El Economista - 70 años
Versión digital

dom 16 Jun

BUE 13°C
Reflexiones

Un barco roto, la democracia y un nuevo comandante

Con la "excusa" de la libertad y la falta de equipo, hay tiempo y espacio para que los profesionales del Estado, cumplan su rol de expertos.

Un barco roto, la democracia y un nuevo comandante
Lourdes Puente 27 noviembre de 2023

El domingo 19 de noviembre Argentina alcanzó dos records: supo muy pronto el resultado de la elección y el que ganó, logró el porcentaje más alto de la joven democracia. Además, teniendo un voto obligatorio cuya penalidad es tan baja, la participación del 76% de la población en un feriado largo, dieron cuentas que había una gran mayoría interesada en participar y dar su opinión. 

De todos los análisis que estuvieron dando vuelta, rescataría lo siguiente:

  • La sociedad eligió alguien sin profesionalidad política, que se muestra tal como es (con sus limitaciones) y que no evidencia equipo ni estructura. No ganó una ideología sino alguien que representa algo diferente y que despierta  mayor credibilidad.
  • Su voto - "su base"- es el 30% que sacó en las PASO y las generales, la mayoría del cual es de jóvenes de todos los sectores sociales del país. El 26% restante sería un voto anti el candidato oficialista o anti la política tal como se percibía. Es un voto de cambio pero no es propio. Probablemente el más fácil de irse. 
  • El sistema argentino pudo, en sus limitaciones, asegurar que quien la sociedad decidió poner de Presidente, pueda llegar, aun sin tener esa estructura territorial que antes se analizaba como imprescindible para ganar una elección. La ciudadanía puso su cuota.
  • El voto a presidente está divorciado del voto local. La ciudadanía es líquida en sus decisiones y confirma una vez más que este es un siglo de opiniones diversas y cambiantes. No hay espacio para pensarse y pensar en clave homogénea. Y las autoridades no tienen capacidad (¿y/o voluntad?) de imponer el voto a los que "cree suyos".
  • Implosionaron las dos coaliciones formadas post 2001. Ninguna supo interpretar la demanda de la sociedad, pero sobre todo, ambas fracasaron al momento de darles respuestas desde el Gobierno. 
  • Al decir de Touzon y Zapata en su útlimo artículo en "Panamá", la elite política, económica e institucional planteó una batalla cultural y la sociedad respondió con la crisis. Nada dice que la misma sociedad ante un conflicto cultural real tome la misma decisión. Hoy le urge un presidente que se ocupe de resolver su problema con el futuro. 
  • Lo que hace tiempo perdió la clase política, y que se hizo quiebre total en pandemia - con vacunatorio vip, fiesta en Olivos, etc- , es la credibilidad, o más aun, la confianza. El privilegio vació la política de servicio. Se dejó de creer en ella. Y no se pude conducir un país sin que te crean. 
  • El peronismo perdió en sus bases más propias y en el interior, en lugares que casi "le pertenecían". Como fuerza política, no sólo evidenció esa fractura  con su base social tradicional, sino que así como logró unirse atrás del liderazgo de Sergio Massa, hoy expone su enorme fragmentación. Sobresalen apenas dos miradas diferentes del espacio: los gobernadores exitosos electoralmente de Buenos Aires y de Córdoba.

Lo que hace tiempo perdió la clase política, y que se hizo quiebre total en pandemia -vacunatorio VIP, fiesta en Olivos- , es la credibilidad, o más aun, la confianza. El privilegio vació la política de servicio.

  • La oposición oficial no dio con el o la candidata que generara  la credibilidad que podía hacer lo que se necesitaba para sacar este barco roto adelante. Fragmentada como coalición,  hoy hay quienes esperan que su teléfono suene, y quienes aun no saben en que lugar del nuevo sistema encontraran un espacio.  
  • La juventud -globalizado en redes, pero fragmentado en burbujas de interés-, como en tantas etapas de nuestra joven democracia, tuvo un rol interesante en esta contienda ya que representa la mayoría del 30% propio del nuevo Presidente. En esta etapa importa por la evidencia de su desapego en creer y participar en una comunidad de la que le cuesta sentirse parte. Habrá que ver si esa novata participación se sostiene, porque no tiene nada que ver con la juventud militante de otro tiempo (ni la actual), más homogénea en su forma de agruparse. En todo caso, la posibilidad de perforar burbujas de comunicación esquivas a la política es una oportunidad que abrió este candidato hoy Presidente, que nos invita a pensar con otras categorías. 

Argentina se puede plantar en su antigua dicotomía, que tan bien describió Gonzalo Sarasqueta en una columna en LN invitándonos a que escuchemos la vigencia de Tato Bores. Y entonces activar todos los clivajes para que el fracaso del Gobierno (o las amplias dificultades que afrontaremos) ) sea la excusa de enarbolar una nueva bandera con todas las otras premisas que en cuatro años nos hagan volver a probar la receta contraria. Y en ese péndulo seguir perdiendo argentinos y argentinas en el camino. 

O podemos animarnos a entender que el juego de la democracia significa que cada uno tiene un rol. Que la sociedad decide quien conduce y que a la oposición le toca representar la otra voz votada para condicionar, y controlar. Esto exige que la camiseta argentina este por encima que la del propio club. Todo el tiempo. Porque ahora no se trata de ganar el partido de la disputa por el poder. Ahora hay que sacar la Argentina adelante.  Y eso no significa abandonar convicciones, sino ponerlas a jugar en democracia. "¿Argentina no tiene arreglo?", se preguntaba el maestro Carlos Fara en un reciente artículo de Perfil que recomiendo porque pulsa en la esperanza que necesitamos. 

alberto fernandez milei
 

Hay muchas incógnitas con lo que viene, pero me gustaría subrayar dos puntos del nuevo Presidente, para anclar esperanzas. El primero es que en su discurso inaugural dijo que  todo se hará "dentro de la ley y de la Constitución" ("fuera de la ley nada"). Quizas sacó esta carta como una "camisa de fuerza" que se puso. Con ella podrá explicar por qué algo de lo que prometió no podrá cumplir. Todo el sistema político está fragmentando  y los acuerdos serán imprescindibles. Es tiempo de que protagonicen todos esos espacios que se dedicaron este tiempo a reunir diferentes para pensar un país juntos. LadoAr, las Jornadas para el Día Después Seamos Mejores, Argentina Armónica, y otras tantas organizadas por la OEI o CIPPEC, para mencionar algunas

Y la segunda es que quizás, con la "excusa" de la libertad y la falta de equipo, hay tiempo y espacio para que los profesionales del Estado cumplan su rol de expertos. Mientras el Presidente se dedica a resolver el complejo problema económico, podamos dedicarnos a mejorar la provisión de bienes públicos. Invito a leer la propuesta que la academia  junto a funcionarios y funcionarias públicas de todo el país hacen al respecto. "Consenso por la Función Pública" para mejorar la provisión de bienes públicos y el Estado. Que en cada espacio del Estado, más que el amigo o el partido, se ocupe con profesionales especialistas. 

El barco argentino está roto y hundiéndose hace tiempo. Te guste o no el nuevo Comandante, la democracia lo puso al frente. No todo depende de él. Si todos los actores de la Argentina no nos ponemos a trabajar, no hay chance de que no sigan cayéndose argentinos y argentinas.  Porque el mejor sueño es que en cuatro años, el barco esté navegando y haya futuro para cada persona que quiera habitar el suelo argentino. 

Seguí leyendo

Enterate primero

Economía + las noticias de Argentina y del mundo en tu correo

Indica tus temas de interés