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"Cómo hacen los pobres para sobrevivir" de Auyero y Servían

¿Cómo es vivir en los márgenes? ¿Qué hacen quienes menos tienen para asegurarse una vivienda, alimentos o ropa? ¿Cómo lidian con la violencia? El nuevo libro Javier Auyero y Sofía Servían intentan responder

Este libro revelador describe cómo los habitantes de la periferia urbana son expertos en combinar estrategias.
Este libro revelador describe cómo los habitantes de la periferia urbana son expertos en combinar estrategias.
13 julio de 2023

Las personas con quienes hablamos para redactar este libro no son ni víctimas ni héroes. Como bien señala el sociólogo Loïc Wacquant, no es tarea de las ciencias sociales "entregar insignias de valentía. El científico social no es un moralista; su misión no es celebrar ni denigrar a los agentes sociales, sino informar con minuciosa precisión sobre su conducta y sobre cómo el sentido que le dan a esta conducta y a otros configura conjuntamente su curso y efectos" (Wacquant y Vandebroeck, 2023). 

¿Cómo llevar esta declaración de buenos principios a la práctica concreta de investigación? A lo largo de nuestra investigación examinamos estrategias y relaciones en distintos universos sociales (el barrio, el hogar, la cárcel, el centro comunitario, etc.) y nos focalizamos tanto en sus variaciones internas como en sus conflictos y ambivalencias (Smith, 2019). 

Mirar la heterogeneidad de los márgenes urbanos e intentar iluminarla con lo que sabemos sobre casos análogos en otras geografías o tiempos históricos también nos será de utilidad en esta tarea. Recorrer distintos escenarios, examinar su diversidad, sus tensiones y sus ambigüedades, y analizarlas a la luz de la literatura existente será entonces nuestra manera de construir argumentos evitando tanto alabanzas como condenas. 

Nuestro desafío al producir y analizar el material etnográfico es reconstruir las formas en que los procesos estructurales y políticos que generan y reproducen la duradera privación material y simbólica son vividos en el entramado de relaciones interpersonales de los habitantes de una zona urbana con altas carencias materiales y simbólicas. Las condiciones de privación y de inseguridad que allí experimentan sus habitantes dificultan tanto sus capacidades de autodeterminación (esto es, su libertad) como sus posibilidades de llevar adelante una vida floreciente (Wright, 2021; Sen, 1983; Nussbaum, 2006). Sin embargo, en medio de la penuria, la violencia y la marginalidad, veremos que los habitantes anhelan otra realidad para ellos y para sus familias.

Esos anhelos y aspiraciones aparecen articulados no solo en sus palabras, sino también en sus prácticas, desde tomar una tierra para construir allí sus hogares hasta participar en acciones ilícitas como el robo o la venta de drogas criminalizadas, trabajar a diario en un comedor alimentando a cientos de familias, y organizar el cuidado frente a los riesgos cotidianos que presenta la desenfrenada violencia interpersonal que azota a la zona. 

Si bien es importante no caer en descripciones románticas, distorsionadas o higienizadas de la vida de los más destituidos, es imperioso resaltar -no solo porque así surge de nuestra investigación, sino también para contrarrestar los perniciosos estigmas existentes- que estos anhelos también se expresan cuando ellas y ellos intentan "hacer lo correcto" -proteger a un familiar, educar a una hija, resguardar a un nieto, coordinar un comedor- en un contexto que conspira a diario contra ello. Las ciencias sociales, y la sociología en particular, están en terreno relativamente seguro cuando se trata de describir y explicar las desigualdades duraderas de clase, raza y género, y los mecanismos que las generan y aquellos que producen la privación material y simbólica.

Las certezas decrecen cuando se trata de comprender e interpretar las maneras en que las personas, solas o en grupo, les dan sentido y lidian con la desigualdad y la destitución. Estas experiencias y significados son cruciales porque muchas veces realizan el trabajo cultural necesario tanto para perpetuar como para desafiar el orden político y económico que produce la pobreza. Nos abocaremos a experiencias y significados de la acción colectiva, de la cotidianeidad barrial, de las violencias y los miedos, de la intimidad familiar, de las complejas relaciones con la actividad política y con el Estado. 

Prestaremos atención a las maneras en que se vive y se siente la miseria, destacando que, curiosamente, los habitantes de las zonas más marginadas afirman haber experimentado un progreso sostenido en sus condiciones de vida (durante las últimas dos décadas) y, al mismo tiempo y de manera no contradictoria, sienten que se encuentran casi absolutamente desprotegidos -sentimiento que engendra una suerte de inseguridad existencial que se manifiesta cuando, como Chela y Soledad, hablan de sus magras dietas, sus precarias rutinas y sus limitadas aspiraciones-. 

Centrados en experiencias íntimas y en relaciones cara a cara, examinaremos la pobreza extrema como experiencia caracterizada por la carencia aguda de recursos tanto materiales como simbólicos, por el apilamiento de distintos tipos de desventajas en una multiplicidad de dimensiones (psicológicas y sociales) e instituciones (el mercado laboral, la asistencia social, la prisión). Argumentaremos, mediante la demostración empírica, que esta pobreza es también duradera -pondremos en evidencia los efectos perdurables de traumas acontecidos en la temprana edad y la experiencia constante de la miseria a lo largo del  tiempo-. 

Examinaremos con detenimiento situaciones de animosidad lateral y explotación  horizontal generadas en lo más bajo de la escala social y simbólica, y prestaremos particular atención a la manera en que la miseria conurbana es (mal)tratada, procesada, por la política. 

Contra lo que sostiene el propio discurso político, veremos que la actividad política no constituye, para la mayoría de la gente con la que conversamos en estos años, una fuente de esperanza de transformación radical o estructural de las condiciones de vida. La actividad política es, por el contrario, fuente de divisiones y de sospecha mutua, y representa, al mismo tiempo, una forma muy importante en la que los habitantes procuran sobrevivir mediante la apropiación de recursos del Estado. 

La política hace referencia, desde el punto de vista local, a una relación personal con un dirigente que facilita el acceso a bienes materiales necesarios y una forma de atrapar estos recursos. 

En las ciencias sociales argentinas y latinoamericanas existe una rica tradición en el estudio de las causas estructurales de la pobreza y de la vida cotidiana y las experiencias organizativas de los sectores populares (Nun, 2001; Svampa, 2005; Poy y Salvia, 2019; Salvia y Chávez Molina, 2013; Salvia, 2012). 

Nuestro trabajo abreva en esa vasta literatura, documenta la multidimensionalidad de la miseria y la marginalidad -sus diversas manifestaciones, tal y como fuimos capaces de reconstruirlas desde el trabajo etnográfico- focalizándonos tanto en sus aspectos destructivos como en las posibilidades y esfuerzos, tanto individuales como colectivos, en medio de la precariedad y la inseguridad.

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