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Vladimir Putin, entre urnas y armas nucleares

Entre el 15 y 17 de marzo, millones de rusos estarán habilitados para participar de las elecciones en las que se espera que Putin sea reelecto. Sin embargo, la gran particularidad de la semana fue que, en la previa de los comicios, el mandatario habló de una guerra nuclear.

Vladimir Putin, entre urnas y armas nucleares
Damián Cichero 15 marzo de 2024

Este fin de semana, más de 115 millones de rusos podrán participar de las elecciones de Rusia para definir por cuánta diferencia Vladimir Putin continuará en el poder.

Lejos de ser una democracia, Rusia se caracteriza por las reformas constitucionales en favor de Putin y la persecución de líder opositores. Sin embargo, en lo que son una especie de referéndum para respaldar al mandatario, el país celebra elecciones como en cualquier otra democracia del mundo.

Por ello, ya es una realidad que Putin, de 71 años y que llegó al poder en el 2000, continuará como presidente hasta 2030, aunque la gran pregunta es qué porcentaje sacará tras más de dos años de guerra en Ucrania. 

De todas formas, la confianza y el poder de Rusia son tan elevados que el mandatario, en la previa de los comicios, sugirió que, en el caso de ser necesario, su país estaba listo para una guerra nuclear contra Occidente, una declaración que, sin dudas, le restaría votos a cualquier candidato en el mundo, pero no a él. 

Las elecciones 

Pese a las pocas posibilidades, varios candidatos intentarán hacerle frente a Putin, como son los casos de Nikolai Kharitonov, del Partido Comunista; Leonid Slutsky, del nacionalista Partido Liberal Democrático, y Vladislav Davankov, del Nuevo Partido del Pueblo. 

No obstante, todos parecen ser conscientes de que obtener un triunfo es una epopeya: según la encuestadora independiente Levada Center, cerca del 80 % de los rusos aprueban la gestión de Putin (antes de la guerra el número era del 60 %).

Por lo tanto, a diferencia de lo que se creería en Occidente, su decisión de ir a la guerra no solo reforzó su popularidad, sino que la elevó, aunque esto habrá que confirmarlo el próximo domingo cuando cierren los comicios. 

Quizás el único candidato que podría haberle dado pelea al actual mandatario era el líder opositor Alexei Navalny, que, perseguido por el régimen de Putin, falleció hace un par de semanas en una cárcel del Ártico mientras cumplía una condena de 19 años por "extremismo".

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La importancia de la participación 

Para Putin, los próximos comicios representan la oportunidad de demostrarle al mundo que la población rusa apoya la actual guerra en Ucrania.

Cabe recordar que, desde la retórica del Kremlin, el ataque contra Ucrania fue una reacción a la expansión deliberada de la OTAN hacia Europa oriental.

Por ello, cuando Kiev comenzó a acercarse a la Alianza Atlántica, desde Moscú consideraron que esta era una línea roja que no estaban dispuestos a tolerar.

En este sentido, que Putin gane por un amplio margen será un espaldarazo para su invasión. Sin embargo, será importante observar cuántas personas asistirán a las elecciones, más que nada si se tiene en cuenta que en las últimas presidenciales de 2018 la participación fue del 67,54 %, mientras que en las parlamentarias de 2021 fue del 51,7 %.

Pero, más allá de los porcentajes, Putin ya le envió un contundente mensaje a la población al confirmar que también se votará en Crimea, territorio de Ucrania que Moscú anexionó en 2014, y en las cuatro regiones del Donbás (Lugansk, Donetsk, Zaporiyia y Jersón) que ocupa desde febrero de 2022.

Justamente, Putin hizo un llamamiento a los votantes, incluidos a los de las zonas anexadas de Ucrania, para que se unan a fin de determinar el futuro de Rusia: "Es vital subrayar nuestra cohesión, resolución y avanzar juntos. Cada voto que emitan es valorado y significativo".

Aunque todavía falta la confirmación oficial, se espera que Putin sea presidente hasta 2030, lo que le permitirá seguir consolidándose como el dirigente del Kremlin que más tiempo lleva en el poder desde el dictador soviético Josef Stalin. 

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Representaciones de Stalin y Putin

Declaraciones que preocupan 

En plena campaña electoral, a pocos candidatos se les ocurriría mencionar la posibilidad de una guerra nuclear, excepto que el nivel de confianza de este candidato sea tan elevado que no temería abordar el tema a pocos días de los comicios. Y este parece ser justamente el caso de Putin. 

Desde 1945, año en el que Estados Unidos tiró dos bombas nucleares en Japón, quedó más que claro que este tipo de armamento poseía un nivel tan elevado de destrucción que no debía volver a ser utilizado en una guerra. 

Por ello, a partir de ese momento, comenzaron a tomar gran fuerza las teorías de disuasión nuclear: la sola posesión de este tipo de armas era suficiente para enviarles contundentes mensajes a los enemigos explicitándoles que, en el caso de ser fastidiados, correrían la misma suerte que Japón en la Segunda Guerra Mundial. 

Incluso, se cree que esta estrategia evitó que las grandes potencias volvieran a la guerra desde entonces: que actores como EE.UU., la URSS, China, Francia o el Reino Unido tuviesen bombas nucleares los disuadía mutuamente, ya que ataque realizado por alguna de las partes desembocaría en una respuesta y en la destrucción total de ambas partes.

Justamente, consciente de esto, en 1959 el estadounidense Bernard Brodie, considerado uno de los padres de esta estrategia, explicó que "las armas nucleares deben estar siempre listas, pero nunca se deben utilizar".

Así, se podría concluir que la existencia de las armas nucleares es justamente lo que evita que haya una guerra nuclear. Por lo tanto, al menos por ahora, la disuasión parecería funcionar.

Y decimos "por ahora" porque todo ha cambiado cuando la guerra estalló en Ucrania: desde ese momento, lejos de llevar calma, Putin ha dejado en claro que no se resistiría al uso de armas nucleares de ser necesario.

Justamente, esta misma semana reiteró que Estados Unidos entendía que, si desplegaba tropas estadounidenses en territorio ruso o en Ucrania, Moscú trataría la medida como una intervención.

Esta última declaración es clave si se tiene en cuenta que la doctrina nuclear del Kremlin, que establece las condiciones bajo las cuales usaría tal arma, manifiesta que uno de esos motivos sería que "la existencia misma del Estado se vea amenazada".

Actualmente, Rusia tiene el mayor arsenal de ojivas nucleares del mundo: con un total aproximado de 5.580 ojivas, unas 4.380 están almacenadas para su uso en lanzadores estratégicos de largo alcance y fuerzas nucleares tácticas de corto alcance, aunque "solo" 1.710 ojivas estratégicas están desplegadas.

Si bien es cierto que las "amenazas" de Putin parecen enmarcarse en la estrategia de la disuasión para que ningún país envíe tropas a Ucrania, igual de cierto es que Washington y Moscú parecen estar metidos en el "juego de la gallina": dos oponentes que se presionan al máximo hasta que uno de los dos se echa hacia atrás y es humillado por comportarse como un cobarde. 

Pero el problema es que, si ninguno cede, el conflicto puede escalar hasta niveles de alta tensión, e incluso desembocar en una guerra.

Por este motivo, intentando no generar pánico, Putin también aclaró que el escenario de una guerra nuclear no se estaba "acelerando (...) Por lo tanto, no creo que aquí todo se apresure (la confrontación nuclear), pero estamos preparados para ello".

De todas formas, lejos de coincidir con Brodie, Putin recordó que "las armas existen para usarlas".

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Imagen de una prueba nuclear realizada en el siglo XX

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