BCRA frena oferta en el MULC y espera canje exitoso de Guzmán

1 de junio, 2020

Pesce ubicó la tasa en 40%

 

Ya es conocido que el cepo suele engendrar más cepo. Eso es especialmente cierto cuando hay una brecha cambiaria alta y en ascenso y, además, la propia interacción entre oferta y demanda te obliga a vender reservas en la temporada alta de agrodóloares. Como agravante, no te quedan muchas balas: las famosas “reservas netas” hoy están debajo de US$ 9.000 millones. Asimismo, el escenario se completa con un default, aunque “light”, que tiñe de rojo una Cuenta Financiera sin ingresos frescos.

 

Ante ese contexto, las restricciones, que ya venían avanzando, iban camino a aumentarse más. Así fue.

 

El lunes pasado, la CNV amplió el parking a 5 días para la compra de dólares a Personas Físicas (la venta ya tenía) y sumó a las Personas Jurídicas para la compra de dólares (no para la venta). El plazo corre desde la acreditación para quienes compren títulos, acciones, ON y Cedears con pesos para luego liquidarlos en moneda extranjera hasta que se efectúa sus transferencias a entidades del exterior.

 

Después vino la caballería del BCRA, que el jueves estableció tres condiciones para el acceso al cada vez más codiciado Mercado Unico y Libre de Cambios (MULC).

 

  1. Si la empresa tiene Formación de Activos Externos líquidos debe primero disponer de esos activos para el pago de las importaciones o deudas. Líquidos implica que no se relaciona con las inversiones productivas que se realicen sino con la disponibilidad de divisas que tiene. “Se les da también a estas empresas la posibilidad de que ingresen esos activos al país y lo depositen en el sistema financiero y puedan acceder entonces al MULC. Esto les permite mantener un colchón si lo consideran necesario, pero con ese colchón dentro del sistema local”, explican en el BCRA.
  2. Se extendió de 30 a 90 días la condición de no hacer CCL ni MEP el que acceda al mercado oficial. Son 90 días antes (para atrás se cuenta desde el 1° de abril) y 90 días después, e incluiría a ahorristas.
  3. La otra condición para empresas es no haber disminuido la deuda comercial vigente al 1° de enero de 2020.

 

“Para certificar las obligaciones dispuestas se requerirá la presentación de una Declaración Jurada, la cual será verificada mediante el cruzamiento de las bases de SEPAIMPO (Sistema de Seguimiento de Pagos de Bienes) y RIOC (Régimen Informativo de Operaciones de Cambio), en caso de falsedad se bloquerá el acceso al mercado de cambios y se iniciarán las acciones penales cambiarias correspondientes”, agregó el BCRA. En abril, los pagos de importaciones subieron 46%, algo que se explica, entre otras cosas, por la sobrefacturación de algunos importadores.

 

La medida generó una alarma instantánea y muchos ya auguraron el pronto fin de los US$ 200 mensuales. En el BCRA niegan que eso esté en estudio. Pero el problema era cuál será “el dólar importador”: si el que está debajo de $70 o arriba de $100. No son diferencias menores. “Corren a los importadores del MULC y los fuerzan a hacer CCL”, se escuchó, algo apresuradamente, en el mercado. ¿Volverá la presión a esos mercados, hoy algunos escalones más debajo de los $120? ¿O se irá hacia el “blue”?

 

Eso generó alarma, luego, por el impacto inflacionario (ya estimulado por la generosa emisión monetaria en curso). La idea era que, si aumentaba el costo de reposición de esos dólares, los importadores iban a imputarlo sus nuevos precios con el del dólar accesible.

 

El agro fue uno de los primeros en poner el grito en el cielo. En una misiva dura, Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) dijo: “El efecto real es un desdoblamiento cambiario donde el productor va a terminar pagando sus insumos productivos a un dólar CCL ($115) o MEP ($107), en definitiva, un dólar de entre dos y tres veces superior al que efectivamente está cobrando por su producción (dólar soja $ 46)”, dijeron desde la entidad. Los insumos clave, como los fertilizantes, quedaron sin cotización tras la medida y eso puso patas para arriba los números de los chacareros.

 

Desde Ecolatina, ayer aseguraron que la medida “tendrá un efecto sobre la inflación” y la llaman “devaluación encubierta”. Dicen: “Dado que el costo de reposición es una variable clave para determinar el precio de un producto, y que a partir de ahora muchas empresas tendrán que importar usando dólares ahorrados que valen más que los comprados en el MULC, es probable que sus productos suban de precio”.

 

Aun así, creen que la medida será “efectiva” en la óptica del BCRA. “Pese al impacto negativo sobre el golpeado entramado productivo, el endurecimiento del cepo reducirá la demanda de divisas, permitiéndole al BCRA volver a comprar dólares (como sucedió el último viernes) y dándole al Gobierno tiempo para lograr un acuerdo con los acreedores Ley Extranjera (el presidente del BCRA mencionó que los controles se flexibilizarían si hay canje) y para lanzar un programa para potenciar la recuperación poscuarentena”, agregaron.

 

Enfáticos, en el BCRA creen que las regulaciones no tendrán impacto inflacionario y explican que “no hay ninguna limitación de ningún tipo” para importar. “No existen cupos ni DJAI ni administración ni compensación. El régimen de importación no tiene ninguna alteración, y solo se establecieron 3 condiciones de acceso al MULC”, agregan. Según esa lectura, el traslado a precios no tendría justificación.

 

El presidente del BCRA, Miguel Pesce, cree que el shock del acuerdo entre Argentina y sus acreedores, cada vez más cerca, descomprimirá la tensión cambiaria. En diálogo con Bloomberg, agregó que podría pensarse, incluso, en aflojar algunas restricciones más adelante. Además, el banquero agregó que el tipo de cambio oficial no está atrasado. “Ningún líder empresarial se queja del tipo de cambio”, expresó. La vocación cambiaria del BCRA es seguir moviendo la paridad vía un “crawling-peg” cuya tasa de depreciación implícita sea menor que la de los bonos del Tesoro para estimular el siempre anhelado mercado local en pesos.

 

Dejá un comentario