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Entrevista

“Los costos que pagará Rusia serán muy altos como para considerar cualquier victoria como un éxito”

El Economista dialogó con Ariel González Levaggi para entender por qué Vladimir Putin continúa con su invasión a Ucrania

Ariel González Levaggi es Secretario Ejecutivo del Centro de Estudios Internacionales de la Universidad Católica Argentina
Ariel González Levaggi es Secretario Ejecutivo del Centro de Estudios Internacionales de la Universidad Católica Argentina
23-03-2022
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Aunque la guerra en Ucrania va camino a ingresar en su quinta semana, aún no se vislumbra una fecha para un alto el fuego. Y, pese a estar recibiendo sanciones sin precedentes, el presidente Vladimir Putin continúa impulsando el ataque. 

Que Putin continúe con su plan demuestra que para él las cuestiones de seguridad son una prioridad por sobre la economía, incluso si eso implica convertir a Rusia en un Estado paria. 

Además, el conflicto ha planteado interesantes preguntas como, por ejemplo, cuánto está dispuesta a ceder Ucrania con tal de detener los ataques o si para China es más importante su alianza estratégica con Rusia o sus vínculos comerciales con Occidente.

Intentando comprender más en profundidad el conflicto, El Economista dialogó con Ariel González Levaggi, Secretario Ejecutivo del Centro de Estudios Internacionales de la Universidad Católica Argentina. 

La mayoría de los expertos coinciden en que el plan inicial de Rusia era obtener un triunfo en los primeros días de su invasión. Sin embargo, aunque ya entramos en la cuarta semana de la guerra, Putin insiste en “que todo va de acuerdo al plan”. ¿El mandatario ruso trata de ocultar su fracaso inicial?

Rusia ha hecho una invasión en el corazón de Europa de una escala solo vista en los tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Todavía es demasiado pronto para evaluar si Putin ha fracasado o no de acuerdo con sus objetivos. Lo que queda claro es que su plan de 'neutralizar' y desarmar a Ucrania no se presenta como una empresa sencilla. Aunque a esta altura quedan dudas sobre estos objetivos. Es probable que Rusia busque directamente anexar más territorio ucraniano o incluso partir territorialmente a Ucrania. Luego de casi un mes de operaciones militares, hay dos conclusiones a las cuales podemos arribar. En primer lugar, estamos frente a una guerra convencional en la que la Federación Rusa ha encontrado una fuerte resistencia por parte de las fuerzas armadas ucranianas que se han estado preparando para un conflicto de esta naturaleza. Las tropas rusas no solamente tienen que hacer frente a un enemigo con experiencia de combate y provisión de equipamiento militar desde Occidente, sino que se vislumbran fallas logísticas, operativas y tácticas en la implementación de sus acciones militares. En segundo lugar, en línea con lo que plantea su doctrina militar, Rusia ha ido escalando el poder de fuego en el terreno a medida que sus avances se han ralentizado. Esto es doblemente peligroso ya que estamos frente al aumento la cantidad de bajas civiles y destrucción de infraestructura urbana como en el sitio de Mariupol, mientras las tensiones con Occidente van en aumento. Días atrás el Ministerio de Defensa rusa reconoció la utilización un misil hipersónico Kinzhal y armas termobáricas en diversos ataques. En el futuro los analistas temen que Rusia utilice un arma nuclear táctica para quebrar la voluntad ucraniana y disuadir cualquier intento de ampliar la cooperación militar por parte de la OTAN. 

¿Este es el peor escenario para la intervención rusa?

Claramente no es el mejor escenario para Moscú dado que las expectativas iniciales planteaban una situación de fácil resolución. Tampoco es el peor escenario ya que las fuerzas ucranianas no han podido realizar una contraofensiva exitosa, aunque han logrado paralizar el avance frente a Kiev. La campaña militar va a continuar hasta que el Kremlin evalúe que las condiciones del alto al fuego son favorables a sus posiciones maximalistas. Más allá del campo militar, creo que los costos que va a pagar Rusia van a ser lo suficientemente altos en los próximos años como para considerar cualquier tipo de victoria como un éxito. Además, la intervención rusa ha desencadenado una serie de dinámicas de las que todavía no tenemos una comprensión profunda como la crisis de refugiados, la escasez de alimentos, el aumento de los precios de los commodities, la fragmentación de la globalización en bloques geopolíticos y un potencial derrumbe del sistema de Bretton Woods. En el plano global estamos frente a un escenario incierto que augura una mayor inestabilidad para los próximos años. Sin dudas estamos frente a un cambio de época. 

Una de las máximas preocupaciones de Occidente es que China apoye militar y económicamente a Rusia. ¿Cómo cree que actuará el Gigante Asiático tras la cumbre entre Joe Biden y Xi Jinping?

Para muchos China es una incógnita, aunque la clave de su accionar la debemos buscar en la visión internacional de Beijing que ha venido desarrollando en los últimos años. China necesita estabilidad internacional para seguir su senda de crecimiento económico y proyección global, pero al mismo tiempo es crítica del intervencionismo de los Estados Unidos y la mentalidad de Guerra Fría. En este sentido la posición china en esta crisis no se encuentra alejada de posturas previas en relación con las tensiones entre Rusia y Occidente, por ejemplo, luego de la anexión de Crimea en 2014. Dicho esto, hay un vector poco explorado y menos entendido aún en Occidente: la convergencia estratégica entre Rusia y China. No es una alianza militar, pero hay una creciente articulación de intereses desde un entendimiento de alto nivel sobre la naturaleza multipolar del orden internacional hasta la complementariedad energética pasando por el hecho que ambos consideran que los Estados Unidos – y su esquema de alianzas globales – afectan sus intereses regionales. Hoy la diplomacia china prioriza sus lazos con Rusia, teniendo en cuenta además que los Estados Unidos lo consideran como su competidor estratégico en el largo plazo. Por esto, no hay que esperar un giro abrupto por parte de Beijing, sino una mayor continuidad de una posición balanceada frente a la guerra que termina beneficiando a Moscú. 

Además de las ya conocidas exigencias de seguridad rusas ¿existen otros motivos por los cuales Putin ha decidido invadir Ucrania? Es llamativa su convicción de seguir adelante con el ataque pese a quedar totalmente aislado de Occidente.

Creo que las motivaciones rusas siguen siendo un gran interrogante. Uno puede hacer diferentes conjeturas sobre los motivos que han llevado a tomar esta decisión tan radical. En mi caso me inclino a pensar sobre el peso que tiene la historia imperial sobre la elite rusa en general, y Putin en particular. Históricamente Kiev es considerada la cuna de la civilización rusa, mientras el territorio ucraniano se encuentra en el corazón del proyecto imperial que se proyecta desde la Rusia de los zares hasta los últimos días de la Unión Soviética. Para dar un ejemplo, la famosa batalla de Poltava donde el Zar Pedro el Grande derrotó al Rey Carlos XII en 1709 se desarrolló en un área hoy disputada por fuerzas rusas y ucranianas. Para algunos analistas Rusia no es un típico estado-nación, sino que todavía mantiene una estructura imperial con características multiétnicas. Para reconstruir una Rusia imperial es clave tener control sobre Ucrania. Zbigniew Brzezinski, uno de los más brillantes estrategas estadounidenses y quien fuera asesor de seguridad nacional de Jimmy Carter, dijo que, sin Ucrania, Rusia deja de ser un imperio, pero con Ucrania subordinada se convierte en un imperio. 

Entre las exigencias rusas se destacan el pedido de garantías de que Ucrania no se unirá a la OTAN, el reconocimiento de la independencia del Donbás y la aceptación formal de que Crimea forma parte de Rusia. ¿Cuánto cree que está dispuesta a ceder Ucrania?

Volodimir Zelenski se encuentra en una encrucijada de difícil resolución. Por un lado, las condiciones que impone Rusia son imposibles para digerir políticamente. En el momento que Zelenski firme un acuerdo en ese escenario, su carrera política se acabó. Por otro lado, hay una gran intransigencia del lado ruso que busca una resolución de las negociaciones por la vía de la rendición de las fuerzas ucranianas o una victoria militar. La única salida digna para Ucrania es detener el avance ruso durante un período de tiempo considerable y forzar una negociación que suavice la postura rusa, algo que sinceramente veo difícil pese al lento avance de las tropas rusas. 

¿Cómo impacta el conflicto en la Argentina? 

En el plano diplomático ya impactó. El Gobierno de Alberto Fernández tuvo que hacer un giro luego de la gira que incluyó una visita oficial al Kremlin solo tres semanas antes del comienzo de las operaciones militares. Luego de la agresión la Casa Rosada se alineó con el grueso de América Latina votando a favor de la resolución de condena en el marco de la Asamblea General de Naciones Unidas. Ahora bien, si bien Rusia no es un actor económico tan importante en nuestra agenda bilateral está claro que el país va a sufrir un impacto económico producto del aumento de los precios de la energía y los alimentos, además de una potencial disrupción de las cadenas de suministro de materias primeras producidas por Rusia y Ucrania. Este conflicto no es una buena noticia para la compleja situación económica y política del país, aunque brinda una oportunidad para posicionarse como un proveedor seguro de alimentos al mundo. Por último, el país necesita plantear una estrategia internacional coherente frente a un mundo incierto. Las improvisaciones en materia de política exterior tienen costos en el corto plazo, pero la falta de un planteo estratégico serio sobre la proyección argentina en el mundo tiene costos por omisión y en largo plazo. 

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