El Economista - 70 años
Versión digital

dom 19 May

BUE 6°C
Escenario

El juego de la soga

Un Estado incapaz de pensar y menos de realizar un programa con objetivos, instrumentos y medición de sus consecuencias. ¿Cómo podemos hablar de política si no hablamos de la política para reconstruir un Estado? El juego de la soga es peligroso.

El juego de la soga
Carlos Leyba 28 abril de 2023

Toda la conversación pública, hasta la "clase magistral de Cristina", giró exclusivamente en torno a la potencia electoral de Javier Milei y su idea de dolarización. 

Como en el juego de la soga hay un grupo en crecimiento que tira del lado de Milei. Dicen las encuestas y los medios que está en el primer puesto en la línea de largada. 

Los que se asustan del León se ubican, habitualmente, en política y en economía, en el medio. Son a los que les desesperan los extremos. Javier es "un extremo" y lo quiere ser: dinamita, moto sierra, casta, chorros. 

Parte de su popularidad nace del sorteo de su dieta. Lo que no saben los que concursan por ese estipendio que, para Milei, "El peso es la moneda del político argentino, por ende no puede valer ni excremento, porque esas basuras no sirven ni para abono". Regala excremento. ¿Un anticipo de lo que vendrá?

Ese lado de la soga es "la derecha". La novedad es que esta expresión se ha convertido en "socialmente prestigiosa". 

Sorprendente. Aquellos que desesperaban si se les adjudicaba el menor atisbo conservador, digamos la cultura progre "Palermo Hollywood", hoy lejos de susurrar esa pertenencia la grita. 

En este ancho cauce, vierte una "nueva derecha progre" - muy PRO- asociada al ultra liberalismo económico: ¡que todo lo decida el mercado!, vendamos órganos, la educación no tiene por qué ser obligatoria, promovamos la cultura LGTB y en el Jardín de Infantes le damos muñecas rosa a los varones y autitos celestes a las mujeres, aborto y la idea de familia tradicional atrasa: toda forma de autoridad es una rémora. Terminemos con el Estado, no existe el Bien Común. 

Somos átomos y la sociedad no existe. 

Sólo nos "percibimos". Y, finalmente, como dijo Ronald Regan, "el problema es el Estado": duro con él. 

C. Ratazzi, cuya empresa se instaló en el país acompañada de barreras arancelarias monumentales y prohibición de importar (es cierto que podría no haberlo necesitado, pero así ocurrió), hoy está con Milei y reclama abrir todo. Lo dijo en uno de los programas de TV en los que Javier es celebrado. 

Afirmó: "Italia se benefició con el euro". Lo usó como ejemplo de su apoyo a la dolarización. Ratazzi no dijo que el euro lo emite la Banco Central Europeo y el dólar el Sistema de la Reserva Federal. 

Javier dinamitara al BCRA y aceptara cualquier moneda que "la gente" quiera, empezando por el dólar que ofrecerá con dolarización. Para Milei, nuestro Banco Central roba. Los demás no.

La suerte de nuestra política monetaria dinamitado el BCRA será la suerte de la política monetaria de EEUU, la eurozona, o China, por ejemplo. 

No es el único, pero uno de nuestros problemas - en esta transformación - es la heterogeneidad de las estructuras económicas y la diferencia de productividad con esas zonas monetarias. 

Con esas tres monedas (y con cualquier otra) tenemos barreras idiomáticas e infranqueables en el mercado laboral. 

¿Hay ya diseñado (o imaginable) un acuerdo de ayuda económica, no sólo financiera, y una cancelación de la deuda externa con esos bancos emisores, para compensar los problemas con los que vamos a ingresar? 

EE.UU. es una Nación y sus mercados se comunican sin restricciones. El euro fue consecuencia de la solidaridad de la UE. Implicó la ayuda expresa a las zonas postergadas. La dinámica del equilibrio no fue, no es, espontánea sino consecuencia de una estrategia política común. Locomotoras que arrastran vagones atascados. 

No hay moneda sin Estado. Y la "dolarización" o cualquier otra "monetización foránea", sin Estado que la administre, es someterse, desde la más absoluta precariedad, a un desierto interminable. 

La debilidad de nuestra moneda es un hecho indiscutible. Esa debilidad es un argumento para la fuga del excedente. Pero no oculta que existe un formidable excedente que va de US$ 400.000 a US$ 600.000 millones. 

La debilidad de nuestra moneda es también la existencia de una fábrica de pobres que hoy recluta un ejército integrado por el 60% de los niños. 

¿Los ahorros huyen por el miedo a la expansión imparable de la pobreza? ¿La pobreza crece porque el excedente, lo que hace que las economías inviertan, no reproduce el capital productivo? 

Todo es consecuencia de la debilidad de un Estado que hace 49 años renunció a la construcción de la Nación. 

Hace 49 años, el Coeficiente de Gini, distribución del ingreso, era 34,4, nivel escandinavo. La pobreza (tal vez 1 millón de personas) 4% de la población y 3% el desempleo. Fruto de una década de crecimiento, sin un solo año de caída, y multiplicación de las exportaciones por 4. 

Ese "modelo", no derrumbo al Estado. Los que se apoderaron del Estado derrumbaron la economía. Consecuencia de la acción criminal de la guerrilla que quería terminar con el Estado de Bienestar e imponer por las armas el "socialismo nacional" a la cubana. No pocos funcionarios de varios gobiernos (peronistas, radicales y del PRO) fueron militantes de esa organización criminal y no asumieron culpas. Lo mismo quienes colaboraron con la Dictadura Genocida, que rompió - desde el Estado - la moral social y la estructura productiva con una apertura económica irracional unida al atraso cambiario deliberado, para estabilizar una economía. No lo lograron pero pusieron el huevo de la serpiente de dos hiperinflaciones.

El propósito de esa violencia no era la destrucción del Estado sino la del modelo de industrialización, pleno empleo y Estado de Bienestar que compartieron todos los gobiernos desde 1930 hasta la tercera presidencia de Perón. Montoneros y Dictadura Genocida lo destruyeron y la destrucción del modelo vació al Estado. 

Argentina sin Estado es un Estado sin moneda. Ese es el problema. No es la moneda la que construye el Estado, es el Estado el que construye la moneda. 

El planteo de Milei es anárquico. Nace de la bronca con el presente y procura la venganza por el pasado. 

Dicen las encuestas que se suman muchos jóvenes que tiran de esa punta de la soga. ¿Hay dos puntas? 

Muchos se "perciben" afines al "león que ruge, melena, campera negra, machazo que insulta sin límite". 

No sabemos si lo hacen porque coinciden con aquello que suponen que piensa o porque les encanta como ruge. 

El ugido genera miedo y e parece que quedarse afuera sería aterrador. El pánico inunda al PRO, Mauricio, , Patricia y pegadita "la Vidal". Coqueteando Miguel A. Pichetto que necesita despegarse que, como jefe de la bancada kirchnerista, votó todas las leyes que tejieron la trama K. La ley de medios, la 125 -evitada gracias a J. C. Cobos- y la moratoria previsional que incorporó millones de personas que nunca trabajaron porque no tenían necesidad. Peso fiscal monstruoso. 

Del otro lado de la soga hay un fenomenal problema: nadie por ahora la agarra. La soga está en el piso. 

El extremo posible se iba a develar ayer. Renunciado Alberto, Sergio Massa no está en condiciones de decir que la agarra. Sus manos están demasiado cerca de una hoguera y si avanza puede quemarse y con las manos quemadas agarrar una soga es imposible. 

Todos esperaban que Cristina anunciara "la agarro yo" o "agarrala vos". Nada. 

Solo dijo que hay que tener un programa. Que no es el de Milei. Y que lo que está haciendo Massa con el FMI no sirve. Y que ella es capitalista y que el capitalismo, vaya novedad, no es una ideología y que es un sistema muy eficiente. Y que ella lo critica, pero -por sus resultados y sus palabras- no sabe manejarlo ni se ofrece para hacerlo. 

El potencial político de Cristina se resumió a una "clase magistral" que dedicó a discutir la dolarización, a la que asimiló a la convertibilidad y a instalar como "adversario, enemigo" a Milei. Instaló la secuencia convertibilidad, Cavallo y ahora, dolarización, Milei. 

La crítica a Cavallo y a la convertibilidad, de parte de Cristina, es una colosal hipocresía. 

Cristina (y Néstor) fueron apasionados defensores de Cavallo y de la Convertibilidad. Hay decenas de videos que certifican esa defensa y el matrimonio, más Cavallo, luego de la renuncia de Cavallo al ministerio de economía, formaron un bloque político junto a otras figuras que siguieron esa ruta. 

Eduardo Duhalde le ofreció la Jefatura de Gabinete a Néstor. Se negó porque estaba en contra de abandonar la convertibilidad y condenaba el default de A. Rodríguez Saa. 

Una nota que certifica esta convergencia política es el hecho que Alberto Fernández dejó su lugar en la legislatura, elegido en la lista de Cavallo-Beliz, para asumir la Jefatura de Gabinete de Néstor Kirchner. 

Lo "magistral" de la clase de Cristina es como logra criticar su propio pasado diciendo que no es el de ella. De ese lado de la soga por ahora no hay nadie. Ayer no hubo dedo. Y si hay PASO K serán una lágrima.

Para sostener "la soga" -el territorio de un debate político que nutra una elección- hace falta un programa que despunte un liderazgo capaz de un consenso. 

Un programa para reconstruir una economía capaz de sostener un Estado que provea una moneda. 

Toda otra discusión es superficial y elude la capacidad de explotar las inmensas riquezas que están a la vuelta de la esquina.

En 2024 tendremos una balanza comercial favorable. Y es una buena noticia. Pero de nada vale si no tenemos un programa multidimensional para resolver el drama de la pobreza infantil, el pecado del desempleo en un país donde está todo por hacer, y el pecado de una economía que exporta su excedente y padece la desinversión de décadas: desinversión productiva.

Hay modelos para imitar. Podemos, debemos, sintetizarlos en metas, programas, respuestas a las necesidades más urgentes.

Un país vacío. Una geografía abandonada. ¿Cuál es el programa para una ocupación productiva de nuestro territorio? 

El 60% de los niños pobres. ¿Cómo podemos aceptar que se hable del futuro sin una propuesta concreta para encarar ese drama, ese pecado?

Un Estado incapaz de pensar y menos de realizar un programa con objetivos, instrumentos y medición de sus consecuencias. ¿Cómo podemos hablar de política si no hablamos de la política para reconstruir un Estado? 

El juego de la soga es peligroso.

En esta nota

LEÉ TAMBIÉN


Lee también

Seguí leyendo

Enterate primero

Economía + las noticias de Argentina y del mundo en tu correo

Indica tus temas de interés