Trump y sus brotes verdes argentinos

26-01-2017
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por Daniel Montoya (*)

La asunción del nuevo Presidente estadounidense y sus primeros días en la Casa Blanca están disparando una ola de excitación sin precedentes en la política mundial. Tal corriente alcanza especialmente a los principales referentes mundiales del nacionalismo y populismo que están viendo a Trump como el nuevo Faro de Alejandría de esta tendencia que gozó de tan buena salud en América Latina en tiempos del petróleo a US$ 120 el barril y la soja a US$ 600 la tonelada.

En el caso de los países petroleros, el populismo es un dato más que maneja el Secretario de Hacienda. Un precio del barril superior a US$ 100 pone al presupuesto en superávit y el populismo entra automáticamente en modo “ON”. Aquel funcionario de habitual perfil bajo sabe que, a partir de ese momento, su jefe lo va a esperar con algún aire a Hugo Chávez. Hay excepciones que confirman la regla, como Qatar. Usaron los excedentes temporarios con inteligencia para entrar al futuro, sembrando el país de autopistas e islas artificiales. ¡Chapeau!

El furor Trump, como era inevitable, también llegó rápido a las playas argentinas. Tanto en el ámbito del oficialismo como de la principal fuerza de oposición, el Frente para la Victoria (FpV).

Por medio de su ministra de Seguridad, el Gobierno “compró” el discurso de endurecimiento fronterizo, hasta con mención puntual a nuestros hermanos paraguayos y peruanos. Referencias a muros ni hablar. ¿Qué Gobierno latinoamericano pagaría por semejante obra?

Por otra parte, en la oposición hizo estragos la arenga proteccionista de Trump, sintetizada en su slogan “compre americano, contrate americano”. Ello tiene la indudable virtud de alimentar los sueños de un Estado administrando una ventanilla de atención concurrida por un pequeño grupo de actores económicos que se disputan y conciertan las principales obras públicas, el comercio exterior y la medalla de miembro de la burguesía nacional. Hablando de brotes verdes, es evidente que Trump logró hacer florecer con fuerza dos cepas del nacional-populismo argentino.

Román a River (Ortega a Boca)

En el orden que guste, para no irritar a ninguna mitad del país. Román le hizo comer un tremendo caño a Mario Yepes, así como Ortega le metió un tremendo caño a Gabriel Paletta. De igual manera, Trump le meterá un sensacional caño a quienes se están quedando con fracciones de su discurso nacionalista, migratorio y proteccionista duro. Y, eventualmente, hasta de sus políticas.

Las medidas migratorias duras no son novedosas en Estados Unidos. Hasta 1965 estuvo en vigencia un complejo sistema de cuotas que limitaba la inmigración a aquella procedente de Europa occidental. Sin perjuicio de ello, Estados Unidos igual creció 3% promedio entre 1945 y 1965.

En el caso de su política comercial, el nivel de apertura tampoco fue un driver importante del crecimiento económico estadounidense. No porque la apertura no fuera importante sino porque el tamaño de su mercado interno es tan grande, que una frontera cerrada igual no le dio tanto poder de fuego a sus empresas y lobbies internos.

En los años de oro de Ronald Reagan, Estados Unidos creció 3,5% promedio anual en el marco de un bajo nivel de apertura comercial fluctuando entre 17 y 20 puntos del PIB. Este indicador hoy no sobrepasa los 28 puntos, quedando muy lejos de los 328 puntos de Singapur y hasta de los 70 puntos de nuestro vecino Chile. Es decir, para quienes buscan grandes novedades, no encontrarán tantas por aquel lado.

Tampoco por el costado del perfil general del Gobierno. El de Trump será un Gobierno republicano típico, dominado por funcionarios de extracción empresarial y financiera como lo fueron los gobiernos de Reagan y George W. Bush (h). Y estructurado en base a dos ejes republicanos típicos: expansión faraónica de la obra pública y ciertos proyectos militares, al igual que fuertes reducciones de impuestos y desregulaciones orientadas a mejorar el clima de negocios. Pero, como todo Gobierno entrante, con su propio folklore generado por una nueva orquesta de agitadores presidenciales y nuevos medios digitales donde se destaca Steve Bannon y su Breitbart News.

(*) Politólogo @DanielMontoya_

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