Hay más de lo mismo y los inversores largan los pesos

15 de noviembre, 2020

Inflación en Argentina

Por Luis Varela

Como en el fútbol, apelando a la mística, el Gobierno acaba de lanzar el leitmotiv “reconstruyendo a la Argentina”. Mientras esa idea fuerza trata de mantener seguidores, el país sigue enredado en más de lo mismo.

Es decir, más impuestos para los privados, ningún tipo de ajuste para los 700.000 empleados públicos de alto rango y volviendo a cargar las tintas sobre los jubilados, donde deberían fijar un pago tope, sin castigar a los que cobran la mínima. Con semejante señal, desde el primer inversor hasta el último ahorrista pusieron pies en polvorosa: los depósitos a plazo fijo cayeron 4% en términos reales en octubre y 7% en la primera parte de noviembre.

La salida de depósitos en pesos es completamente comprensible. El cepo cambiario, que se inventó para intentar evitar que la huida de fondos fuera un tsunami, está eliminando el superávit comercial, generando escasez de insumos y multiplicando la inflación. El octubre, Argentina tuvo la mayor inflación mensual del año (3,8%), con un cúmulo de precios congelados, cuando los plazos fijos rinden 2,5%. La inflación de los últimos doce meses es del 37,1%.

Por esa razón, sin miramientos, los que todavía tienen la suerte de tener pesos sobrantes, o los sacaron de los plazos fijos tradicionales, o se pasaron a plazos fijos CER, a bonos CER, a bonos atados al dólar o directamente volvieron al blue, por lo que la cotización del dólar en las cuevas volvió a saltar casi 10% en la semana, al volver de $157 a $172.

Detrás de ese movimiento (mientras CFK coloca fichas propias en más ministerios y da una señal de descontento reuniéndose con Martín Redrado, mientras vuelven a surgir rumores de tensión entre el ministro Martín Guzmán y el titular del BCRA Miguel Pesce), el Gobierno sigue dando pasos de resignación.

Hace unos meses, con su sonrisa tranquila y voz muy baja, Guzmán y Alberto Fernández decían que se volvía al ahorro en pesos, que ahorrar en dólares o con tasas absurdas era algo del pasado. Pero las licitaciones de letras en pesos empezaron a tener menos adherentes, y se pasó a pesos ajustables por inflación. Eso también se fue desgastando, y se pasó a bonos atados al dólar oficial. Y ahora ya se está empezando a emitir otra vez deuda en dólares, por lo que volvemos a ser un perro que se muerde la cola.

Para peor, el economista Juan Luis Bour de Fiel dio la imagen de la semana, al decir que “el Gobierno se está dando un tiro en el pie al querer frenar el dólar quemando bonos y vendiendo reservas”. Y eso fue lo que ocurrió, mientras el dólar blue saltó 10%, el BCRA perdió US$ 423 millones la semana pasada y acumula una tremenda caída de reservas de US$ 4.308 millones en los últimos cien días, sin pagar casi nada de deuda, ya que los nuevos bonos empiezan a pagar una renta mínima recién dentro de ocho meses.

Pero la caída de reservas no es lo único. A lo largo de la semana, para que el contado con liquidación y el dólar mep se quedaran quietos, el Gobierno fue utilizando venta de bonos para controlar esos dos canales. En cada apertura todos los dólares libres fueron subiendo, pero en las últimas dos horas de cada día aparecieron gruesos vendedores de bonos (operadores creen que el BCRA y la Anses) por lo que el bono más usado para ese tipo de negocio el AL30 (que reúne la mitad del volumen del mercado) cayó de precio y su tasa a vencimiento trepó hasta el 16,3% anual, con un precio contado como si estuviéramos en default.

Buena parte de ahorristas o inversores no fueron directamente al blue, ni tampoco se refugiaron en el CCL y el MEP. Eligieron montarse en bonos ajustados por CER o en bonos dollar-linked. Especulan con que la inflación será mucho más alta que la tasa en pesos que pagan los plazos fijos. Y también creen que a la larga la devaluación llegará, con un salto en el tipo de cambio oficial.

Y en una película que ya vimos cien veces, después de haber criticado a la patria financiera por sus abusivas tasas de interés, Fernández le dio el “sí” a Pesce para que realice la sexta suba de tasas de interés de los plazos fijos (elevando en paralelo la tasa de los pases y las Leliq entre el BCRA y los bancos). En abril los plazos fijos fueron bajados al 14% anual, “que es una tasa lógica para un capitalismo social”, pero luego rápidamente fue subida al 26%, al 26,6%, al 30%, al 33%, al 34% y ahora al 37%, pese a lo cual los inversores siguen con pies en polvorosa.

El pase de plazos fijos a bonos CER o dollar linked permitió que en promedio los bonos subieran 4% en la semana, provocando un alivio tras una caída del 28% desde que se hicieron los canjes ley Nueva York y ley Argentina, en el peor debut de reestructuración de la historia. Pero los bonos nuevos AL y AG 29, 30, 35 y 38, 41 y 46 no mostraron ese aumento: siguen mostrando que los inversores se van de Argentina, como Pimco, como Templeton, como Walmart.

Este pantano argentino se da con un marco internacional en el que pasaron dos cosas que le devolvieron el buen humor a los mercados globales: se va Donald J. Trump y entra un presidente como Joe Biden, un demócrata que tendrá poder limitado para poner impuestos ya que los republicanos controlarán el Senado. Y, fundamentalmente, las vacunas contra el Covid están en la gatera, por lo que se tiene la sensación de que “seguiremos vivos”.

Con eso, las bolsas globales tuvieron en la semana un salto del 4%, con el S&P 500, el índice más diversificado de la Bolsa de Nueva York, alcanzando un nuevo máximo histórico, haciendo ebullición en la cumbre de la burbuja, con gran rotación y depuración de papeles. Pero la Bolsa de Buenos Aires no se subió a esa fiesta: medida en pesos en la semana arañó un alza del 3%, pero medida en dólares el índice S&P Merval bajó y sigue atascado por debajo de los US$ 300 dólares, regalado ya que su valor promedio de veinte años es cercano a los US$ 700.

Y lejos de hacer lo que hay que hacer, este martes Diputados le agregará al Presupuesto lo que el Senado pidió, y ese paquete con nuevos impuestos llegará con un nuevo tributo, que el kirchnerismo insiste en llamarlo aporte solidario (el impuesto a la riqueza), que no es ningún aporte, ya que no es voluntario, para algunos niveles es confiscatorio, espantará más inversores y seguirá provocando una dura realidad: hoy, escapando de la AFIP, 9 de cada 10 pesos se usa en efectivo, cuando antes era 7 de cada 10. Los contribuyentes que están en el corral se asfixian, con pymes que cierran y dejan gente sin trabajo (mientras empleados como los de Aerolíneas piden aumento, ajustado por inflación, sin estar prestando ningún servicio).

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