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Lo peor es lo mejor

Hay tres “estilos” entre los protagonistas políticos de los últimos años: profesional, fiscal y esfinge

Lo peor es lo mejor
Carlos Leyba 11 febrero de 2022

Para la política, entendida como la búsqueda o el ejercicio del poder, existen tantos estilos como personalidades la abordan.

Una observación sugiere tres “estilos” entre los protagonistas de los últimos años.

Tres patrones: profesional, fiscal y esfinge.

El profesional es “el verdadero político”. Se conecta en función de su construcción de poder “para”: propone “hacer” para el país.

Necesariamente conversa. “El hacer” demanda tiempo. Y “el tiempo” lo constituye la densidad del dialogo con dirigentes de otros partidos, obreros, empresarios, intelectuales, hombres de Iglesia.

El profesional político suma voluntades a las ideas programáticas que empuja.

“El político” sin programa es un oxímoron. La proyección en el tiempo de su programa denota su dimensión.

Las respuestas de corto plazo revelan “políticos de corto plazo”: indeseable.

El que no conversa no hace política y sin acuerdos difícilmente construya poder propio. Un “político” sin poder propio está condenado al fracaso. ¿No?

Capacidad de inclusión, de armonización de intereses, de condiciones institucionales y de desarrollo del potencial económico y social, definen la calidad de un programa.

Un profesional puede comprometerse con ideas de exclusión, contradicción y conflicto, desprecio por las formalidades institucionales y desandar el desarrollo del potencial histórico concreto de la Nación. Lo hemos sufrido. Sino no estaríamos como estamos.

Un profesional puede sumar voluntades y ser arquitecto de una pésima idea.

Los tiempos positivos de la historia son aquellos en que las ideas arquitectónicas son conducidas por un profesional. No ha ocurrido en los últimos 46 años.

Veamos arquetipos.

Carlos Menem fue un profesional. El programa que predicó en campaña sumando voluntades (“la revolución productiva”) no lo implementó. Hizo lo contrario.

“Si anunciaba lo que iba a hacer no me habrían votado”. Cinismo. Mentira. Menem no tenía idea, cuando hacia campaña, del Consenso de Washington.

Peor. En 1973 propuso al CFI que ayudara a La Rioja a construir la “primera provincia maoísta de la Argentina”(sic) (ED). Menem, a destiempo, coincidía con Beatriz Sarlo y Alberto Fernández, exdirigente del derechista Partido Nacionalista Constitucional, en la admiración por la doctrina del Partido Comunista de China y de su líder histórico el “compañero” Mao Tse Tung.

La Sarlo cuando era una niña; pero Alberto sorprendió, a la edad de ser abuelo, después de condenar “la dependencia de EE.UU.”, de haberle “abierto la puerta” a Rusia y manifestar su adhesión ideológica con el PC chino, coronando con la decisión de comprar, sin licitación, lo que China nos quiera vender…en dólares. Sin programas ni prioridades. Una chantada. Volvamos.

Las pésimas ideas, de campaña y de su Gobierno, tuvieron en Menem un profesional. Se impusieron. Para ganar, desechadas en el poder y para gobernar (o para ser gobernado por ellas, Alberto estaba ahí)

Los programas son sus consecuencias.

Una característica, casi única, de la convertibilidad, es que en el plano constitucional, ámbito judicial, cambio de régimen monetario, apertura de la economía, desregulación, desestatización de empresas, de la energía al sistema de seguridad social, se materializó completamente.

Contó con apoyo externo y electoral interno, durante casi 12 años. Programa de “larga duración”. No fue abortado. Continuó con la oposición. Y finalmente implosionó. La pólvora estaba adentro.

Menem condenó “los 50 años que lo precedieron”: incluyó a los gobiernos de Juan Perón.

Fue un usurpador confeso: ocupó al peronismo que condenaba. ¿Cristina?

Llegó con apoyo de Montoneros, llenaron su Gobierno, e indultó a Mario Firmenich, preso gracias a las instituciones que respetó Raúl Alfonsín. Para hacerlo, indultó a los jefes de la Dictadura Genocida.

“Cal los” fue un profesional. Impuso un programa perverso por sus consecuencias: desempleo, pobreza y endeudamiento permanente.

En la campaña anunció la reversión de esos males que comenzaron con la desindustrialización de 1976. Hizo lo contrario.

Durante su Gobierno surgió un personaje que cumplió el paradigma del “fiscal”.

Carlos “Chacho” Alvarez surgió por denunciar la corrupción menemista y advirtió que por el camino de Menem iríamos a la debacle. Acertó.

Tan escaso de ideas que no votó la ley de convertibilidad pero, siendo candidato a vicepresidente, se arrepintió por no haberla votado y lideró la continuidad de la convertibilidad que había denunciado. Implosionó en su Alianza.

Los “fiscales” son figuras de corta duración, que crecen gracias a la denuncia. Su mensaje es “en contra de”. Tienen pasión.

Pero, so esa pasión no da paso a un “para que”, los fiscales se transforman en máquina de dividir. Repase Chacho y busque los restos de la Alianza.

Los “fiscales” pueden servir como sistema de alerta, perola congénita incapacidad de proyectar ideas programáticas los convierte en máquinas de dividir.

Lamentablemente lo que hoy domina en la política son “fiscales”.

No sólo no hay programas de calidad que es el mayor problema.

Tampoco hay profesionales de la política que suman. Reina la división y los compartimentos estancos.

A ambos lados de la grieta sólo hay “fiscales” tanto entre los que hacen política de partido o de poder y (sobre todo) en los medios.

Estamos ahítos de critica y vacíos de ideas.

Ninguno pasa del “hay qué”. Y se tornan aburridos y repetidores.

¿Quién podría soportar un fin de semana escuchando a los “fiscales” estrellas de los medios? No hago nombres, pero Ud. los sabe.

Finalmente están las “esfinges”: aquellos que “vaya saber porqué” la sociedad o los medios, los convierten en figuras expectantes. Se esfumán con tan poco ruido como el que hacen al subir.

Hay varios en los tiempos recientes.

Lo malo de la “esfinge” está en las expectativas que abre sin haberlas procurado: suben por empujón de otros y por una estética “doctoral” que las acompaña.

Un caso de “esfinge”, siguiendo el periplo “Menem — Alvarez”, fue Fernando de la Rúa.

La esfinge no busca, no propone, no está en contra de nada. Por las circunstancias accede y por ellas se esfuma. No aspira a modificarlas.

Las “circunstancias” son la ausencia de programas y del profesional que sume voluntades en torno a ellas.

La esfinge es como una “figura” de mármol: sin vida propia.

Las sociedades necesitan profesionales de la política con buenas ideas. Las dos cosas. Los fiscales y las esfinges la anulan.

Sin ideas no hay tal cosa como “la política”. Y las ideas, sin el liderazgo político profesional, no se materializan.

Desde que alumbró la democracia las ideas y los liderazgos, por sus frutos, han sido por lo menos equivocadas.

Somos un extraño caso de regresión económica, social, cultural. Cualquiera sean las variables que se analicen.

Regresión que empieza en el Rodrigazo y la Dictadura Genocida: lo dicen los números.

La democracia no logró revertirla.

Lo que vivimos hace 46 años es decadencia.

Primero moral, la violación salvaje del “no matarás”, la corrupción de funcionarios y la que generó las fortunas súbitas, inexplicables, que desde entonces son un “poder amoral” que condicionan la realidad obviamente por la ausencia de profesionales de la política y de programas de calidad.

Entusiasman los fiscales, tienen pasión.

Se respetan las esfinges. Se suponen que en ellas hay carácter, solvencia.

Pero fiscales y esfinges adolecen del silencio de ideas programáticas.

Como es obvio, al dominar la escena, logran la anulación del debate político fértil.

Por el carácter dominante del miedo al abismo, en los medios, en la escucha ciudadana, atrona el discurso de los fiscales (del pasado –oficialismo- y del presente -oposición-).

Señalan lo “mal que está, lo mal que se hace”.

Cada tanto se pronuncia una “esfinge”, que acumula pergaminos de saberes económicos, filosóficos, etcétera, que ocupan, por la incapacidad de verbalización de los que hacen política, un lugar que suma a los que hacen periodismo militante. De un lado y del otro.

En este desierto de ideas e inflación de comentaristas, vamos en rumbo de colisión: la evidencia de la extinción de los políticos profesionales y de la ausencia de programas.

Los que actúan se niegan a conversar.

Solo se puede conversar acerca de ideas. Decía J. L. Borges, las personas inteligentes no hablan de las personas sino de las ideas.

Como ideas no hay, lo “fiscal”, la acusación, la crítica, domina el día a día.

Alumbrar la política con la llama de las ideas es la condición necesaria para encontrar la llave.

Que hay que buscarla donde se perdió y no donde se prenden las luces de la cámara que exitan la pasión fiscalista.

El profesional de la política conversa hasta poder articular las buenas ideas, las muy claras, pensadas, evaluadas y transformadas en programa.

Con la convicción que, desde el Estado, se construyen las condiciones para parir la Nación que todavía no somos.

La política, de la que hablamos, se hace con esa finalidad.

Pues bien todo este largo comentario viene a cuento de Máximo.

Con su renuncia a la presidencia del bloque en el que continúa ha demostrado no ser “el político” que seguramente muchos de sus seguidores imaginaban.

Una renuncia destinada a conducir una idea, aunque fuera pésima y sumar voluntades a ella, revelaría a un político.

En primer lugar expondría “su idea”, y no su disconformidad, y trataría de sumar voluntades para hacerla realidad. Se borró.

Exponer una “idea” no es estar “en contra”: Máximo resultó ser un fiscal de Fernández, pero sin pasión. Ni siquiera es “fiscal” en política.

Tampoco dijo “voy a luchar por esto”.

Su renuncia da la idea de una especulación de vuelo rasante: si todo sale mal “yo avisé” y si llegara a salir bien “estoy adentro”.

Máximo, con este acto, demostró ser una esfinge por portación de apellido. No he descubierto nada.

Pero él lo ha puesto en claro de la peor manera: con una decisión especulativa en un momento de suma gravedad. Ser joven no es un mérito.

Como aquella juventud maravillosa apostó a “lo peor es lo mejor”

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