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Fernández en el CCK

Lennon, terapia grupal y misión “desinfladora” ratificada (pero sin instrumentos)

Fernández ratifica la gravedad del flagelo inflacionario (y eso es positivo), pero faltan medidas concretas y menos invocaciones literarias

Alberto Fernández y Sergio Massa en el relanzamiento del CES.
Alberto Fernández y Sergio Massa en el relanzamiento del CES. Agencia Telám
Alejandro Radonjic 29 marzo de 2022

El Gobierno parece extraviado en su cruzada contra la inflación. La misión “desinfladora” no figuró en el decálogo de Matías Kulfas, pero está presente todos los días en la mente presidencial (y la de todos los argentinos). Una inflación como la actual es inaguantable. 

Más allá de alguna bondad contable por la licuación, una tasa de inflación de más de 50% como la que hoy tiene Argentina (y que persistirá varios meses) complica todo. Ganar elecciones, también. 

El Gobierno la tiene muy difícil. Quiere (y necesita) que vaya bajando, pero también tiene que tomar medidas, ahora auditadas por el FMI con la amenaza constante de los desembolsos, que subirán la inflación: desde acelerar la tasa de devaluación hasta subir las tarifas. Y, sí, encima la guerra (en Ucrania). La máxima aspiración oficial parece ser ponerle un techo en 58-60% a la inflación de 2022. 

Ayer en el CCK, Alberto Fernández contó que el lunes tuvo “una charla con amigos de la UIA y con amigos de la CGT” y que fue “una primera charla”. Según relató ayer, les dijo: “Miren, hemos probado mil formas. Nos peleamos, discutimos, algunas veces nos bombardearon, bueno, porque una vez no probamos de sentarnos en la mesa contarnos que nos pasa, hagamos una suerte de terapia de grupo y encontramos una solución en conjunto, dialogada. Pero démosle una oportunidad al dialogo como Lennon, que le pedía al mundo que "le den una oportunidad a la paz”. 

Fernández volvió a decir que “el mayor problema que tenemos en Argentina se llama inflación” y “hay que entender que en gran medida es problema nuestro”. Un avance contra el Gobierno de Cristina Kirchner donde, Indec intervenido mediante, no se podía hablar del tema. Como máximo, se decía “nominalidad” o “dispersión de precios”. Pero hoy el problema es más grande que entonces. 

Según un cálculo antojadizo de Fernández, en base a charlas con “Martín” (por Guzmán),  “de los cincuenta puntos de inflación que la Argentina ha tenido” (y tiene) “debe haber diez que tienen que ver con la guerra y el contexto internacional, pero hay cuarenta que son nuestros”. 

Eso, dijo, “hay que revisarlo, eso está mal, eso nos daña a todos, porque entre otras cosas el capitalismo necesita de la gente que consuma, un capitalismo que prescinde de los consumidores es un capitalismo que se mata, que se suicida, y lo que tenemos que garantizar es el consumo de nuestra gente para que ese capitalismo siga vivo, para que el que invierte tenga ganas de invertir y seguir invirtiendo para crecer, y nada lastima más que la sensación de crecimiento que la inflación, porque lo que sentimos es que lo que ganamos no nos alcanza, nos dura poco, no nos deja ahorrar, no nos deja crecer a futuro”. 

Terminología dura para un problema que es serio y lamentablemente no se resuelve en cinco minutos. Faltan medidas (lo de Roberto Feletti son paliativos), por cierto, pero es un diagnóstico que tiene la crudeza necesaria que ameritan los problemas graves.  

Aunque este fuera del control del Gobierno, también ayudaría que escuchen el himno de John Lennon en el Kremlin. Argentina seguirá teniendo un problemón inflacionario (quizás algo menor, aunque aquí los precios nunca bajan), pero “el mundo vivirá como uno”, tal como en “Imagine”.

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