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Gradualismo o shock (nuevamente)

"El shock tiene como prerequisito una coalición con otra/otras fuerzas políticas”, dice Mario Brodersohn

23-06-2017
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El dilema gradualismo versus shock fue el tema más discutido allá por 2015 (y ya se sabe qué opción ganó). El dilema vuelve, ahora, advierte Mario el reconocido economista Brodersohn. “Si (Mauricio) Macri triunfa en las elecciones, tendrá que elegir una de las dos opciones económicas para el 2018: gradualismo o shock fiscal”, advierte en un informe difundido ayer a sus clientes.

Si pierde, lógicamente, el gradualismo será la única opción: sería muy arriesgado ajustar luego de una derrota y con un PJ victorioso, desempleado y gritando “vamos a volver” (salvo que gane el Frente Renovador, una opción que no debe descartarse).

Pero volvemos a lo que hoy es el escenario base: una victoria ajustada de Cambiemos. ¿Shock o gradualismo? “El camino intermedio, esto es, empezar con gradualismo y terminar con shock es la opción más riesgosa porque puede llevar a que sea el mercado el que se anticipa y tome la iniciativa para un shock no buscado”, dice Brodersohn.

Gradualismo sería lo más lógico (políticamente). ¿Porque cambiar lo que dio un resultado electoral favorable?  “Si elige ese camino gradualista la economía en el 2018 volvería a depender como en el 2016/17 de un creciente acceso a los mercados financieros internacionales para financiar los crecientes desequilibrios fiscales y externos”, dice.

Pero, ¿se puede? Brodersohn duda. “El gradualismo en el 2018 comenzaría debilitado por las consecuencias del gradualismo en el 2017 que lo llevó a utilizar el tipo de cambio y las tarifas públicas como ancla antiinflacionaria”, dice. En otras palabras, el dólar está bajo (nuevamente) y el rojo fiscal sigue allí, grande y latente. Seguir por allí, sugiere, es poco sustentable.

¿Entonces shock? Eso es lo que parece sugerir el experimentado economista. Pero advierte: “El shock tiene como prerequisito una coalición con otra/otras fuerzas políticas”. ¿Un Pacto de La Moncloa? No, miremos del otro lado de Los Pirineos.  “El objetivo sería invitar a algunos partidos de la oposición a compartir las ventajas como así también los costos políticos de ser parte en las decisiones de Gobierno. Se trata de integrar un gobierno de cohabitación como lo fue en Francia en 1986-88 con Mitterrand (Presidente socialista) y Jacques Chirac (primer ministro de derecha). O en Chile con la coalición gobernante de la Democracia Cristiana con el Partido Socialista.  O como lo lleva adelante Emmanuel Macron, que fue electo Presidente siendo primera minoría y sin una estructura política que lo contenga”, dice Brodersohn.

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