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El dólar no ha muerto

Una nube en el horizonte, un leve aroma o una baja de tasas más rápida que la descontada será suficiente para que el “billete” resurja.

08-06-2016
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por Miguel Zielonka (*)

Los precios de los activos financieros se mueven constantemente. El concepto de equilibrio es útil para analizar y entender la tendencia, aunque por los factores psicológicos que menciono a continuación, los mercados más bien transitan entre equilibrios, muchas veces sobrerreaccionando entre extremos.

Los participantes del mercado son, con todo, seres humanos. Como tales, aun siendo racionales, responden a dos estados anímicos: miedo y codicia. Supongo que ambos son viejos conocidos del lector y que coincidirá conmigo en que los inversores respondemos al miedo pisando el freno y reaccionamos frente a la ausencia de miedo con codicia, bombeando el acelerador.

Hace unos tres meses, el estado de ánimo de los inversores era de miedo. La devaluación se había acelerado y se nota incertidumbre en cuanto al acceso al financiamiento externo. La suba de la tasa de interés generó en aquel entonces un cambio de tendencia. Poco a poco desapareció el miedo y los inversores empezaron a mirar con cariño primero, y a paladear después, tasas del 38% anual. Vino luego la exitosa emisión de deuda nacional que abrió las compuertas del financiamiento a provincias y empresas del sector privado. El miedo fue enterrado y los inversores se pararon encima del acelerador.

Ahora reina la codicia. Encima, el precio de la soja sigue en alza, y el proyecto de ley de sinceramiento fiscal puede lograr alguna que otra repatriación de fondos. Ningún inversor quiere pisar el freno. ¿Para qué? ¿Por qué perdernos la tasa de interés? Si las últimas catorce semanas nos salió bien.

La tendencia de fondo sigue intacta. La devaluación nominal del peso va a ser moderada, tímida, y va a perder la carrera frente a la inflación al menos hasta fin de año. Sin embargo, en el momento menos esperado, la historia volverá a repetirse. En algún punto el miedo renacerá de sus cenizas y se apagará el sentimiento de codicia en las mentes de los inversores. Una pequeña nube en el horizonte, un leve aroma detectado con el olfato o una baja de tasas más rápida que la descontada por el mercado será suficiente para que los inversores quieran pisar el freno. El dólar volverá a la vida, fugazmente. Será durante el cuarto bimestre. Como toda profecía que se precie, no decimos de qué año.

(*) Director Asociado en Econ- Views.

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