Las experiencias negativas de los expresidentes

La candidatura de CFK no es una novedad en la Historia

20-06-2017
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Por Juan Radonjic

Los expresidentes de Argentina casi nunca se resignan a ese papel y vuelven a la competencia electoral. Hasta ahora la única excepción, por razones obvias, fue Fernando De la Rúa y hoy se  sabrá cuál es el camino que elige Cristina Kirchner. Pero no es sólo la vocación política de los expresidentes la que los lleva a volver a la pelea electoral, sino que  son también quienes los suceden los que los traen a la confrontación  y no los dejan apartarse de ella. En Argentina, los presidentes suelen justificar sus medidas menos populares por la desastrosa situación heredada de quienes los antecedieron en el cargo. Los expresidentes no quieren quedar en el pasado y el que está en el Gobierno siempre lo necesita como contrafigura, con lo cual, aunque sea como producto de sus críticas, los mantiene vigentes. En los casos de Carlos Menem y Cristina también aparecen, además, los procesos judiciales que les hace conservar protagonismo aunque no sea por las mejores razones.

Por otra parte, algunos expresidentes ?Alfonsín, Cristina y Néstor Kirchner? siguieron siendo líderes de sus espacios políticos, lo cual sumado a una legislación que les permite volver a postularse y a una cultura política que lo acepta, genera un contexto propicio para los intentos de retorno.

Pero la participación electoral de los expresidentes no dejó un saldo positivo. Raúl Alfonsín compitió en dos oportunidades: como candidato a convencional constituyente en 1994 y como candidato a senador por la provincia de Buenos Aires en 2001. En ambos casos obtuvo un lejano segundo lugar y renunció a su banca en la Cámara Alta a los seis meses de asumir. De todas maneras, tuvo un papel preponderante en aquella etapa política para consolidar el gobierno de Eduardo Duhalde, pero fue por su condición de líder del radicalismo y no de legislador. Tampoco necesitó serlo para concretar el Pacto de Olivos o para impulsar la constitución de la Alianza.

Carlos Menem se presentó en las elecciones  presidenciales de 2003 y fue el candidato más votado en la primera vuelta. Pero desistió de presentarse a la segunda. Más allá de evitarse un derrota previsible, lo que motivó su actitud antidemocrática fue evitar que el próximo presidente llegara con más respaldo. Lo prefería débil y por eso le negó un amplio triunfo en el balotaje. Luego obtuvo una banca por La Rioja en el Senado pero sin hacer desde allí un aporte significativo.

A su turno, en 2009, Kirchner encabezó la lista de diputados nacionales del oficialismo en la provincia de Buenos Aires. Se hizo acompañar por Daniel Scioli y Sergio Massa dando nacimiento a las candidaturas virtuales que dañan a la democracia. La experiencia también fue negativa porque terminó con el triunfo de Francisco De Narváez.

Luego fue Duhalde el que repitió la conducta de sus antecesores. Se presentó en las presidenciales de 2011 procurando instalar la idea de que sólo un peronista, que además había sido determinante para que los Kirchner llegaran al poder, los podía sacar. El 10% de los votantes lo acompañó en las primarias, pero cuando se comprobó que su discurso no tenía sustento, en las generales perdió la mitad de los votos

Hoy Cristina puede comenzar a formar parte del club de expresidentes que vuelven a la competencia electoral a poco de dejar el Gobierno. Los antecedentes no la favorecen, pero su lógica de construcción política se guía por otros parámetros.

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