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El foco en la reelección

El FdT, en la etapa superior de la interna y un 2023 que puede parecerse más a 2003 que 2019

El “bicoalicionismo” pierde fuerza y no puede descartarse un escenario fragmentado con varios candidatos en 2023

La fractura se acentúa a poco más de un año para el cierre de listas.
La fractura se acentúa a poco más de un año para el cierre de listas.
Augusto Milano 10 mayo de 2022

Se puede seguir hablando de una interna en el Frente de Todos, ¿o ya escaló a una etapa superior y se asiste a una fractura expuesta que tardará más o menos en oficializarse? Desde el rechazo de los legisladores de La Cámpora y el kirchnerismo duro al acuerdo con el FMI la división parece no tener marcha atrás. 

A esta altura es muy artificial hablar de las lógicas diferencias de matices que hay en toda coalición. Es mucho más que eso y hay dos visiones contrapuestas sobre el manejo de la economía, pero también de la política y de la relación con los distintos sectores.  

El viernes pasado en Chaco, Cristina Kirchner, como si fuera una opositora, cargó contra la política económica del Gobierno y cuestionó a varios ministros. Ayer llegaron las respuestas por parte de los funcionarios aludidos y el conflicto se sigue profundizando. Luego legisladores del “oficialismo crítico” presentaron un proyecto de salario universal sin diálogo previo con el Gobierno. Este sector parece pensar que tiene que ser el garante de la distribución mientras que los equilibrios macroeconómicos son un problema del Gobierno.   

Cristina hizo casi todo mal en el armado político de 2015 y sus errores fueron decisivos para que el oficialismo perdiera las elecciones. En 2019 se reivindicó e hizo casi todo bien y, por eso, el Frente de Todos pudo aprovechar los errores del Gobierno de Mauricio Macri y obtener un triunfo contundente. Pero lo que sirve para ganar elecciones, se comprueba una vez más, no necesariamente sirve para gobernar. 

Del triunfo de la fórmula Fernández-Fernández se podrían desprender tres escenarios. 

  1. Una convivencia virtuosa entre ambos, cada uno desde su lugar, pero empujando en la misma dirección. 
  2. Una sumisión total de Alberto a Cristina por ser ella la principal aportante de votos que hubiese significado un deterioro de la autoridad y la institución presidencial.
  3. Una fractura más o menos explícita entre ellos por diferencias en la orientación del Gobierno. 

Finalmente, está ocurriendo lo tercero.

A poco más de un año para el cierre de listas, la estrategia de los distintos sectores del oficialismo parecería ser la de continuar con esta situación de tensión interna en la que las diferencias se hacen explícitas, pero sin rupturas formales. El Presidente no las va a provocar porque no quiere aparecer como el responsable de la división y sabe que, en ese caso, su Gobierno se debilitaría. Sus críticos dentro del FdT tampoco se irían porque consideran que el Gobierno es de ellos. La ruptura oficial sería el año que viene, y no ahora.

En los últimos tiempos, la idea era que Argentina tenía un sistema político asentado en dos coaliciones estables ya que se suponía que había incentivos para sostener la unidad de cada una de ellas porque, aquella que se dividiera, perdería las elecciones. 

Pero esa visión comenzó a perder fuerza porque sostener la unidad también tiene sus costos en la medida en que puede implicar sacrificar identidad, y ahora no puede descartarse un escenario político fragmentado con varios candidatos presidenciales competitivos en 2023. Acaso más parecido al de 2003 que al de 2019.

En ese caso, la experiencia del Frente de Todos demuestra que una fórmula compartida entre todos los sectores del peronismo como fue la de 2019 ya no resulta creíble. Por eso, muchos sectores del kirchnerismo duro consideran necesario que Cristina encabece una fórmula y que compita directamente. Podrán ganar o perder, pero piden no volver a la experiencia de transferirle votos a otro candidato porque eso no suele terminar bien. 

La situación de Fernández es distinta porque su lógico interés en ser reelecto está condicionado a que mejore la situación económica. Con una inflación superior al 65%, ganar una elección es muy difícil para cualquier Gobierno. El Presidente lo sabe, pero cree que la situación puede revertirse y que la tasa de inflación se desaceleraría en los próximos meses y durante 2023, aunque manteniéndose en un nivel elevado. 

Al mismo tiempo está convencido de que los datos de actividad y empleo serán positivos y, sobre ellos, intentar captar el voto ciudadano y demostrarles a sus ¿ex? socios que siguió el camino correcto.

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