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Después de Guzmán

¿Cristina cayó en la trampa?

No hay desarrollo sin largo plazo y sin consenso. Ese es el ABC de la política que hace medio siglo ha sido ignorado.

Cristina Kirchner en Vietnam, en enero de 2013
Cristina Kirchner en Vietnam, en enero de 2013
Carlos Leyba Carlos Leyba 07-07-2022
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Kristalina Georgieva dijo que Silvina Batakis “se comprometió con los objetivos del programa y se comprometió a trabajar constructivamente con el FMI para lograr estos objetivos”. Con Marcelo Bonelli reiteró ese compromiso votado por la mayoría de los legisladores. 

Más allá de las posibilidades de cumplimiento, virtudes o defectos, los opositores lo suscribieron porque era el único camino para evitar el precipicio, aunque no fuera una solución a los grandes problemas. 

El kichnerismo - camporista; la izquierda y los libertarios, ambos antisistema y liberales de JxC votaron a favor del caos por el default. 

Los oficialistas a favor fueron capaces de rebeldía frente a Cristina. Dignidad de elegir “lo mejor posible”: no sumarse a la voluntad desquiciada.

La renuncia de Martín Guzmán fue la manifestación enferma de “aquí mando yo”. Pero no fue un triunfo programático de Cristina. 

El acuerdo del FMI sigue siendo la mayor racionalidad posible para este Gobierno. 

La ministro Batakis designada con el acuerdo de Cristina, por carácter transitivo, la hizo convalidar el acuerdo: menos subsidios insensatos, déficit y emisión. Más reservas. Aproximarnos al equilibrio macro. 

Lo contrario del programa de Cristina que es más subsidios (“más derechos”), más emisión antikeynesiana (emitir sin dólares, que es una medida de la indisponibilidad de la “capacidad instalada real”). 

Batakis aclaró que el “salario universal” no estaba en sus planes. 

Con el “no veto” a Silvina, Cristina “cayó en la trampa” de hacer público que acepta que no hay alternativa al acuerdo con el FMI. 

Confesó que obligó estúpidamente (malvadamente) a sus seguidores a votar en contra de ese acuerdo que ahora ella apoya.   

El enfrentamiento a la política del acuerdo, que CFK militó hasta el domingo, consistió en impedir la suba de tarifas energéticas, achique de subsidios y del déficit y la promoción del “salario universal” para siete millones de beneficiarios. 

Eso lo consumió a Guzmán, quien renunció de modo irresponsable, luego de una gestión paupérrima que empeoró todo por su incapacidad de entender que “el tiempo” es fundamental en la economía. 

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Batakis aclaró que el “salario universal” no estaba en sus planes

Inclusive habría sido digna su renuncia, y con consecuencias menos patéticas, cuando no pudo despedir a su subsecretario Federico Basualdo que desmoronaba al acuerdo. Basualdo y el Presidente le hicieron “pito catalán”. Indigno.

Esta renuncia ha sido más dañina que su gestión: arregló la deuda privada demasiado tarde y al costo que le habían ofrecido de entrada. Demoró el acuerdo con el FMI desperdiciando condiciones internacionales mucho más favorables… 

Pero lo peor es que, además del ridículo autoelogio, dice en su renuncia: “He dedicado mi vida adulta a construir una visión y capacidades para conducir un proceso de normalización del funcionamiento de la economía argentina” . Patético. 

Ni la visión ni las capacidades aparecieron. Hizo recordar a Rodolfo Rossi que, cuando asumió la presidencia del BCRA en tiempos de Carlos Menem, dijo “me preparé toda mi vida para esto”. Y en su gestión tuvimos la segunda hiper. 

Guzmán, además, dijo que luchó contra “patrones que generan incertidumbre y angustias en la vida de millones de compatriotas” y con el modo mentecato de su renuncia hizo la siembra más grande de incertidumbre y angustia que hayamos vivido en los últimos tiempos.

Dice,  sin vergüenza, que “desde el día en que percibimos que usted podía llegar a ser el Presidente de la Nación, busqué ser su ministro de Economía”.  Tocó el timbre. Dejó correr “lauros académicos externos” que no tenía y que no son antecedentes para un policy-maker.

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 Guzmán renunció de modo irresponsable, luego de una gestión paupérrima

Silvina, economista, tiene una larga carrera profesional en la función pública. 

Por su experiencia, más allá de su visión ideológica, tal vez hayamos logrado un salto cualitativo en relación a Guzmán. 

La situación que hereda es mucho peor que la que recibió Guzmán y la calidad del gobierno en el que actuará es mucho peor que en la que asumió Guzmán. Con Alberto es muy difícil gestionar. 

La confusión, las contradicciones, la debilidad, la incapacidad, son algunas de las aristas de un gobierno al que es muy difícil justificar (relaciones internacionales, educación, cuarentena, seguridad, narcotráfico, economía, pobreza). 

Los resultados son terribles. Es cierto: podrían ser peores. 

Si Argentina pudiera convertir en bienes transables sus reservas, en Vaca Muerta, de gas y petróleo a precios de paz, podría exportar US$ 50.000 millones por año por décadas. 

Los argentinos, fuera de nuestro sistema financiero, acumulamos US$ 400.000 millones. Tal vez el doble de esa gigantesca fortuna se encuentre durmiendo bajo tierra. Una moneda de pago más que suficiente para terminar con todas las tensiones externas. 

Batakis habló de “planificar” y generó temor. Es bueno saber que si se hubiera “planificado una estrategia energética” cuando apareció ese tesoro, en épocas de Cristina, ya estaríamos facturando. 

Lo contrario de “planificar” es improvisar. 

La improvisación, que es una virtud para la payada, es una carencia para la economía nacional. 

Consecuencia de la improvisación son la central Condor Cliff La Barrancosa, el tren bala, el acuerdo estratégico con China o el régimen de Tierra del Fuego, entre otras muchas cosas. 

La decadencia de casi medio siglo es la consecuencia de la improvisación en política económica y de haber abandonado la planificación de las políticas públicas y el ordenamiento de prioridades.

Fundamentalmente no planificar es el descarte de la visión de largo plazo que, por definición, en una democracia con alternancia, exige primero la amistad política, la capacidad de formular un programa  y después, el consenso para garantizar su continuidad. Las tres cosas.

No hay desarrollo sin largo plazo y sin consenso. Ese es el ABC de la política que hace medio siglo ha sido ignorado. 

Sus consecuencias son el “industricidio”, el estancamiento, la pobreza y la inflación. 

Siendo potencialmente ricos hemos logrado ser un país pobre. 

No sólo con un futuro de pobreza, que lo provee que el 60/70% de los niños sean pobres, sino con un presente de colosal empobrecimiento de los sectores medios. Barranca abajo.

En ese contexto, si tratamos de cumplir con el acuerdo del FMI, la única manera de no caer en el precipicio, debemos administrar las reservas.

El ideal, el punto de llegada, es un mercado libre de cambios. En los años '60, Europa no había llegado a eso. Nosotros estamos muy lejos de poder llegar. 

Alfonso Prat Gay, cuando fue ministro trató y liberó el mercado. Pasamos a una inflación que él no previó. El dice que Mauricio no lo dejó hacer un “acuerdo social”. 

Prat Gay, Nicolás Dujovne, Hernán Lacunza, no son lo mismo. Ni tampoco quisieron hacer lo mismo. 

Prat no pudo hacer el acuerdo. Dujovne -increíble- es el primer ministro que le puso retenciones a todas las exportaciones. Y como en una parábola, Lacunza defaulteó la deuda en pesos y apretó el cepo. 

“La necesidad tiene cara de hereje”. Cuando se gobierna la necesidad cuenta. 

Es importante ser lo suficientemente adulto para reconocer “yo lo hice”. 

Criticar es fácil. Asumir responsabilidades es sano y siembra el camino de la amistad política.

La ministro Batakis, con una expresión desafortunada que puso al turismo al exterior como un ataque al trabajo interior, implícitamente señaló lo obvio: cuando hay escasez hay cola. 

Por las razones que fueran los dólares no alcanzan para garantizar todo el nivel de producción y cumplir con el FMI. 

El mercado libre de cambios, en estas condiciones, es una quimera. 

La enorme cantidad de pesos y los pocos dólares que se ofrecerían, harían del tipo de cambio una ametralladora social. 

La inflación fuera de control pulverizaría primero los pesos de los planes y de las changas, los mecanismos actuales de organización y contención se quebrarían y en ese escenario, podríamos enfrentarnos a la agitación social incontrolable y al caos, terreno fértil para la toma de posiciones del narcotráfico. 

No estamos ahí. Pero son demasiadas las maneras de llegar.

El turismo, los viajes de negocios, de estudio, deben poder realizarse libremente. Para ello hay una provisión de dólares abundantes y simple, que no son las reservas del Central. 

Muchas alternativas bancarizadas en blanco. Para los pasaje, para el dinero y también para pagar las tarjetas. 

Las reservas del Central, con un crawling peg activo, lo deben ser para la producción. No dejar que la cotización se atrase. No puede ser un ancla. 

El ancla única es la convicción, a demostrar, de la solvencia fiscal que ha manifestado desear Silvina. 

La ministro se animó a decir que “el mejor ministro de Economía fue Gelbard”. Un acto de coraje. Satanás para muchos que militan junto a los que fueron Montoneros, sus verdaderos enemigos. 

Como sobreviviente sufriente de esa leyenda negra sobre el pacto social he recibido una caricia inesperada. 

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Juan Perón se dirige a la ciudadanía por cadena nacional

Le recuerdo a la admiradora que aquel acuerdo fue la consecuencia de la amistad política, una parábola que comenzó con La Hora del Pueblo (1971) impulsada por Ricardo Balbín y terminó con “este viejo adversario despide a un amigo” (1974). 

Fue posible por la firma de J. I. Rucci (CGT) que, con una inflación del 80% anual, aceptó un aumento de suma fija del 20% del salario mínimo, sabiendo que con eso “firmo mi sentencia de muerte” y los Montoneros -muchos en este gobierno actores, herederos o admiradores- lo asesinaron, como a tantos otros, con cobardía de “estúpidos imberbes” (Perón).

Hay en aquella gestión, seguramente, muchas cosas para criticar y creo muchísimas para valorar, además de la soja, Yacyretá, el gas de Bolivia, el Acuerdo del Río de la Plata, el pleno empleo, la estabilización. Por eso el FMI dijo que “el pacto social” fue un éxito (16/12/74).

“La leyenda negra” omite que después de J. Gelbard, Alfredo Gómez Morales con José López Rega gobernaron nueve meses para destruir aquella política. 

Después de ese embarazo completo estalló el “Rodrigazo” ejecutado por una secta que leía Astrología Esotérica de López: C. Rodrigo, R. Zinn, P. Pou, N. Catena.

Hay que perdonar a los que piden perdón.

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