El BIS se juega por las CBDC, ¿y la Fed por las stablecoins?

A nivel mundial, cada vez se analiza más la posibilidad de generar CDBC (Dinero Digital de Bancos Centrales) y las stablecoins.

30 de junio, 2021

El BIS se juega por las CBDC, ¿y la Fed por las stablecoins?

Por Gonzalo Martínez Mosquera

CBDC (Dinero Digital de Bancos Centrales, por sus siglas en inglés) son un concepto al que le llegó su momento”.

Así lo definió Hyun Song Shin, a cargo de investigaciones del BIS (Bank of International Settlements o Banco de Pagos Internacionales). Lo hizo a través de un comunicado de prensa que emitieron la semana pasada para presentar el reporte económico anual cuya tercera sección se denominó “CBDC, una oportunidad para el sistema monetario”.

Tan cierto es que les ha llegado su momento que el MAS (Autoridad Monetaria de Singapur, por sus siglas en Inglés) se asoció esta semana con el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco de Desarrollo de Asia y otros para lanzar la competencia “CBDC Global”.

La misma pretende evaluar soluciones que hagan llegar la moneda digital del banco central al usuario minorista.

Como el lector de esta columna ya sabe, las CBDC son algo así como una versión digital del cash que permitirá a los usuarios finales tener su cuenta bancaria directamente en el banco central, sin la necesidad de acudir a una entidad bancaria comercial.

En realidad más que saltear a los bancos lo que hace es abrirles el juego a otros participantes que podrán guardar dinero de sus depositantes con respaldo directo de la autoridad monetaria.

Justamente, el BIS se definió a favor de un sistema de dos niveles en el cual los bancos y otros serán los proveedores del sistema de pago y tendrán en su activo el pasivo del banco central.

Por otra parte, aseguró que lo más recomendable es que se utilicen cuentas basadas en identidad digital que ofrezcan la posibilidad de resguardar la privacidad del usuario y que protejan contra actividades ilegales. Para estas últimas la mejor alternativa seguirá siendo el efectivo papel, que seguiría circulando en caso que tuviera demanda.

Por su parte, Benoît Cœuré, que lidera el hub de innovación en el BIS, explicó que cuando se analiza las CBDC hay que tomar en cuenta la posibilidad de que las Big Tech (las grandes empresas tecnológicas) se involucren cada vez más en los sistemas de pago y de servicios financieros.

Además resaltó la importancia de evitar que haya concentración en los sistemas de pagos dado que permitirían una gran acumulación de datos personales de comportamiento.

Por su lado, Martin Sandbu, un comentarista económico del Financial Times, escribió al día siguiente un artículo muy interesante denominado “La llegada de las monedas digitales se está acercando”.

En él, sostiene que hay un problema potencial de las CBDC que el BIS no responde con claridad; la posibilidad de que los bancos comerciales se vuelvan obsoletos.

En su artículo explica que el BIS sostiene que los bancos deberían tener “miedo, mucho miedo de lo que está por golpearlos desde las Big Tech” pero que ese riesgo podría ser prevenido poniendo un tope a las tenencias de CBDC o pagando una tasa baja sobre las mismas (o una combinación de ambas).

Según Sandbu, esas respuestas no son satisfactorias dado que en un caso de corrida bancaria hacia CBDC no habría tasa que pudiera prevenirla. Es un riesgo que muchos papers al respecto presentan y que debe ser atendido.

Dentro del comunicado de prensa del BIS se menciona, además, el Proyecto Helvetia que “demostró la factibilidad de integrar activos tokenizados con la CBDC”.

Es una característica fundamental del dinero digital. La posibilidad de relacionarse con otros activos digitales para poder tener un mundo del valor programable. Es allí donde las blockchains empiezan a cobrar mayor sentido.

La autoridad monetaria suministraría APIs (Application Programming Interfaces) que básicamente son la forma de conectarse con la CBDC desde otra computadora. Sería otro paso adelante en la programabilidad del dinero.

Tan relevante es esa posibilidad que la semana pasada la Reserva Federal emitió un informe tratando de explicar qué es el dinero programable y por qué es relevante.

Según la autoridad monetaria de Estados Unidos, dinero programable se define por dos características, “alguna forma digital de dinero y un mecanismo para que el dinero tenga comportamiento autómata a través de un programa de computadora”.

Por ejemplo, el 17 de junio, Goldman Sachs empezó a tradear “repos” a través de la blockchain del JP Morgan, como habíamos anticipado hace un mes en esta misma columna.

Fue un swap entre bonos del Tesoro de EE.UU. y la JPMCoin, la stablecoin emitida por el Morgan. Es un caso particular de las magias que empiezan a aparecer en el mundo del dinero.

Nótese que “dinero programable”, según aquella definición de la Fed, ya existe. Son las conocidas stablecoins o criptodólares, representaciones del dólar digital que “viven” en blockchains descentralizadas como Ethereum o Algorand.

¿Está acaso abriendo la Reserva Federal el juego a los emisores privados de esas monedas digitales?

¿Podríamos ir a un mundo en el cual la Fed emita su CBDC directamente a ellos, quienes a su vez se encargarían de proveer un dólar digital sobre blockchain?

Pareciera ser la posición de Randal K. Quarles, vicedirector de Supervisión del Directorio de Gobernadores de la Reserva Federal de Estados Unidos.

En un discurso que dio esta semana llamado “Pantalones paragua y dinero del banco central” se definió a favor de considerar la alternativa mencionada en lo que pareciera una estructura a medida de las criptomonedas sobre las que se emiten aquellas stablecoins.

Arranca recordando que los depósitos menores a US$ 250.000 están asegurados por la autoridad monetaria y por tanto son tan sólidos como una deuda del propio banco central.

Como dice Warren Mosler, que desarrolló la Teoría Monetaria Moderna (TMM), los bancos comerciales son agentes de la autoridad monetaria, incluso los privados actúan en su nombre.

De esa forma podríamos pensar que ya tenemos CBDCs, ¿no es cierto?

Volvamos a Quarles.

Paso siguiente, se ocupó de resaltar los avances recientes en el sistema de pagos de Estados Unidos.

El servicio de Fondos “Fedwire” procesa US$ 4 trillones cada día (me refiero al “trillion” americano, doce ceros que, “by the way”, podríamos adoptar en el idioma español, es bastante más simple).

Aparte están desarrollando “FedNow” que pronto permitirá a los receptores de pagos chicos hacerse con el dinero al instante en sus cuentas bancarias, una posibilidad que los argentinos tenemos hace rato, aunque cueste creerlo.

Luego rescata la posibilidad de que las CBDC emitidas por otros países puedan reemplazar en alguna medida al dólar como moneda transaccional para pagos internacionales.

Sin embargo, sostiene, el rol del dólar está fundado en la “fortaleza y el tamaño de la economía estadounidense…la profundidad de su mercado financiero…el valor estable del dólar a lo largo del tiempo…y el apego a la ley y los fuertes derechos de propiedad en los Estados Unidos…”.

La siguiente frase es tal vez la más fuerte: “No necesitamos temer a las stablecoins”. 

Sigue diciendo que ellas permitirán transacciones internacionales más baratas y rápidas, lo cual ayudaría a que el dólar mantenga su condición de moneda de reserva.

Lo más importante, según Quarles, es que estén debidamente reguladas y que su respaldo sea lo suficientemente seguro, estable y líquido, principalmente reservas de la Fed y bonos soberanos de corto plazo.

Todos estos avances volverían superflua, según el autor, la necesidad de emitir una CBDC en Estados Unidos.

Varios celebran, especialmente…Facebook.

Es una señal positiva para las criptos, moneda con la cual se les paga a los validadores que sostienen las blockchains donde se emiten esas stablecoins.

Será interesante ver como evoluciona. Personalmente creo que vamos a un mundo donde se emita una CBDC de la Reserva Federal que conviva con stablecoins privadas.

La seguridad de la autoridad monetaria y la innovación de los privados. Son columnas fundamentales de un sistema monetario creíble y eficiente.