Los alimentos fortificados

21 de abril, 2020

Por Amalie Ablin (*)

 

Hace ya varios años que el consumidor se ha acostumbrado a la oferta de productos denominados “fortificados”, los cuales incorporan ingredientes naturales o químicos que presumiblemente mejoran su rendimiento alimenticio y refuerzan las necesidades nutritivas de sustancias que la población no integra suficientemente a su dieta acorde con las sugerencias de las organizaciones alimentarias y sanitarias internacionales.

 

Así, los alimentos son “fortificados” con vitaminas, proteínas, aminoácidos, hierro o calcio, a modo de ejemplo.

 

Idéntica tendencia se ha observado en las raciones destinadas a la alimentación animal y en particular en el caso de las mascotas (con Omega 3, por ejemplo). En cualquier caso los alimentos “fortificados” han cuidado de mantener su palatabilidad para el consumidor, al mismo tiempo que han publicitado intensamente los beneficios de los ingredientes añadidos, aunque tal vez cabe preguntarse si esto seguirá siendo así en el futuro.

 

En tal sentido cabe tener presente el crecimiento previsto de la población mundial, que, de acuerdo con estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), se espera en los próximos 30 años se incremente en 2.000 millones de habitantes, pasando de los 7.700 millones actuales a 9.700 millones hacia 2050. De allí surge la necesidad de generar el consiguiente aumento en la producción de alimentos, disponiendo en particular de suficientes proteínas cárnicas para la alimentación de las diversas especies consumidas (aviar, porcina, vacuna y ovina) -al igual que de la acuicultura- lo que requiere entonces mejorar asimismo la producción de piensos.

 

En dicho contexto aparece ahora una tendencia científica orientada a incorporar insectos criados en cautiverio como elemento novedoso de “fortificación”. Así, según un estudio publicado en 2013 por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en colaboración con la Universidad de Wageningen (Países Bajos) sobre alimentación sostenible se consideran a tal efecto ciertos insectos, cuya ventaja reside en que consumen menos recursos del medioambiente que los que utiliza la producción masiva de animales, presentándose asimismo como una alternativa plausible para abaratar los alimentos, combatiendo así simultáneamente la pobreza y la contaminación de un planeta cada vez más superpoblado. Ya en dicho momento, los insectos más consumidos a nivel mundial eran los escarabajos (31%), orugas (18%), abejas, avispas y hormigas (14%), y saltamontes, langostas y grillos (13%).

 

Asimismo, las nuevas orientaciones enfatizan que los insectos producen asimismo una menor huella ambiental y generan menos gases invernaderos, en tanto requieren menos alimento y espacio para su cría que el ganado convencional, se reproducen con mayor velocidad y transforman casi la totalidad del alimento que consumen en masa corporal.

 

Acorde con esta corriente puede destacarse que, desde enero de 2018, la regulación de la Unión Europea (UE) sobre Nuevos Alimentos (“Novel Foods”) incluye a los insectos en la lista de productos aprobados para su venta y consumo. Por el contrario, en nuestro país el Código Alimentario (y las disposiciones higiénico-sanitarias, bromatológicas y de identificación comercial del Reglamento Alimentario aprobado por Decreto 141/1953) prohíbe el consumo de cualquier tipo de insecto, normativa que tal vez podría cambiar en el marco de la evolución de las opiniones científicas y la previsible presión empresarial para desarrollar esta novedosa actividad económica.

 

Teniendo en cuenta la evolución normativa en la UE, puede señalarse que el brazo inversor del Rabobank (Banco de las Cooperativas Agrícolas de los Países Bajos, con sede en Utrecht, líder mundial en el financiamiento de proyectos y negocios agropecuarios. Integrado por más de 130 bancos cooperativos locales, es el segundo banco holandés en términos del valor de sus activos, contando con diversas subsidiarias internacionales) lanzó una primera apuesta a la producción de harinas y aceites de insectos en su país por vía de la empresa local Protix, que inauguró uno de los mayores criaderos de insectos para fortificar alimentos destinados a la nutrición animal, -considerados como proteína barata y “ambientalmente correcta” para su inclusión en la dieta de animales posteriormente dirigidos al consumo humano.

 

Al mismo tiempo la empresa busca acelerar la expansión internacional de este procedimiento, a cuyo efecto cultiva larvas de mosca soldado, procesándolas para obtener ingredientes del tipo proteínas y lípidos, sirviendo los desechos orgánicos de la industria alimenticia como nutrición para los insectos. De esta forma, el modelo aplicado exhibe una forma sostenible para producir alimentos dirigidos a satisfacer la demanda de una población mundial en rápido crecimiento, reduciendo a la vez el desperdicio de alimentos.

 

Por su parte, cabe destacar que, desde 2018, también en Canadá la empresa Enterra Feed Corp. produce -a partir de insectos- ingredientes de alta calidad para alimentos dirigidos a animales y mascotas, ubicándose a la vanguardia de la innovación y la sostenibilidad. Así, recibió la aprobación por parte de la AAFCO -Association of American Feed Control Officials- para la venta de harina de insectos elaborada a partir de larvas desecadas de la mosca como ingrediente para los piensos elaborados en Estados Unidos (inclusive la acuicultura), Canadá y la UE.

 

De igual forma, la empresa Hendrix Genetics, orientada a la búsqueda de soluciones innovadoras y sostenibles para la cría, genética y tecnología animal en apoyo de la cadena de valor de las proteínas animales comenzó en 2018 el desarrollo genético de especies de insectos para cría. A tal efecto se asoció con Protix, con el objetivo de mejorar aún más el potencial de los mismos como transformadores de proteína eficiente para ser utilizada nutricionalmente, considerando que la «industria de los insectos está en auge». De esta forma puede visualizarse que las “foodtech” -empresas que tienen como objetivo mejorar la industria mundial agro-alimenticia por vía de la incorporación de nuevas tecnologías- innovan en muchos casos con la incorporación de insectos a la dieta humana, creando así nuevos productos.

 

Por su parte, resulta relevante destacar que en nuestro país los investigadores del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) manifestaron que la harina de grillo aporta la misma calidad de proteína que las carnes. En consecuencia, el INTI estableció contacto con la firma Grillos Capos -empresa argentina que abastece y colabora con zoológicos y universidades en la producción de alimento vivo para animales insectívoros- la cual ha recientemente desarrollado una línea de alimentos para consumo humano en base a insectos.

 

Simultáneamente, se dedica a la cría de insectos para la alimentación de mascotas, llevando a cabo -junto al Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA)- estudios de perfil nutricional de la harina de grillo según las condiciones de secado y almacenamiento óptimas definidas previamente por un grupo de trabajo científico conjunto.

 

Como resultado, se obtuvo una harina elaborada a partir de la especie “Gryllus assimilis”, con una granulometría muy similar a la de la harina de trigo, con la cual está destinada a ser mezclada. Sobre dicha base se procedió a estudiar la aptitud de la masa producida a partir de la nueva harina para ser utilizada en la producción de panificados de consumo habitual en nuestro medio, concluyéndose que en principio con la misma puede prepararse cualquier tipo de productos, tales como barras de cereal, panificados o premezclas listas para uso culinario. La solicitud de aprobación de este producto por las autoridades competentes fue formulada en forma conjunta por el INTI, el INTA, el Ministerio de Agroindustria, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (INAL), la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) y la empresa Grillos Capos.

 

A modo de conclusión, cabe destacar que en los últimos años los progresos tecnológicos han avanzado hacia la incorporación en los productos alimenticios de ingredientes nutritivos novedosos a los que se atribuyen propiedades positivas, posibilitando el desarrollo de numerosos bienes comestibles no tradicionales. Muchos de ellos surgen de la recreación de alimentos ancestrales o del empleo de ingredientes muy poco utilizados hasta ahora.

 

A ello se suman nuevas experiencias en el campo de la alimentación, ya que los comensales de todo el mundo han adaptado sus preferencias alimentarias hacia un carácter más internacional, accediendo así a la incorporación de platos o productos de otros orígenes. De esta manera aparece, entre otras tendencias alimentarias, la disposición a incorporar insólitamente los subproductos de ciertos insectos a la dieta humana, los cuales conforman una fuente tradicional -aunque no convencional- de nutrientes en muchos lugares del mundo tales como el sudeste asiático, cuyos países ocupan los primeros puestos en su consumo mundial. Ello demuestra que la inquietud acerca de cómo alimentar al mundo ante el inminente crecimiento poblacional es considerada tanto por los gobiernos como por las empresas, buscando prever soluciones anticipadas a la problemática que se avizora.

 

(*) Las opiniones vertidas son de exclusiva responsabilidad del autor y no comprometen a la institución en la cual se desempeña

 

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