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Mejor el silencio

Las palabras del Presidente, sus peleas pequeñitas, lejos de contribuir a pensar en el futuro, agigantan -en el comienzo del año- el vaciamiento intelectual de la política (oficialista, opositora y la patética) que nos augura el espíritu de conventillo para la campaña.

El Presidente se permite las observaciones de un cronista viajero
El Presidente se permite las observaciones de un cronista viajero
Carlos Leyba Carlos Leyba 06-01-2023
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Alberto Fernández en Misiones, como un comentarista polaco, afirmó "la necesidad que el país se torne más federal". Descubrió "un Norte y una Patagonia olvidados". 

La peor confusión es la de igualar problemas diferentes. 

Estableció una "línea política" resolutoria: la CABA "tiene que dejar de lado su opulencia", "peleo mucho con mi ciudad para que ... sea parte de una mejor distribución de la riqueza".

"Achicar CABA para agrandar la Nación". Crecer achicando es una contradicción lógica y aquí, histórica. 

Igualar, el presente de los habitantes del Norte con los que habitan el Sur, es desconocer las estadísticas oficiales. ¿Dónde están los salarios más altos y dónde los más bajos del país? ¿Dónde Tierra del Fuego con su insólito régimen de promoción, incluidos el cómo y el para qué? 

Pero, a pesar de ello, Alberto ha generado atención sobre uno de los disparadores de nuestra decadencia. Bien. Veamos.

Cuando la región central florece (precios internacionales, clima, tecnología, rara vez políticas) empuja la coyuntura al crecimiento. Pero no es menos cierto que el subdesarrollo del interior histórico profundiza la decadencia. Allí se acumulan errores estratégicos que se derrumban sobre toda la Nación. 

Dijo Fernández "esta remontando, este año va a volver a crecer y el trabajo "se está multiplicando", con eje en la construcción: "nada multiplica más el trabajo que las viviendas y obra pública". 

Más allá del entusiasmo deformante con el que se leen datos o se repite "multiplicar"; este "discurso" corto placista no es exclusividad de Alberto. 

Ante la opción "inversión patrimonial" o "reproductiva", la política electoralista apuesta al impacto de corta duración que incluye el del empleo transitorio. 

El desarrollo es inversión reproductiva y generación de las condiciones para la misma. Fuente primaria de la productividad, la inversión reproductiva es la que sustenta el progreso colectivo: no hay derechos sustentables sin acumulación reproductiva.

En una economía sólida e integrada, no es hoy nuestro caso, cuando atraviesa una capacidad de oferta productiva ociosa con desempleo abierto, es sabia la política que apela a la "construcción" (baja importación y alto empleo) para reanimar la demanda. 

Pero en una economía arrasada por medio siglo de industricidio, de baja productividad por atraso de inversión, cadenas de valor perforadas y extremadamente dependientes, donde cada 1% de crecimiento del Valor Bruto de Producción, las importaciones, con economía controlada, crecen 3% y con una economía "libre" crecen 6%, esa política coyuntural se agota en pocas iteraciones. 

¿Quién duda que una prioridad, en cualquier estrategia, es crear condiciones para mejorar drásticamente la calidad de vida en el Norte del país? 

No es sólo justicia, es condición necesaria para concretar el programa inconcluso de la Nación Argentina. 

Hoy nuestra geografía real es una versión dolorosa del mapa del cuento de J. L. Borges. Nos creemos soberanos de una geografía casi vacía sometida a las inclemencias de una política sin programa y sin contenido nacional. 

Consecuencia de medio siglo gobernados por los hechos y del Poder ejercido sin la dimensión rectora del pensamiento. Sin altura moral. 

No es por "un partido". Es por la incapacidad de reconocernos parte de una totalidad nacional de espacio y tiempo. Políticas de lo inmediato, corto plazo y cerco del activismo que nos rodea e impide ver más allá. Nos gobiernan los hechos y su agitación. 

Desplegar el PIB por habitante sobre el mapa describe el desequilibrio que nos convierte en la exótica "Belindia". En esas condiciones el PIB puede crecer, pero no nos desarrollamos. Reequilibrar por ascenso, Fernández, no es lo mismo que igualar para abajo.

"Belindia" tiene consecuencias trágicas: la deriva de la fuerza del atraso genera estancamiento colectivo. 

¿Qué son "las condiciones de vida"? ¿Un estadio, un autódromo, un policlínico sin la integralidad de sus servicios? 

En nuestro Norte -donde reside una enorme riqueza cultural y material inexplotadas- se sufre el fracaso de las políticas públicas, a las que no son ajenos gobernadores, legisladores, dirigentes opositores, sociales y empresarios. Durante décadas, no han procurado una visión común para salir de la condición con la que condenan a sus ciudadanos. Si nadie es responsable, todos lo somos. No es sabio buscar la culpa lejos de la propia historia. 

El Presidente se permite las observaciones de un cronista viajero. Por su presente y su pasado, es uno de los protagonistas de la ausencia de pensamiento para la transformación del interior profundo. Gobernar es un Plan de Desarrollo Integral y Concertado de manera Federal. 

¿Tres años?

No hay resultados. Con un compás clavado en cada ciudad importante observemos el círculo y midamos la distancia geográfica en paralelo con la distancia en la calidad de vida. No hemos construido la trama geográfica y social, de desarrollo necesaria para estar en camino. De eso se trata "el desierto argentino". 

Desertificación autoinfligida sea por levantar vías ferroviarias que despoblaron; sea por normas irracionales vigentes que traban procesos productivos de agregación de valor in situ desde los lácteos a la carne y hasta dónde la imaginación del lector quiera llegar; sea por la ausencia de una estrategia de desarrollo de larga duración. Zanahoria, garrote y abrazo: el capital sólo va detrás de la zanahoria.

¿Quién puede dudar que la acumulación de pobreza en los conurbanos y en particular en CABA, es una bomba de tiempo que está cerca de su estallido? 

¿Quién duda que es la consecuencia del combinado explosivo de la desertificación humana promovida por políticas inconscientes y de la ausencia de políticas de desarrollo ni siquiera pensadas durante casi 50 años?

En esa geografía brota la mayor sombra sobre nuestro futuro colectivo. 

Sorprende cómo la política y la clase dirigente apuestan a la continuidad de una calma inesperada y nada hacen para transformarla en energía. 

Las estadísticas señalan la preocupación mayoritaria por la inflación, la inseguridad y la corrupción. Los que gobiernan deben saber que esas son las consecuencias y no las causas del subdesarrollo. Gobernar es, fundamentalmente, atender las causas.

¿Qué nos depara el futuro si más de la mitad de los menores de 14 años sobreviven en la pobreza? 

Las carencias, a las que llamamos pobreza, cubren todas las dimensiones de la vida. El mayor de los fracasos de 50 años. No hay inocentes. 

Hace 50 años existían villas. Para Juan Carlos Torre, hasta entonces eran "lugares de paso". En 1974 la pobreza de ingresos afectaba a 4 % de la población, menos de un millón de personas. Tránsito a la búsqueda y encuentro, de oportunidades. Se salía. Una cultura de la villa no era imprescindible para la supervivencia. 

La metáfora de Torre culmina con la definición que "hoy las Villas son una playa de estacionamiento". Es difícil salir por el propio esfuerzo. Los curas villeros, testigos de ese sufrimiento, nos dicen de la incapacidad de esos jóvenes, de imaginar un futuro propio. La ausencia de futuro, de proyecto, deprime la propia vida. Los hemos abandonado a una suerte que no merecen. Y como un bumerang, esa cancelación de futuro de los jóvenes, nos retorna con la cancelación de proyecto de la Nación: sin proyecto la depresión colectiva domina.

En el escenario de la villa no es fácil el proyecto individual, personal, de salida rodeados de pobreza. La inseguridad y el narco tabican, y se protegen en un territorio que el Estado ha abandonado.

Hay excepciones. La salida colectiva, la que erradica el cultivo del mal, no es resultado de suma de proyectos individuales. Los proyectos individuales, lo más probable, es que sean resultado de un proyecto colectivo que los habilite y potencie. Proyecto colectivo.

¿Qué otra cosa es "la política" que la concepción y ejecución de un proyecto colectivo que habilita y potencia proyectos individuales? 

El interior profundo expulsa. Se han ido acumulando y reproduciendo, en los últimos cincuenta años miles de fracasos. No haber encontrado en el lugar dónde se ha nacido las posibilidades para una vida digna, techo, educación, trabajo, ha llevado al "estacionamiento" de dónde, si no imposible, es muy difícil salir por la magia de un proyecto individual. 

Las condiciones de vida son familia, techo, "con la democracia se come, se cura, se educa", trabajo. Esas condiciones se extravían con la destrucción de la vida familiar, sin techo que cobije, sin el hogar donde se alimenta, se cura y se ama, sin la sociedad que garantiza, asegura, que se completa la educación y que se ofrece la dignidad del trabajo que completa la dimensión humana de la vida. 

Nuestra acumulación de fracasos, que se sintetizan en la pobreza de la periferia de las ciudades, la de aquellos que están condenados a vivir al margen, es una parábola del fracaso de las políticas del y para el interior, responsabilidad primaria de las autoridades provinciales y nacionales, para ofrecer las "condiciones de vida" que permiten se desarrollen la integridad de las personas en donde han nacido y para desarrollar la región que habitan. 

Pero - además - en ese viaje, fracasan acumulando frustraciones y carencias a las que se suma el desarraigo que destruye la memoria y la riqueza de las tradiciones culturales. 

Tema muy comentado. Sin embargo no conocemos propuestas convincentes y convocantes. Ni siquiera en la campaña electoral. 

¿Cómo es posible que no exista la vocación de una estrategia común para terminar con este fracaso? Tenemos en el territorio lo que para otros es una carencia manifiesta. ¿Somos incapaces de pensar una estrategia común para ponerlo en acto? 

Las palabras del Presidente, sus peleas pequeñitas, lejos de contribuir a pensar en el futuro, agigantan -en el comienzo del año- el vaciamiento intelectual de la política (oficialista, opositora y la patética) que nos augura el espíritu de conventillo para la campaña. 

Ante el pugilato verbal e "institucional" de Alberto, mejor el silencio. 

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