María Eugenia Vidal: los efectos políticos de su estilo natural

15 de julio, 2020

Por María Soto Licenciada en Ciencia Política y Asesora Profesional de Imagen

A raíz del diagnóstico positivo de Covid-19, la exgobernadora de la provincia de Buenos Aires María Eugenia Vidal ha vuelto a recibir protagonismo en los medios en los últimos días.

La exgobernadora tiene más de 20 años de carrera política y, a diferencia de otras figuras femeninas del ámbito político, Vidal siempre se ha distinguido por su vestuario de estilo natural.

El diagnostico positivo de Vidal ha reavivado el foco puesto en su apariencia, y esto me remitió a las numerosas consultas que recibía sobre ella tiempo atrás, en las que me preguntaban qué opinión me merecía su estilo, y por qué muchas veces la veíamos “poco arreglada” o “con un estilo soso, reiterativo y aburrido”.

Sabemos que cuando se pone el foco en el aspecto y la percepción de una persona, se tiende a ser mucho más exigente con las mujeres que con los hombres. Por supuesto, en el ámbito político, esto no es una excepción, sino que el escrutinio se magnifica.

Para muchas argentinas, el estilo o sello distintivo de Vidal resulta llamativo en términos culturales, ya que el modo de vestir de la mujer argentina suele ser mucho más coqueto, glamoroso y con mucha atención a las combinaciones y los complementos.

Pero, ¿acaso esto le ha impedido cosechar logros a lo largo de su carrera?

¿Acertado o fallido?

Como mencioné anteriormente, el look de Vidal siempre se ha decantado por lo más natural y cómodo posible, optando por zapatos de diseño, pantalones Oxford, blusas holgadas y blazers corte fit en tonalidades oscuras y de textura lisa.

Pero lo más llamativo de su estilo, es que cada pieza de su vestuario se conectaba con una frecuente búsqueda de la comodidad, una comodidad que le aportara más flexibilidad y libertad de movimientos durante sus actividades políticas.

Sin embargo, poco después de 2011, cuando asumió como vicejefa de Gobierno de Buenos Aires, comenzamos a percibir ligeros cambios en su uniforme político, pasando de lo sobrio y repetitivo a lo ligeramente chic y elegante, pero sin abandonar el uso de prendas cómodas y de aspecto despreocupado.

Y si bien la exgobernadora aseguró que no tenía interés en la moda, pues se define como una persona común y corriente, claramente que su estilo impactó en su campaña política y su posterior victoria como la primera mujer gobernadora de la provincia de Buenos Aires.

En ese contexto, y más allá de que muchas argentinas consideran a su estilo aburrido y repetitivo, Vidal consiguió conectar con una audiencia más amplia de lo que inicialmente suponían los votantes del PRO en la Capital.

Entonces, en el mundo de la arena política, ¿cuál fue el efecto de su estilo natural desde el punto de vista de la imagen y la comunicación?

A través de un conjunto de prendas de características sencillas, cortes limpios y tonos neutros, Vidal quiso reflejar la imagen de la mujer que está en constante movimiento, es decir, deuna mujer de acción que camina por la calle en modo multitasking.

Con su estilo, envió un mensaje claro a sus electores para posicionarse como una mujer dispuesta al intercambio de opiniones, abierta al diálogo, cercana y, además, indicando que su vestuario no le restaría protagonismo a sus acciones, así como no sería un obstáculo para incursionar en recorridas barriales en todo lugar en el que hiciera falta.

Sin duda, una estética más glamorosa resultaría incómoda en ese tipo de situaciones. Por lo tanto, el repertorio de prendas básicas de la exgobernadora son de las que funcionan en todo momento de manera fluida y cómoda, al mismo tiempo que respaldan su mensaje, sus proyectos, ideas y sus tareas de gestión como funcionaria pública.

Claramente, su estilo también le permitió insertarse cómodamente en la estética partidaria del PRO, marcada por un vestuario simple que buscaba transmitir horizontalidad y cercanía con la gente. A su vez, haya sido consciente o inconscientemente, le sirvió para distanciarse y marcar una brecha bastante amplia con respecto a la imagen proyectada por la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, acercándola a los votantes antkirchneristas.

¿Podría haber prestado más atención a los detalles? ¿Podría haber ampliado su paleta de colores? ¿Podría haber accesorizado más? ¿Podría haber sofisticado su apariencia? Dependiendo de la mirada estética de quien lo evalúe, seguramente que sí. Pero si nos corremos de ese lugar y llevamos el análisis a un plano diferente, es interesante observar como su figura política se ha cimentado desde el empoderamiento femenino: una mujer que poco a poco fue ganándose su lugar dentro de un mundo marcadamente masculino, y en términos de imagen, desestructuró y aportó simpleza a ese uniforme político tan rígido y formal al que los hombres nos tienen acostumbrados.

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