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Escenario

Tiempo y espacio para la política económica

Massa, para ser lo que aspira, debe construir “poder”. Para poder hacer.

Los cánticos anunciaron la llegada del Frente Renovador, con pocos votos y mucho entusiasmo
Los cánticos anunciaron la llegada del Frente Renovador, con pocos votos y mucho entusiasmo
Carlos Leyba Carlos Leyba 05-08-2022
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Asistimos a tres actos de exhibición de poder y, fuera del espacio central, un indicador de preocupante debilidad. 

  1. Primer acto. Sergio Massa llega con la escenografía propia del reemplazo de quién, hasta aquí, formalmente lo lidera (el Presidente que sale cabizbajo de la escena) y de quién lo secunda (el Jefe de Gabinete que no lo vi), y con la ausencia de la jefa política del Frente de Todos. Los cánticos anunciaron la llegada del Frente Renovador, con pocos votos y mucho entusiasmo. No era lo que Cristina deseaba escuchar. Los “Galmarini” se cantaron encima.
  2. Segundo acto. Massa ratifica los compromisos de M. Guzmán (FMI) y los anuncios de S. Batakis (congelación de empleo público y caja única) y anuncia reducción de subsidios energéticos, control y unificación de los planes sociales y promete dejar de emitir por el déficit fiscal. Las promesas son más enérgicas, las decisiones aún no llegaron. Las posibilidades de efectiva realización son menores que las que tuvieron Guzmán y Batakis porque el tiempo erosiona. 
  3. Tercer acto. Sergio presentó su “elenco”. Personas conocidas, algunos ya estaban en el gobierno. Recibe la calurosa adhesión de empresarios -la mayor parte de la oligarquía de los concesionarios, todos de fortuna reciente, súbita e inexplicable, y de mucho pedir y poco dar- y la presencia “por si acaso” de dirigentes políticos y sindicales. Fueron homenajeados con saladitos y bebidas, a cargo del erario público mientras se anuncia un espíritu de austeridad. No es la única contradicción.
  4. Cuarto acto. Mientras todo esto ocurre, con mucha imagen escenográfica de poder futuro, un funcionario ignoto de la Administración de Parques Nacionales decide que el volcán Lanín Pijan Mawiza es un “Sitio Natural Sagrado del Pueblo Mapuche”. Una medida que contribuye a consolidar “derechos territoriales sobre el suelo argentino” para un grupo de personas que, diciéndose herederos -en el mejor de los casos- de unos invasores chilenos mapuches, escalan reivindicaciones que amenazas trabas adicionales, demoras garantizadas, a la explotación de esos recursos (Vaca Muerta). Esta contradicción señala que “el poder” está demasiado repartido y capturado por “minorías activas”. Una señal preocupante debilidad del Estado argentino. 

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Declararon "Sitio Sagrado Natural Mapuche" al volcán Lanín

La contradicción entre la pomposidad del acto en el que Massa asume y la decisión de una oficina menor que erosiona nuestra soberanía territorial nos señala que es condición necesaria reconstruir “el poder del Estado” para el ejercicio franco de “la política”. Sin esa condición no hay política económica posible. “Autoridad”.

¿Massa la posee? ¿Puede lograrla? ¿Tiene poder sobre las cajas que maneja La Cámpora, sobre “la energía” (tarifas, YPF, Vaca Muerta)? ¿Cancillería? ¿Los embajadores ante OEA, Venezuela, Bolivia? ¿Habla con la oposición, movimientos sociales? Sólo algunos ejemplos. ¿Liderazgo? ¿Es posible un liderazgo sin expresar un plan, programa, proyecto, visión? 

Massa, para ser lo que aspira, debe construir “poder”. Para poder hacer. Nuestro Estado, tal como está configurado, no tiene “la autoridad”. “Los mercados” hablan de despertar “confianza”. La sociedad requiere despertar esperanza, expectativas.

Antes de los “actos” se había abierto una ventana. Después se entornó. 

Los que lo conocen hablan de las habilidades de Massa. J. C. Fábrega, siendo Presidente del Banco Nación, dijo que Sergio era “tan rápido” que “podía contar las chispas de una amoladora”. 

“Veloz”. Pero se tomó su tiempo para ser abogado. A los 42 años en la Universidad de Belgrano.

Y le tomó tiempo construir esta plataforma desde donde se lanzará como candidato a Presidente en agosto de 2023. Eso lo que motivó el “borombombon”. 

La plataforma no es un “super” ministerio. Para memoria el “ministerio de Economía y Trabajo” fue el de máxima potencia del 5º piso, pero terminó en 1967 (A. Krieger Vasena). 

Al ministerio de Massa le faltan cosas importantes para decidir: gastos y poder de negociación propio.

Con esa herramienta escasa necesita construir en 12 meses. Soportando la presión de Cristina y la resistencia pasiva de Alberto. 

No apeló al consenso. En consecuencia, eligió el camino del éxito. En 12 meses necesita forzar “el éxito” que le permita ser “el candidato”.

Anestesiar puede ser el sustituto del éxito. Pero ninguna anestesia dura 12 meses. Y si dura 12 meses el paciente no se recupera. 

Entonces, ¿qué es el éxito? Las metas del FMI. Posible. Bajar la inflación. Posible. ¿Reducir significativamente la pobreza? ¿Transformar la estructura económica argentina de modo de generar un equilibrio externo estructural? ¿Transformar el Estado y aumentar -con el mismo gasto y menos personal- los bienes y servicios públicos? ¿Y que todo se sienta en la vida cotidiana? Difícil. 

El escenario de la economía real que enfrenta Massa es estrecho. 

Las condiciones sociales son extremadamente difíciles y no es imaginable aumentar costos sociales para incrementar la productividad de la economía, si es que esta alternativa fuera en algún contexto lógica. 

La pobreza, la desigualdad dentro del estrato social que no vive en la pobreza, la debilidad estructural del sector privado para aumentar el empleo y mejorar las condiciones de los trabajadores, condicionan toda política económica; y mucho más si las expectativas, las esperanzas y la confianza, son esquivas por la falta de autoridad y debilidad del Estado o de quienes lo conducen. Todo se agrava por las urgencias políticas de los resultados.

El Estado, caro, super y mal poblado, está lejos de la burocracia weberiana. Las decisiones, las ordenes, sufren a la intemperie. El loteo entre tribus políticas, de bajísima categoría, hace de la ejecución una continua postergación que genera fracaso y olvido. Es lo que cuenta Massa para ejecutar.

El escenario económico, en el marco de crisis social y debilidad del Estado, se define por la precariedad de las finanzas públicas (de todo el Estado, que incluye al Banco Central) endeudadas y con un nivel de presión sobre el PIB que es insoportable. Porque golpea a los que tributan en una economía que, tal vez, navega con 40% de evasión. La capacidad de imponer tributos está agotada y la de combatir la evasión depende de la calidad de la burocracia. 

El BCRA no dispone de las reservas de libre disponibilidad necesarias para gobernar el mercado cambiario. La acumulación del excedente se materializa en dólares, pero fuera del sistema financiero nacional. Es enorme. Pero vive afuera y no retorna. La deuda es pública, el excedente privado.

La cadena de valor de la manufactura está perforada y cada vez que el PIB crece 1% las importaciones crecen 3%. 

La economía estancada en PIB por habitante hace casi 50 años y la mayor parte del tiempo en “estanflación”. 

Por eso es realmente grave que Massa haya señalado que la “economía crece a 6% y aumenta el empleo”. Todos los problemas que hemos mencionado son una consecuencia de la estanflación de larga duración. Fenómeno único como que la pobreza haya crecido casi durante 50 años a la tasa promedio anual de 7%. Massa simplemente lo ignoró y afirmó que estamos creciendo. Es la mirada del pasajero que camina en dirección Norte en un tren que viaja al Sur. 

Lo que aún no mencionó Sergio es que toda política económica es nacional, porque se ejecuta desde el Estado de manera excluyente. Lo “nacional” incluye las relaciones y reacciones con el resto del mundo: todas las fronteras son porosas.

Quien ejecuta “la política” debe tener ideas claras acerca de las herramientas necesarias para lograr objetivos compartidos por la sociedad. También parece obvio. Pero no lo es.

Justamente nuestros enormes problemas económicos, cuya lista tampoco es obvia, conviven con un profundo disenso acerca del orden de prioridades de los problemas a atacar y -no menor- conviven con un enorme disenso acerca de las herramientas necesarias y convenientes. 

En apariencia los objetivos son comunes, pero hay enormes diferencias en la intensidad de los mismos. 

Por ejemplo, durante los “30 gloriosos” el “pleno empleo” era un objetivo rector. Lo mismo para el primer Perón que para Arturo Illia o que para Krieger Vasena o el tercer Perón.

La academia, en algún momento, impulsó la idea de “la tasa natural de desempleo” necesaria para neutralizar la inflación. El pleno empleo fue destronado como objetivo común. 

La política “nacional” de empleo sucumbió con el predominio de la “globalización” que fue la del empleo en “otra región”: Occidente pasó a importar trabajo. Ahí estamos. 

La conveniencia de una herramienta depende de sus consecuencias. 

La ausencia de una mirada profesional se detecta cuando se niega a pensar en términos de Plan que es pensar, por ejemplo, corriendo una Matriz Insumo Producto y midiendo los impactos en términos de matriz social. Ambos pensamientos sistémicos, desde hace décadas, han sido -en nuestro país- olímpicamente ignorados. Massa llegó a decir “planes tienen los bandidos” (LPO 30/07/22). 

“Dejame a mí” y/o “lo atamos con alambre”, son dos clásicos de la soberbia propia de la ignorancia. “Dejame a mí” es la afirmación de un Jefe rodeado de sus amigos (cualquiera sea la relación) y lo “atamos con alambre” (cualquiera sea la rotura) es decir, lo arreglamos “por lo que dure” y sin atacar la causa, en realidad, porque no lo sabemos o no nos preocupa o no nos animamos o no tenemos tiempo.  El “tiempo” es una dimensión crucial. 

Massa acaba de asumir el cargo de ministro, cargo menos poderoso que el necesario, con mucha urgencia de éxito, porque quiere ser candidato a presidente en agosto de 2023, es decir con poco tiempo. Y además, como hemos visto, con poco espacio para hacer política económica. 

Es decir los márgenes de los que disponen son estrechos social, fiscal, externamente y en el orden interno de la producción. 

Si no apostara al éxito con tanta urgencia, tendría tiempo “para ampliar” el espacio de la política económica. 

Si insiste con la urgencia, los márgenes de la economía lo inmovilizarán mientras Cristina y Alberto empujan de cada lado. 

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