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A 70 años de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero

No es posible concebir la idea de la Unión Europea sin la CECA. Dicho organismo fue la primera semilla constitutiva de la integración europea. Nadie hubiese podido afirmar que dos naciones enemistadas por siglos habrían sido capaces de forjar una alianza económica tan robusta.

En 1951 se firmó el Tratado de París que estableció la CECA
En 1951 se firmó el Tratado de París que estableció la CECA
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El 23 de julio de 2002, se extinguió la primera asociación comercial que logró hermanar a dos naciones enfrentadas por décadas: la Comunidad Europea del Carbón y del Acero.

Durante los siglos XIX y XX los conflictos bélicos entre germanos y galos eran recurrentes. Entre ellos se encuentran las guerras napoleónicas, la guerra franco-prusiana y dos guerras mundiales que enemistaron a ambos bandos. Dichos conflictos fueron ocasionados por múltiples razones. Sin embargo, dos de los principales motivos fueron los recursos minerales y el control territorial por regiones tales como Renania, el Ruhr y el Sarre.

Construir una paz permanente en Europa no era una tarea sencilla y los jefes de Estado de cada nación europea eran plenamente conscientes de ello. Durante décadas se intentó alcanzar la meta de una paz duradera, con una sucesión de fracaso tras fracaso.

En 1795 el filósofo prusiano Immanuel Kant, lanzó uno de sus escritos más famosos: “La Paz Perpetua”. En dicha obra, se dedicó a explicar cómo poder alcanzar una estructura a nivel mundial con una perspectiva pacífica por parte de los estados que permita a los mismos convivir sin riesgos de guerra o conflictos armados.

Es claro que el objetivo de Kant jamás se cumplió. Líderes se sucedieron, las organizaciones fueron mutando y lograr terminar con innumerables muertes y la evasión del conflicto nunca se mantuvo en el continente europeo.

La fallida Liga de las Naciones al final de la Primera Guerra Mundial tampoco pudo servir de sostén de una paz duradera. La salida de Estados Unidos de la organización, sumado a la ineficiencia de Francia y el Reino Unido para contener las ambiciones del imperio alemán, italiano y japonés, contribuyeron a su disolución y la creación de nuevas instituciones al término del derrocamiento del Tercer Reich.

Para 1950 ya existían una gran cantidad de organizaciones internacionales como las Naciones Unidas (ONU), el Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), entre otras. Sin embargo, todas estas organizaciones eran de carácter mundial, Europa carecía de una institución que englobe los intereses puramente europeos.

En 1949, el Ministro de Asuntos Exteriores de Francia, Robert Schuman, pronunció un discurso en donde remarcó la relevancia de una Europa unida como una enorme contribución para una paz mundial, proponiendo la creación de una comunidad franco-alemana con el objeto de obtener un beneficio mutuo de dos componentes fundamentales en la creación de energía y maquinaria: el carbón y el acero.
El argumento sostenido por los franceses establecía que si luego otras naciones europeas se unían al acuerdo, la interdependencia creada a futuro entre las naciones miembro en cuanto a la libre circulación de mercancías, capital y personas, reduciría significativamente las posibilidades de guerra entre ellas.
El plan tuvo como principal artífice a Jean Monnet (Comisario General del Plan de Modernización y Equipamiento de Francia), quien luego se convirtió en el primer presidente de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) en 1952.

El proyecto incluía la modernización en la producción de carbón y del acero, una elevación en la calidad de los mismos, un sistema de exportación común para los países no miembros, mejoras en las condiciones laborales de las industrias en cuestión y la liberación de aranceles de ambos productos. La propuesta se elevó formalmente al Canciller de la República Federal de Alemania, Konrad Adenauer, el cual fue recibido con una gran aprobación por parte del gobierno alemán.

No solamente franceses y alemanes estuvieron de acuerdo, sino que otras naciones europeas dieron su beneplácito para adherirse a lo que podría ser un evento histórico en el continente: Italia, Luxemburgo, Bélgica y Países Bajos decidieron formar parte del proyecto común.

En 1951, luego de varias negociaciones entre Adenauer y el presidente francés De Gaulle, se firmó el Tratado de París en donde nació la CECA. Con un total de seis estados miembro, el organismo comenzó a funcionar un 23 de julio de 1952 y sus respectivos organismos internos fueron la antesala de los organismos que conocemos hoy en día en la Unión Europea.

La CECA contaba con una Alta Autoridad presidida por un presidente (el antecedente de la Comisión Europea), una asamblea compuesta por miembros designados por los parlamentos de cada país (el antecesor del hoy Parlamento Europeo) y un Consejo de Ministros, integrado por los ministros de cada país (antecesor del Consejo de la Unión Europea).

La CECA funcionó de forma independiente y de manera eficiente, ya que no existió ninguna posibilidad de lucha armada entre los integrantes del organismo en cuestión. En 1965, la CECA se fusionó con otras dos organizaciones europeas (la Comunidad Europea de la Energía Atómica y la Comunidad Económica Europea) con el fin de unificar criterios y la toma de decisiones, mediante la firma del Tratado de Bruselas, con el objeto de constituir un consejo único y una comisión única, para que solo existiese un solo poder ejecutivo y no tres.

Finalmente, luego de cincuenta años de existencia, un 23 de julio de 2002, la CECA dejó de existir formalmente, ya que así estaba pactado desde el momento de su constitución. Su función en Europa ya no era necesaria, dado que se habían creado una red de organismos europeos (Banco Central Europeo, Tribunal de Justicia, Tribunal de Cuentas) que sirvieron para interconectar a las naciones del continente a nivel económico, político y social.

No es posible concebir la idea de la Unión Europea sin la CECA. Dicho organismo fue la primera semilla constitutiva de la integración europea. Desde aquel nacimiento de un ideal de construcción de una paz duradera, hasta la firma del Tratado de París, nadie hubiese podido afirmar que dos naciones enemistadas por siglos habrían sido capaces de forjar una alianza económica tan robusta que suprimiese toda probabilidad de confrontación bélica entre alemanes y franceses.

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