Venezuela y el Petro

14 de diciembre, 2017

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Por Héctor Rubini Instituto de Investigación en Ciencias Económicas de la USAL

 

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ha anunciado el lanzamiento de la moneda virtual oficial de Venezuela. El Petro ha sido presentado públicamente como la alternativa electrónica del Gobierno bolivariano para desalentar la especulación con divisas. La idea se ofrece como un producto financiero regulado por el Estado, a cargo de una Superintendencia.

 

La idea pareciera intentar asimilarse al hasta ahora exitoso caso del Bitcoin. De hecho ha sido presentado como una “criptomoneda” y pareciera que la intención oficial es la de replicar algo así como las criptomonedas privadas. Aparentemente ya contarían con un equipo inicial de 50 “mineros” para imitar, de ser posible la mecánica de creación de nuevo “bitcoin estatales”. ¿Es eso el Petro? El contexto permite intuir de qué se trata inicialmente, al menos. Con Nicolás Maduro, nunca se sabe cuál va a ser el futuro rumbo a seguir. Pero el Petro pareciera estar a años luz de distancia de lo que son las criptomonedas convencionales.

 

Las criptomonedas tienen su origen en el sector privado. Su oferta crece a la par que miles de “mineros” van creando bloques de códigos de seguridad para las transacciones que usan estas monedas virtuales. La tecnología “blockchain” está totalmente descentralizada y permite no sólo asociar un código único a cada transacción. El mismo es inviolable, no queda almacenado en una sola computadora, sino en toda la red de Bitcoin. Los códigos alfanuméricos a ser validados son crecientemente complejos y esto permite, y de acuerdo a los diseñadores de este producto virtual, de modo que la confianza en la seguridad de las transacciones es la base para la aceptación del mismo como unidad de cuenta y medio de pagos para sus usuarios. Esto le ha permitido, adquirir creciente atractivo como reserva de valor. Prueba de ello es la explosiva demanda de las últimas semanas, a punto tal que Bitcoin sea, por lejos, la estrella de este año.

 

El Petro venezolano es otra cosa. Lo ofrecerá el Estado, no el sector privado. Maduro lo ha presentado como una suerte de “numerario electrónico” a ser “respaldado” por reservas oficiales de petróleo, oro, diamantes y gas natural. Dinero electrónico de un gobierno y “convertible” ¿en “reservas” de valor fluctuante? ¿Pagaría con esas reservas a los tenedores de una moneda “virtual”, cuando desde noviembre tanto la petrolera PDVSA como el Tesoro venezolano pagan los servicios de sus deudas con una demora superior a los 30 días, violando las condiciones de emisión?

 

El Petro ha sido presentado públicamente como la alternativa electrónica del Gobierno bolivariano para desalentar la especulación con divisas. La idea se ofrece como un producto financiero regulado por el Estado, a cargo de una Superintendencia

 

Desde una perspectiva legal se presenta otro problema: la Constitución prevé en su art. 318 que el gobierno venezolano sólo puede emitir el bolívar, o una moneda común con otros países en el marco de alguna forma de integración en América Latina y el Caribe. No permite, ni prevé la emisión de ninguna forma de moneda paralela, virtual o no, por parte del gobierno.

 

Poco interesa, a los efectos prácticos, en un régimen autoritario como el de Maduro. Lo que cuenta es la necesidad de proveer algún medio de cambio en una economía dislocada por su propio régimen. Cierra diciembre con una inflación de 23%, con una suba de precios superior al 625% promedio, y que tiende a acelerarse en el año próximo. Las proyecciones del FMI, bastante conservadoras, prevén una inflación superior al 30% mensual para fines del año próximo. La huida del dinero al dólar es una constante desde hace varios años, pero a esto se ha sumado el racionamiento de dinero a los bancos y de estos a los depositantes. Con controles al comercio interior y exterior, a la escasez de bienes de primera necesidad y de dólares se sumaron los límites de los bancos a la extracción de fondos. Con una crisis de liquidez generalizada, a través de videojuegos y accesos a redes del exterior no son pocos los venezolanos que se las ingenian para acceder a monedas virtuales. Estas funcionan sí como vehículo o “puente” para acceder a dólares o bolívares, evitando tomar prestado a quienes se hacen sus diferencias vendiendo “anticipos” de bolívares de entrega futura, con comisiones que no bajan del 10%. La moneda de Maduro pareciera proveer servicios de liquidez insatisfechos en una economía hiperinflacionaria y en presencia de una suerte de “corralito” bancario. Pero bajo la forma de “criptomoneda” oficial, varios medios locales disidentes han advertido que tendría un uso para compraventa de bienes que permita el régimen, provistos por comercios de miembros de las Fuerzas Armadas, básicamente del Ejército. Bajo esas condiciones, no es más que una suerte de “tarjeta virtual” que tratará de ser medio de cambio, pero que en principio no sería per se una unidad de cuenta para transacciones de contado o préstamos. Y su aceptabilidad como medio de cambio y reserva de valor, dependerá, básicamente de si la oferta tendrá límites finitos, estrictos, como pareciera ser el caso de Bitcoin, o si tendrá la misma suerte de los bolívares emitidos por el propio gobierno, o experiencias fallidas como los “créditos” para el trueque en nuestro país, a principios de la década pasada.

 

Otro aspecto, menos simpático, tiene que ver con la inviolabilidad de las transacciones y la posibilidad de no dejar registros de las mismas. Esto abre la puerta a una fuente potencial de operaciones de los propios miembros del Gobierno para lavar dinero dentro y fuera del país, y acceder a liquidez de otros países eludiendo las sanciones impuestas por el gobierno de los Estados Unidos. ¿Podrá el Petro ser el instrumento que permita al régimen bolivariano burlar a las grandes potencias con la misma eficiencia con la que lo viene haciendo Corea del Norte? ¿Podrá ganar suficiente aceptación dentro y fuera de Venezuela como para competir con otras genuinas criptomonedas ofrecidas por el sector privado? Nadie lo sabe, pero en un contexto de falta de liquidez en moneda local y extranjera, y necesidad de fondos para la campaña electoral del año próximo, Maduro está claramente decidido a hacer cualquier cosa para mantenerse en el poder.

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