Tensión

Rusia versus la OTAN: al borde de la guerra

El arribo de fuerzas militares rusas en la frontera con Ucrania preanuncia el inicio de una guerra de consecuencias inciertas

Anthony Blinken y Sergei Lavrov
Anthony Blinken y Sergei Lavrov .
Héctor Rubini Héctor Rubini 23-01-2022
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Este viernes el diálogo entre Rusia y Estados Unidos quedó al borde del corte final. La reunión del viernes entre sus cancilleres continuará esta semana, pero el arribo de fuerzas militares rusas en la frontera con Ucrania preanuncia el inicio de una guerra de consecuencias inciertas.

Cada vez que Ucrania está cerca de cerrar algún acuerdo hacia su integración con la Unión Europea o con la OTAN recibe una réplica violenta desde Rusia. Pasó en 2004 cuando fue envenenado el primer ministro ucraniano, y se repitió luego de las vigorosas protestas de fines de 2013 contra la decisión del primer ministro (pro-ruso) Víctor Yanukovich de no integrar Ucrania a la Unión Europea.

En 2014 Rusia se apropió de la península de Crimea, y luego inició un proceso gradual de anexión de la región ucraniana de Donbass (provincias de Lugansk y Donetsk) con los ataques de guerrillas separatistas rusas a campesinos, poblados y fuerzas de seguridad ucranianas.

Reclaman ser reconocidas como “repúblicas populares” para luego ser parte de Rusia, y no de Ucrania. En 8 años ese conflicto ya acumula más de 13.000 muertos.

La llegada al poder en 2019 de Volodimyr Zelensky no cayó bien en Moscú, y la guerra de guerrillas en Donbass se intensificó. La cumbre de fines de ese año entre Zelensky, Vladimir Putin, Angela Merkel y Emmanuel Macron sólo logró el intercambio de algunos prisioneros en el Donbass, pero la anunciada segunda cumbre para 2020 nunca se concretó.

Putin quiso así empujar a Zelensky a negociar con los guerrilleros, pero este optó por endurecer su posición y buscar un mínimo de seguridad tratando de integrar Ucrania a la OTAN y a la Unión Europea. Lo que siguió fue la escalada de Moscú en todos los frentes.

Y hoy hay tropas rusas sobre la frontera con Ucrania y en Bielorrusia, donde divisiones de lanzamisiles ya están listas para disparar hacia la capital ucraniana a no más de 200 kilómetros de distancia.

La hipótesis de los más optimistas es la de una guerra de guerrillas, junto a ciberataques, acción psicológica y sabotajes de todo tipo sobre Ucrania. Otros esperan, en cambio, un escenario igual o peor al de la ocupación de Hungría y Checoslovaquia, con un saldo de muertes imposible de predecir, y una OTAN indiferente, mirando para otro lado.

Los más pesimistas temen una escalada hacia un conflicto mundial, con acciones armadas diversas en varios frentes donde Rusia, China, y otros países podrían enfrentarse contra EE.UU. y sus aliados.

El status de Ucrania luego de la caída de la URSS ha sido frágil, fruto de crisis internas de liderazgo político, pero también del atractivo de un giro al capitalismo asociado y a una ampliación de la OTAN (más allá de Polonia, Hungría y República Checa) que no fue cuidadosamente evaluada por Washington.

En 1990 el secretario de Estado de EE.UU., James Baker, le había prometido a Mikhail Gorbachov que, si la Alemania unificada se integraba a la OTAN, la alianza occidental “no se movería una pulgada hacia el Este”. La OTAN no cumplió, y para Moscú debe retirarse de las fronteras con Rusia. Además, la iniciativa de George W. Bush de proponer en 2008 la incorporación de Georgia y Ucrania a la OTAN colmó la paciencia de Rusia, que desde entonces tiene como prioridad evitar que su vecina Ucrania se incorpore a la OTAN y a la Unión Europea.

El Gobierno de Putin no está dispuesto a ceder, ya que aun en un conflicto prolongado, podría recibir asistencia económica y logística de la República Popular China. Esto sumaría más incertidumbre respecto de la duración del eventual conflicto armado. Pero la cuestión geopolítico-militar que plantea Moscú oculta una motivación económica.

Rusia necesita apropiarse de Ucrania no sólo para controlar a un vecino que pudiera ser sede de bases militares de la OTAN, sino para forzarlo a integrar la Comunidad Económica Euroasiática: un proyecto de bloque económico, de exrepúblicas soviéticas dependiente de Rusia. Sumar a Ucrania le permitiría a Putin controlar directamente la comercialización de granos de ese país y asegurar a Rusia el autoabastecimiento de trigo y otras materias primas.

Un conflicto armado afectará directamente a la Unión Europea misma por su dependencia del gas ruso, parte del cual se transporta por territorio ucraniano. El 46% de las importaciones de gas de este bloque proviene de Rusia (75% en el caso de Alemania).

Si se aplicaran sanciones a Rusia el impacto sobre el ingreso de divisas para este país sería significativo, pero además podría seguir en suspenso la certificación en Alemania del nuevo gasoducto submarino Nord Stream 2 para enviar el fluido desde el puerto ruso de Ust-Luga.

Rusia no cuenta hoy con medios para almacenarlo ni para redireccionarlo a otros mercados y los gasoductos para abastecer a China recién estarían operativos dentro de una década. Pero si bien un boicot europeo reduciría el ingreso de divisas a Rusia, la escasez de gas aumentaría su precio en Europa, acelerando la inflación en curso de varios países.

Respecto del petróleo, es probable que Rusia pueda desviar parte de sus ventas a Europa hacia China, pero a nivel mundial podría esperarse una contracción de sus exportaciones (Rusia es el segundo mayor exportador mundial después de Arabia Saudita).

Sus efectos se harían sentir en ambos lados: para Europa, las compras de petróleo ruso suman casi el 25% de sus importaciones, y para Rusia las ventas a Europa representan el 53% de sus exportaciones de petróleo.

Rusia también podría quedar excluida de la red internacional SWIFT para mensajes y transferencias de fondo, lo que le complicaría el acceso a divisas. Si bien el banco central ruso cuenta con reservas internacionales por algo más de U$S 630.000 millones, sufriría el impacto de mayor demanda de divisas y presiones a la suba del tipo de cambio.

Pero el bloqueo del acceso de Rusia a la red SWIFT bloquearía el clearing y la normal operatoria con inversores institucionales del exterior (sobre todo de Alemania). De esto tampoco se salvaría el fondo soberano ruso (de U$S 186.000 millones), aun cuando opte en estos días por sustituir activos en dólares por otros en otras monedas

Obviamente nada de esto parece preocupar a Putin. Si algo es claro, es que confía en que la ocupación militar de Ucrania sería una operación tan fácil y “gratis” como fue la anexión de Crimea.

Todo dependerá de si Washington y la OTAN reaccionarán con la lentitud y falta de reflejos que mostraron en el conflicto de los Balcanes en los años '90. Esto es lo que preocupa a los ucranianos pro-occidentales, que no olvidan los millones de muertos por las hambrunas de los años '30 bajo el régimen de Stalin y que desean, tarde o temprano, que Rusia se retire de Crimea y de Donbass.

De todos modos, un conflicto armado iniciado por Rusia tendrá consecuencias inevitablemente negativas para Ucrania. Pero las eventuales represalias de Occidente, tendrán también efectos negativos sobre Rusia, aunque con efectos “derrame” sobre Europa misma y el resto del mundo.

Todo dependerá de varios factores: a) si Putin ordena o no atacar a Ucrania, b) cómo reaccionará la OTAN, c) si habrá enfrentamientos armados y por cuánto tiempo, d) si el eventual conflicto armado se va a extender e involucrar a gobiernos enfrentados con EE.UU., como China, Corea del Norte o Irán y e) si algún gobierno inicia el uso abierto de misiles hipersónicos, armas atómicas y/o bacteriológicas de manera irrestricta. El panorama es totalmente incierto, pero al día de hoy, todo es posible.
 

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