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Incertidumbre

Síntomas de fin de ciclo

Esta incipiente crisis fiscal y de balanza de pagos puede agravarse en pocas semanas

El escenario es crítico, y la inestabilidad y la incertidumbre es ya general.
El escenario es crítico, y la inestabilidad y la incertidumbre es ya general.
Héctor Rubini Héctor Rubini 11-07-2022
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La economía está en clima electoral y los mercados así lo entienden. En menos de dos semanas quedó bien claro que quien realmente manda es la vicepresidente, y sin demasiado esfuerzo se llevó puesto a dos ministros. Se tardó casi dos días en nombrar un nuevo ministro y se optó como “second (o quizás “third”) best” por Silvina Batakis

Por ahora no se espera que sufra el bullying de la vicepresidente ni de los funcionarios de Energía enfrentados con Martín Guzmán. Cuando la vicepresidente dijo el viernes que “no voy a revolear ningún ministro” apuntó a tranquilizar tanto a la nueva ministra así como a algunos ministros que temen por sus cargos. Habrá paz por al menos unos 30-60 días. Pero si la situación económica no muestra mejoras y los mercados financieros se tornan más volátiles en las próximas semanas, el escenario se va a complicar seriamente. 

Igualmente, esto es una “película” cuyo final llegará con las PASO del año próximo. Una secuencia de lamentables enfrentamientos que arrancaron con los audios publicados luego de la derrota electoral de las PASO del año pasado. El resultado adverso, confirmado luego en noviembre, dio lugar al cisma profundizado con el desplante de Máximo Kirchner, que hizo fracasar la aprobación de un Presupuesto para 2022 y el voto en contra de los diputados oficialistas al acuerdo con el FMI. Pero bajo la superficie continuó la oposición de los funcionarios K en Energía opuestos a las flexibilizaciones en tarifas y las diferencias entre Guzmán y el exsecretario de Comercio sobre controles de precios y subas de retenciones a las exportaciones. Lo que siguió es ya conocido: en un mes y medio renunciaron Roberto Feletti, Matías Kulfas y Guzmán.

Batakis hereda una economía golpeada por shocks internacionales comunes a otros paíse,s como el Covid-19 en 2020 y la invasión rusa a Ucrania en 2022, y el agravamiento de la estanflación de los últimos meses se torna difícil de administrar. La nueva ministra exhibe como “asset” su alineamiento con la vicepresidente, pero sus primeras declaraciones públicas liquidaron buena parte del margen de confianza que habitualmente se le concede a todo ministro recién nombrado. Debe lidiar con el impacto negativo de la Com. “A” 7532 del BCRA que desde el 27 de junio ha agravado el problema de abastecimiento de bienes que no se fabrican en el país, y que está acentuando faltantes que pueden agravarse en las próximas semanas. También el enfrentamiento entre un Presidente comprometido con respetar lo firmado con el FMI y el ala cristinista que promueve un dirigismo de economía cerrada, que bien puede precipitar un default de la deuda pública. 

Guzmán siempre pregonó su objetivo de “tranquilizar” la economía, pero los números que deja a Batakis indican que no sólo la “foto” preocupa sino también la película. Tomando los números de enero a mayo de este año, la inflación promedio mensual de Argentina medida por el IPC fue de 5,28% (anualizada: 85,4%). La Venezuela (medición oficial), 4,38%; la de Colombia 1,28%; la de Chile, 1,2%; la de Paraguay 1,14%; la de Uruguay, 1,06%; la de Brasil, 0,94%; la de Perú 0,63% y la de Ecuador 0,44%. El “echale la culpa a la guerra en Ucrania” suena poco creíble. 

Si no, veamos países industrializados, varios de ellos importadores de gas ruso y de combustibles y otras commodities del resto del mundo. En enero-mayo de 2022, la inflación promedio mensual de Reino Unido fue 1,43%, la de España 1,23%, la de Alemania 1,09%, la de Canadá 1,07%, la de EE.UU. 1,0%, la de Francia 0,85%, la de Italia 0,57%, y la de Japón 0,34%.

Controlar la inflación frente a shocks externos comunes explican la aceleración inflacionaria que se observa en todo el mundo, pero tanto en términos de niveles como de tasas de variación los precios en Argentina lejos estar en línea con los promedios mundiales. Llamativamente se sigue atribuyendo desde la “escuela multicausal” que son los shocks externos los que provocan la inflación, pero la evidencia desmiente tal interpretación.

También atribuye la inflación a la suba del tipo de cambio, pero (créase o no) con flotación sucia y controles de cambios y de capitales se sigue un crawling peg que no se ajusta a la inflación pasada (el creado por el BCRA a mediados de los '60) ni señaliza futuras devaluaciones para bajar expectativas de inflación (la “tablita” de diciembre de 1978). Aun los precios al consumidor están lejos está de estabilizarse. En 2020 el tipo de cambio oficial aumentó 40,5%, y el IPC (promedio contra promedio) 42%. En 2021, el dólar oficial subió 22,1%, pero el IPC aumentó 48,4%. En los primeros 5 meses de este año el dólar oficial aumentó un 16,9%, y el IPC de mayo superó en 29,3% al de diciembre. 

Ciertamente, la búsqueda de “explicaciones” no monetarias sigue en la base de la visión ultra K, la base monetaria creció (comparando saldos diarios promedio) 56% en 2020, 29,8%, en 2021 y en los primeros 5 meses de este año 44,2% contra igual período de 2021.

El lado fiscal de la historia viene complicado, y la minicorrida contra la deuda interna del pasado 9 de junio ha herido la confianza de los inversores. La caída de cotizaciones de los bonos no va a ser fácil de revertir con discursos y políticas que hasta ahora solo alientan la dolarización de ahorros y neuronas y la salida del país de capitales y de recursos humanos. Esto se refleja en el dólar Contado con Liquidación que tiende a superar los $300 y la prima de riesgo país de la deuda en moneda extranjera, con un EMBI Argentina que busca los 3.000 puntos básicos. 

Sin dólares, sin políticas “market friendly” y con un discurso estatista confuso y disputas internas, las expectativas de devaluación y de inflación no se revirtieron ni tampoco el deterioro del peso como reserva de valor y unidad de cuenta. La información diaria del BCRA hasta el 5 de julio indica que desde fin de mayo, sin computar las transacciones con organismos internacionales, la suba de las reservas internacionales brutas por U$S 754 millones pasan a una caída por U$S 424 millones. Pero la emisión para financiar al Estado fue por $409.653 millones, por compra neta de divisas $59.466 millones y al sistema financiero por $772.479 millones. La emisión de Leliq y pases llevó a absorber base por $957.965 millones, pero es deuda a ser pagada tarde o temprano con más emisión. Cabe recordar que al 10 de diciembre de 2020 la deuda cuasifiscal del BCRA por letras y pases pasivos era de $2,6 billones (149% de la base monetaria) y la brecha cambiaria blue vs. dólar oficial, de 16%. Al 1 de julio de este año, último día hábil de Guzmán ministro, $6,6 billones (159% de la base monetaria) y con una brecha cambiaria blue vs. oficial de 90,6%.

El escenario es crítico, y la inestabilidad y la incertidumbre es ya general. Si la nueva conducción económica no presenta cambios creíbles y convincentes esta incipiente crisis fiscal y de balanza de pagos puede agravarse en pocas semanas. Y eso es lo que los mercados tienen en mente desde la semana pasada.

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