El pago de esa deuda en el contexto argentino, en el cual no hay un financiamiento a través de canales de crédito, implicaba emitir. Si se hubiese querido pagar todo lo que vencía, se habría tenido que emitir una base y media monetaria más de la actual, lo cual suponía efectos sumamente perjudiciales en términos de aceleración nominal de la economía. Eso iba a arrastrar la tasa de interés y reducir los salarios reales. Respecto a la opción de un default, es cierto que en el corto plazo te elimina el problema del pago inmediato pero después, para todo lo que haya que financiarse a futuro, no hay acceso a ningún tipo de crédito. Entonces habría que emitir para financiarlo. A esto se suma el impacto negativo que tiene el default en sí mismo. Así, la única opción, en definitiva, más o menos viable es refinanciar la deuda. La forma de refinanciación, en este caso, era encontrando lo que el mercado exigía para renegociar. Eso implicó la entrega por parte del Gobierno de bonos duales, bonos atados a la inflación y a las devaluaciones futuras, asegurando a los acreedores que se les va a pagar sin licuar la deuda. Este canje lo único que hace es patear el problema para adelante pero se gana tiempo para intentar solucionar el problema de fondo de la economía argentina, es decir, el estancamiento, la aceleración nominal y la crisis perpetua en la cual está el país hace más de una década. En este sentido, se espera que, para cuando haya que afrontar los vencimientos dentro de un año o dos, haya más opciones y más recursos. Este canje es correcto. No se podría haber hecho otra cosa.

Entonces, ¿por qué la oposición criticó la iniciativa?

Las críticas a los instrumentos que se usaron hay que entenderlas desde la campaña electoral proselitista porque en términos técnicos, no hay ningún sustento para decir que había una opción mejor y de hecho, no la propusieron. Esto no significa que con este canje de deuda se resuelva el problema, al contrario, el problema sigue ahí pero se gana tiempo para intentar solucionarlo. Para ello se requieren medidas de fondo, una política económica consensuada y consistente en el corto, mediano y largo plazo para salir de la crisis y retornar a un sendero de crecimiento y desarrollo. Pero aún no hay medidas para ello porque probablemente se requiera el poder que puede tener el próximo gobierno electo.

¿Cuáles son sus proyecciones de inflación y cómo cree que evolucionará a lo largo del año en el marco de Precios Justos? ¿Qué factores podrían influir en su aceleración o desaceleración?

La inflación se va a mantener acelerada y no hay motivos todavía para pensar que se vaya a desacelerar. Ha habido una contracción monetaria en el último año pero partiendo de una expansión previa, moderando así la de los años previos, de 2019 con Mauricio Macri a 2021. Esto, en conjunto con la inercia que se viene generando, obviamente por la renegociación de contratos, paritarias y todas las indexaciones que hay en distintas variables, hacen que haya un piso alto para la inflación y el escenario más probable es que se ubique en torno al 100%, guarismo alrededor del cual estamos oscilando en estos meses. Otras políticas que se llevaron adelante, como los acuerdos de precios (Precios Justos y Precios Cuidados), no tienen un impacto en la velocidad de la inflación sino que ayudan a fijar precios de referencia en algunos productos puntuales, siempre y cuando no se genere un desabastecimiento. Pero por sí solas no son políticas antiinflacionarias. Podrían serlo si hubiera una política más integral y fueran parte de ella.  

¿Cuáles son sus proyecciones respecto al crecimiento y qué factores serán determinantes?

Este año el crecimiento va a ser bastante anémico, por no decir que vamos a tener un estancamiento relativo. Puede haber algún crecimiento mínimo, de punta a punta, del PIB probablemente por una expansión fiscal y un incentivo a los ingresos y al consumo de los hogares a partir de la dinámica preelectoral. Pero en el conjunto del año, las exportaciones van a verse reducidas en volúmenes por la sequía y a su vez, por las restricciones a las importaciones que le pone un límite a la producción nacional. En tanto, la inversión es un punto difícil de predecir porque no hay grandes inversiones productivas en Argentina salvo en sectores muy puntuales como ahora el energético o el minero. Los controles cambiarios que impiden la salida de capitales o la remisión de ganancias a las casas matrices de las multinacionales que operan en el país, pueden generar una reinversión forzada como ha sucedido en los últimos años. Con todo este set de variables, se ve un estancamiento económico o un crecimiento muy lánguido que apenas va a alcanzar para compensar el arrastre estadístico negativo del 2022.

¿Cuáles son los principales desafíos de la actual gestión para este año?

Los desafíos de esta gestión a esta altura son como transitar un año electoral en un contexto de continuidad de la crisis ya que si bien los últimos dos años han sido de recuperación económica y todavía 2023 puede marcar un leve crecimiento, lo cierto es que el horizonte se ve muy complicado. No hay perspectivas de un crecimiento a futuro. Por otro lado, hay dudas sobre cuál va a ser la política económica del próximo gobierno y además hay mucha incertidumbre respecto a quien lo va a encabezar. Hoy en día, no solo no sabemos qué coalición electoral será la que gobierne a partir de diciembre de 2023 sino que también, al interior de cada una, hay diferencias muy importantes entre los candidatos.

¿Qué consecuencias genera esta incertidumbre? 

Esta limita la decisión de inversión de producción y de gastos e ingresos de las familias. La toma de cobertura frente a los riesgos que se perciban es un gran problema y  va a generar seguramente zozobras en los tipos de cambios paralelos. Ahora, si se considera el mecanismo de recompra de deuda que tiene abierto el ministro de Economía (Sergio Massa), se podrían intervenir los dólares paralelos si se consiguen los fondos para hacerlo, Pero eso no quita que pueda haber volatilidad, sobre todo en los meses previos a las elecciones. De este modo, estamos frente a un 2023 muy signado por las elecciones, por cómo vayan despejándose las dudas que hay respecto a estas y por sus resultados. Va a ser un año donde va a haber que gestionar muchos momentos que, si no se los aborda correctamente, pueden resultar críticos.

 

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