El Economista - 70 años
Versión digital

mie 28 Sep

BUE 12°C
Versión digital

mie 28 Sep

BUE 12°C
Claves

El acuerdo con FMI está en sala de espera

El preacuerdo ya levantó polémicas, pero fue el primer paso adelante de Guzmán para alejar de la formación de expectativas un default políticamente inmanejable

fmi martin guzman chodos
fmi martin guzman chodos fmi martin guzman chodos
Héctor Rubini Héctor Rubini 02-02-2022
Compartir

El anuncio de un acuerdo con el FMI y el pago al organismo evitaron otro salto del dólar “blue” y una caída acelerada de la demanda de pesos. Pero las dudas y cuestiones irresueltas no son pocas. El presidente Alberto Fernández anunció el viernes por la mañana un acuerdo que “no nos impone llegar a un déficit cero”. 

Sin embargo, el FMI expresó que en realidad se logró “un entendimiento sobre políticas clave, incluyendo un sendero fiscal hacia una mejora gradual y sostenible de las cuentas fiscales, reducir el financiamiento monetario y el déficit primario a cero para 2025”.

Además de desmentir que no se impone llegar a déficit cero, el FMI informó que el “acuerdo” es algo todavía no concretado: “El trabajo continuará hacia el logro de un acuerdo con el staff técnico”, y que “la tarea apunta a lograr un acuerdo final sobre un programa sujeto a la aprobación del Directorio Ejecutivo del FMI”.

El ministro Martín Guzmán sostuvo que el déficit fiscal primario será de 2,5% del PIB en 2022 (menor al 3,1% del proyecto de ley de Presupuesto de 2022), 1,9% para 2023 y 0,9% para 2024. Para este año, “el financiamiento monetario será de 1% del PIB; en 2023 alrededor de 0,6% y en 2024 este será cercano a 0%”. Por lo tanto, la emisión de deuda para financiar el déficit primario se proyecta en 1,5% del PIB en 2022, 1,3% en 2023, 0,9% en 2024, e implícitamente 0% en 2025. 

El instrumento mencionado es la reducción de los subsidios a empresas privadas y la consiguiente suba de tarifas. Sin detalles sobre su magnitud y secuencia en el tiempo, es imposible evaluar su impacto sobre la inflación. Para este año, ya antes de este anuncio las estimaciones privadas en general ya se ubicaban por encima del 60%, bien lejos del nada creíble 33% del fallido proyecto de Ley de Presupuesto 2022. Pero esa medida sola no provee suficiente información. 

Impuestos y desembolsos

El ministro dijo que el gasto público va a crecer en términos reales. ¿Habrá subas de impuestos? El “consenso fiscal” de diciembre, ¿preanunciaba otras subas de impuestos además de las ya informadas? Y el FMI en estos casos nunca ha objetado (todo lo contrario) los impuestos de fácil recaudación: las retenciones a las exportaciones. En materia tributaria, ¿será el campo el pato de la boda?

El viernes, el ministro Guzmán habló de “desembolsos” del organismo. ¿Serían montos para pagos de la deuda actual, y ser devueltos en plazos más holgados? ¿O habrá sumas extra que incrementarán aún más la deuda con el organismo? También se ha hablado de eliminar subsidios a tarifas públicas, ¿pero cómo evitar su traslado a precios, y posteriores reclamos de subas salariales compensatorias? ¿El FMI realmente aceptará “acuerdos” de precios como núcleo de una estabilización creíble y nada más? 

Los supuestos desembolsos serían por los devengamientos actuales para ser devueltos luego del período de gracia. Esto y la cesión del FMI de US$ 4.500 millones pagados previamente cubriría la exigencia de divisas al Gobierno para pagos de vencimientos de 2022, aparte de los vencimientos al FMI y al Club de París: son casi US$ 12.298 millones, de los cuales US$ 7.758 millones corresponden a la amortización de una letra intransferible del BCRA. El resto son US$ 4.540 millones. 

El ministro agregó a esto una aparente meta de aumento neto de las reservas líquidas del BCRA por US$ 5.000 millones. Su factibilidad no es imposible, pero varios factores tornan incierta la evolución de las cuentas externas: restricciones por nuevas cepas de coronavirus, el problema mundial de espacio disponible en puertos que demora los fletes, el riesgo de conflictos armados, políticas monetarias contractivas en países desarrollados, baja confianza en bonos y otros activos de emisores argentinos.

Sin contracción económica se requiere mejorar la competitividad y los ingresos por exportaciones de bienes y servicios, y macroeconómicamente revertir la tendencia de la última década al crónico exceso de demanda agregada de bienes y servicios. Es más que necesario un tipo de cambio real más alto, desacelerar el crecimiento del consumo público, y acelerar el crecimiento de la oferta local. 

Y esto exige certidumbre, estabilidad de precios y de reglas de juego, ahorro, inversión, demanda de factores de producción, mejoras de productividad, y fundamentalmente liberar la oferta y uso de recursos y factores de producción del cúmulo de impuestos y regulaciones ineficientes que se fueron implantando en las últimas dos décadas. 

La reducción de los subsidios a la energía y al transporte es una señal en esa dirección hacia un largo plazo de recuperación de la inversión difundida en una amplia diversidad de sectores, del empleo y de la solvencia fiscal. Pero en el corto plazo su impacto en los costos internos se trasladará a precios. 

Los controles de precios podrían desacelerarlo algo, pero también exacerbar expectativas de inflación y de depreciación del peso. Si el BCRA impulsara una fuerte suba de tasas de interés, la inversión, la actividad y recaudación impositiva tal vez crezcan en términos reales bastante menos, por caso, que el 4% real que el fallido proyecto de Ley de Presupuesto 2022 pronostica para el PIB de este año. Habrá que ver los términos del acuerdo y la coherencia de las proyecciones para entender qué metas se quieren lograr, en cuánto tiempo, si son factibles y si son política y financieramente sostenibles. 

Un programa viable

Un programa viable debería explicar de manera creíble y convincente a qué puerto se quiere llegar y cómo. El cómo exige aclarar cómo es que se tratará de lograr (comprometiendo además a no menos de tres gobiernos futuros): a) déficit primario cero sin “volver a las andadas” del período 2007-2019, b) incentivos para la inversión real directa (local y extranjera) y la modernización tecnológica de buena parte de la economía, c) superávits de cuenta corriente de la balanza de pagos, d) corte del financiamiento al Tesoro desde el BCRA (remisión de utilidades de las reservas internacionales, adelantos transitorios, operaciones con divisas), e) eliminación del pasivo cuasifiscal del BCRA por pases y letras, f) estabilidad de precio y del tipo de cambio permanentes, y sostenibles.

Un tema verde

Aquí es donde es crucial aclarar el futuro del cepo cambiario. El mismo se aplicó para desalentar la demanda de dólares y recuperar la preferencia por pesos, pero al igual que entre 2011 y 2015, condujo en dos años a exceso de oferta de pesos y de demanda de dólares, y a un BCRA casi sin reservas líquidas. 

Si las brechas cambiarias subieron a diario en los días de enero de mayor demanda de pesos, ¿qué se puede esperar para los próximos meses, si no cede la demanda de dólares, o si el stock de reservas del BCRA no retorna a un sendero ascendente de manera permanente y no transitoria? La ambigüedad en ese punto puede ser tan mal recibida como el anuncio de una “larga vida” al cepo y al desordenado desdoblamiento cambiario de estos últimos dos años.

El preacuerdo ya levantó polémicas, pero fue el primer paso adelante del ministro Guzmán y del Ejecutivo para alejar de la formación de expectativas un default políticamente inmanejable. Llevaba inexorablemente a un aislacionismo fuertemente empobrecedor como el que sigue padeciendo Venezuela. 

Pero si algo queda claro, al menos para las autoridades, es que se agotó el margen y el tiempo para postergar reformas más que necesarias para recuperar la inversión, la competitividad y la estabilidad perdidas a partir de 2011. 

Caso contrario, la persistencia de políticas macroeconómicas incoherentes y de desequilibrios en las cuentas públicas y externas precipitarán, tarde o temprano, la repetición de episodios de crisis que pueden detonar por cualquier frente, no sólo por el mercado de cambios o por el de bonos del Gobierno. 

En esta nota

Seguí leyendo

Enterate primero

Economía + las noticias de Argentina y del mundo en tu correo

Indica tus temas de interés