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El debate acerca de la política del Gobierno contra la inflación

Algunos economistas se manifestaron sobre el anclaje en lo monetario. Expectativas a futuro.

28-07-2016
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por Mariano Cúparo Ortiz

El Banco Central decidió esta semana dejar por tercera vez consecutiva sin cambios la tasa de Lebac a treinta días, pese a que reconoció que la inflación se desaceleró según todos los indicadores provinciales y nacionales, públicos y privados. La entidad monetaria que conduce Federico Sturzenegger se mueve con cautela, explicó, para consolidar esa desinflación. ¿Es suficiente con la política monetaria? ¿Se pueden bajar los precios sin afectar el consumo?

Hace días, Gabriel Caamaño Gómez, socio de Consultora Ledesma, dijo a El Economista que la política fiscal es contraria a las metas de inflación del BCRA. Como el déficit fiscal crece (se duplicó en junio), el BCRA se vería obligado a emitir billetes ya sea que se financie mediante deuda externa, interna (potencialmente, para evitar la apreciación cambiaria) o directamente por emisión. Todo esto implicaría pensar que no alcanza con política monetaria para combatir la inflación. Pero el debate es prolífico y su discusión principal es qué ocurrirá con la inflación y parte desde la pregunta de si está bien la política oficial.

Fausto Spotorno, de la consultora Orlando Ferreres y Asociados, tiene una visión más cercana a la del Gobierno: “La política monetaria alcanza para frenarla porque es un fenómeno monetario. Lo que hace el BCRA es no crear suficiente dinero como para que cualquiera pueda poner cualquier precio. Si aumenta 15% la cantidad de dinero, eso significa que el valor total de las transacciones sólo pueden crecer 15%. O crecen las cantidades o los precios”. Y luego explicó: “Si las expectativas están fuera de lo que está generando la política monetaria, va a ser más traumático. Si la cantidad de dinero crece 15% y los agentes tienen expectativas del 40%, van a subir 40% los precios y van a caer las ventas”.

“Ahí otras políticas que hizo el BCRA, como volver a publicar el REM ayuda a coordinar expectativas. Y allí se deben alinear otras políticas como las negociaciones entre empresas, estado y sindicatos. Estas cuestiones no es que no sirvan para nada pero son secundarias”, definió en declaraciones a El Economista.

También consultado por El Economista, Gabriel Zelpo, de Elypsis, brindó una tercera visión: “No alcanza la política monetaria, al menos para las metas que plantea el Gobierno, que son bastante ambiciosas. Logró desacelerar la inflación desde niveles muy elevados luego de una devaluación y frenó las expectativas evitando que se espiralice pero es muy difícil para el BCRA bajarla fuerte si está solo haciendo este esfuerzo”.

En ese aspecto, la inercia de la inflación parece ser la clave y la razón por la que los economistas de ese lado del mostrador sostienen que debe haber algo más que un esfuerzo del BCRA. Zelpo explicó: “El gran problema ahora es la inercia. El BCRA no ha podido fijarla en torno a lo que ellos esperan para desacelerarla. Y si lo hace el BCRA solo es muy costoso en términos de shock de tasa de interés y los efectos que tiene en la economía”. Y luego expresó: “Tiene que ayudar la politica fiscal. En los procesos exitosos de desinflación de America Latina ha estado la política fiscal con tono contractivo para aflojar las presiones sobre la demanda”.

En este punto, Spotorno empieza a coincidir. Sostuvo: “El BCRA emite dinero en general cuando el Estado se lo pide. Casi siempre los excesos monetarios que generan inflación son porque hay necesidades primordiales que hacen que se emita. Y en general es por el Estado. Con un BCRA independiente eso no pasaría, en la teoría, pero en la práctica todo depende de la necesidad política de gastar. Ahí ya no depende de la política monetaria”.

“El Gobierno está resolviendo este dilema con deuda interna, que no implica necesariamente emisión. Pero igual si tengo un déficit de 6 puntos del PIB y la economía no crece, el BCRA no está emitiendo pero a la larga alguien va a dejar de prestarme y vuelvo a la misma. La necesidad imperante es financiar el déficit fiscal”.

La gran pregunta es cuándo Cambiemos logrará cumplir la promesa de campaña de bajar la inflación y que a la vez el consumo interno repunte. El mérito, más que si logra bajar los niveles actuales generados por la devaluación y el aumento de tarifas, será si logra perforar el promedio de 2015. Al respecto, Zelpo opina: “Al 1,8% o 1,9%, es decir a niveles similares al promedio de 2015, va a llegar antes de diciembre. Pero no al 1,5% que espera el BCRA. Para perforar ese piso yo creo que va a haber que esperar hasta mediados o fines del año que viene”. Spotorno es mucho más optimista: “Lo vamos a ver a finales del tercer trimestre y principios del cuarto”.

En cuanto al consumo, hay consenso en que la baja de la inflación es a costo de una caída, pero hay diversas expectativas a futuro. “La caída del consumo ayudó a que se frenaran los niveles elevados de inflación debido a que la demanda estaba muy floja. Creo que va a reactivar de vuelta. Y por eso a la inflación le va a costar desacelerarse. La desinflación se dará con reactivación”, concluye. Spotorno opinó: “El consumo va a salir perdiendo. No queda claro si es por la política monetaria o por el resto del set de medidas que restringió el consumo adicionalmente: tarifas y devaluación. Pero este tipo de políticas monetarias implica una caída del consumo y una recuperación muy gradual”.

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