¿Revancha de la política?

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24-03-2020
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Por Lucio Guberman

Las medidas más eficaces ante el brote no apelan al desarrollo tecnológico, farmacéutico, o científico sino a la capacidad de control sobre las poblaciones. El sustrato más básico de la política, un regreso a Thomas Hobbes y su pacto de sujeción.

Esa es precisamente la dimensión en la que más cómodamente se mueve el actual elenco gubernamental. De hecho, la reacción ante la pandemia puso al gobierno de Alberto Fernández en una posición de control de la situación como no la había tenido desde la asunción.

El rápido cambio de foco de la estrategia sanitaria del dengue y el sarampión hacia el coronavirus le permitió al Presidente mostrarse en un rol conocido para un mandatario peronista: con la decisión política en primer plano y por encima de la dinámica autónoma de la economía. Ante la amenaza vital, la política se reencuentra con un nivel de legitimidad que le venía resultando esquivo. Son varios los impulsos legitimadores de ciertas decisiones del Gobierno que trae el Covid 19.

Medidas polémicas como el control de precios y abastecimiento pasan a legitimarse por este efecto paradójico de la globalización.

El contraste con decisiones del expresidente Mauricio Macri, quien había reducido a Secretaría al Ministerio de Salud, también encuentra en la amenaza sanitaria una fuente de legitimación que va más allá del voto duro del peronismo.

El Gobierno leyó inmediatamente que Argentina tiene otra cultura política y ciudadana que la del Reino Unido. Y si allá se tomó una decisión de “laissez faire, laissez passer” (ayer revertida), aquí se imponía todo lo contrario: restricción de movimientos lo más rápidamente posible. En el Reino Unido, el valor que el Gobierno no puede amenazar, salvo caso de excepción, es el de la libertad y eso hizo inicialmente Boris Johnson a un alto costo.

Por el contrario, la conducta típica de Argentina es hacer cada uno lo que mejor le parezca y cuando las cosas salen mal echarle la culpa al Estado. Por eso, un Gobierno que tomó rápidamente las medidas de cuarentena y las fue endureciendo, hizo lo que había que hacer aquí. Fue tan veloz la toma de decisiones en Olivos que quedaron marginados los gobernadores. De ahí que los “celos” por el centralismo de los anuncios de Fernández flanqueado por Horacio Rodríguez Larreta (CABA) y Axel Kicillof (PBA) provocaron que, para comunicar el endurecimiento de las restricciones a los movimientos en todo el país, el Presidente los convocara a todos.

Sin embargo, el mayor aporte legitimador que promete traerle al Gobierno este brote está en que la evaluación de los resultados económicos de la actual gestión quedarán diluidos en los efectos de la pandemia, una suerte de seguro contra todo riesgo para Fernández: si rebota la economía, gana; si sale mal, no es su culpa.

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