El Gobierno de Alfonsín

El diario del quinto piso enseña muchas cosas al Presidente, pero a la vice y al hijo también

Si se cambia a Sourrouille por Guzmán, a Alfonsín por Fernández, a los históricos de la UCR por Cristina, a la “Coordinadora” por La Cámpora y a Grinspun por Basualdo (el subsecretario de Energía Eléctrica) el paralelismo es implacable

El libro cuenta las tribulaciones de Juan Vital Sourrouille y su equipo económico entre 1985 y 1989 en la negociación con el FMI.
El libro cuenta las tribulaciones de Juan Vital Sourrouille y su equipo económico entre 1985 y 1989 en la negociación con el FMI.
Jorge Colina Jorge Colina 06-04-2022
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Cristina Kirchner le regaló a Alberto Fernández el libro “Diario de una temporada en el quinto piso” de Juan Carlos Torre. Dicen los rumores que al Presidente no le gustó el acto. Las sospechas del disgusto presidencial se inclinan por el final del libro, que es la hiperinflación y la caída de Raúl Alfonsín. 

Pero, por ser el libro una crónica de hechos históricos, da para una infinidad de interpretaciones. De hecho, muchos paralelismos de esa crónica se pueden hacer con la relación del presidente con Cristina Kirchner y su hijo.

El libro cuenta las tribulaciones de Juan Vital Sourrouille y su equipo económico entre 1985 y 1989 en la negociación con el FMI. Pero dichas tribulaciones no las sufrían solo con el FMI. La sufrían mucho más con el ala política del radicalismo. 

La crónica cuenta que Alfonsín confiaba mucho en la pericia técnica de Sourrouille y le dio toda su confianza. Pero, por no provenir Sourrouille de la militancia del radicalismo, no era muy aceptado por los “históricos” y los jóvenes de la “Coordinadora” de la UCR

De hecho, el libro cuenta que entre las primeras tribulaciones que tuvo Sourrouille fue la animadversión que recibía de Bernardo Grinspun, que era el “histórico” que ocupaba la cartera de Economía antes de él. Por qué Grinspun seguía influyendo en el Ministerio de Economía habiendo sido reemplazado, es porque Alfonsín no se animaba a desplazarlo completamente de la cartera económica, porque era un “histórico”.

El libro abunda en anécdotas en que el equipo tomaba definiciones técnicas para negociar con el FMI, pero luego eran apaciguados, muchas veces por el propio Alfonsín, para avanzar más despacio teniendo especial sensibilidad por al ala política. En otros tramos surge que Alfonsín a veces se mostraba decidido a apoyar las medidas de Sourrouille, aunque luego se amilanaba cuando aparecía el ala política de la UCR.

Si se cambia a Sourrouille por Martín Guzmán, a Alfonsín por Alberto Fernández, a los históricos de la UCR por Cristina Kirchner, a la “Coordinadora” por La Cámpora y a Grinspun por Federico Basualdo (el subsecretario de Energía Eléctrica) el paralelismo es implacable. 

En esta perspectiva, la historia del quinto piso en la época de Sourrouille tiene muchas enseñanzas. La primera y fundamental es que el divorcio entre lo técnico y la política nunca lleva a buen puerto. Argentina siempre está en crisis por este divorcio. 

Desde el primer peronismo en la década del '40 hasta finales de los '80 fueron 40 años seguidos de déficit fiscal que se financió con ahorros previsionales, bonos públicos sin valor y emisión monetaria. Esto fue producto de que la política avasalló a lo técnico. 

En la década de los '90, fundamentalmente en la primera mitad, lo técnico avasalló a lo político y entonces se instaló la convertibilidad, se logró superávit fiscal, se erradicó la inflación, se modernizó la economía y Argentina se insertó en el mundo. Pero en la segunda mitad de los '90, si bien la política no avasalló a lo técnico, se empezaron a pelear; y aquí fue cuando volvió el déficit fiscal y la deuda pública no sustentable.

El divorcio fue en el 2002. Aquí es cuando la política vuelve a avasallar a lo técnico y se rompe la convertibilidad con una pesificación compulsiva y asimétrica, se rompen los contratos (entre ellos los de energía con la consecuencia que llegan hasta hoy) y se vuelve a la firme idea de la política. 

Esto es, que a la gente no se le puede decir que no, aunque esto implique emitir dinero generando inflación. Cuando el técnico le dice al político que, al final, la emisión termina perjudicando a la gente, el político no le cree. Mucho contribuye a esto cuando algunos técnicos le dicen al político lo que quiere escuchar: que la emisión no genera inflación.

El divorcio entre lo técnico y lo político es un problema eminentemente argentino. En el 2005, Uruguay estaba en crisis económica con una pobreza del 32% de la población. Asume al Gobierno el Frente Amplio. Una coalición de 23 partidos de izquierda que gobernó cerca de 15 años, dejando a Uruguay con el mayor PIB per cápita de Sudamérica y la pobreza en 10%. 

¿Cuál fue la fórmula? No divorciaron la política de lo técnico. Los “históricos” del Frente Amplio (el expresidente José Mujica, es el principal) se ajustaron a lo que aconsejaban los técnicos. Seguramente que hubo matices según los casos, pero evidentemente prevaleció una relación armónica de mutua negociación entre los políticos y los técnicos. 

El Frente Amplio perdió las elecciones y muchos uruguayos seguramente no piensan que gobernaron bien. Pero al lado de los gobiernos argentinos, fueron de “lujo”. Mostraron una sana y marcada diferencia que tiene que ver con el respeto entre la política y lo técnico por el bien de la gente.

Este divorcio entre lo técnico y lo político fue la causa de las tribulaciones del 5to piso que cuenta Juan Carlos Torre.   

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