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Murió Henry Kissinger, el último gran arquitecto del orden mundial

El ex funcionario de EE.UU. fue un gran defensor del realismo político, teoría que intentó aplicar a lo largo de toda su carrera y que le permitió alcanzar importantes logros como el fin de la intervención de EE.UU. en la guerra de Vietnam o el acercamiento a Pekín.

Murió Henry Kissinger, el último gran arquitecto del orden mundial
Damián Cichero 30 noviembre de 2023

A los 100 años de edad, y justo en el año en que volvió a visitar China, el ex diplomático estadounidense Henry Kissinger falleció en su casa en Connecticut.

Amado por muchos, y odiados por otros tantos (principalmente por quienes lo juzgan desde un ángulo moral), el nacido en Alemania es reconocido como uno de los grandes estadistas del siglo XX. 

En particular, se destaca su rol durante la Guerra Fría asesorando a dos presidentes, lo que en parte le permitió a Estados Unidos acercarse a China y triunfar sobre la Unión Soviética. 

Sin embargo, su legado fue tan grande, que incluso los actuales presidentes de estos países, el ruso Vladimir Putin o el chino Xi Jinping, lo despidieron con muestras de afecto.

Por un lado, Putin consideró que con Kissinger desapareció "un diplomático excepcional" y "un estadista sabio y visionario", lo que le permitió disfrutar "durante décadas de una merecida autoridad en todo el mundo". 

"El nombre de Kissinger está unido de forma inseparable de una postura pragmática en política exterior, lo que en su momento hizo posible lograr una reducción de las tensiones internacionales y lograr los acuerdos más importantes entre la URSS y EE.UU., que contribuyeron a fortalecer la seguridad global", agregó.

Por su parte, Xi Jinping le envió un mensaje de condolencias a su par estadounidense Joe Biden y le dijo que Kissinger fue un estratega mundialmente reconocido y un buen amigo del pueblo chino.

Tal es así, que, en julio de este año, ya con 100 años de edad, el propio Kissinger se reunió con Xi Jinping en China, incluso generando malestar en algunos funcionarios de Washington: el portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Kirby, llegó a considerar que era "desafortunado que un ciudadano privado pueda reunirse con el Ministro de Defensa y tener una comunicación y EE.UU. no pueda".

Sin embargo, durante sus servicios, y como buen defensor del realismo, muchas veces Kissinger debió defender posturas que, desde un punto de vista moral, son muy discutibles, como sucedió con el golpe de Estado de Augusto Pinochet en Chile. 

Por ello, otras personas lo despidieron con cierto repudio, como es el caso de Juan Gabriel Valdés, embajador de Chile en EE.UU., quien escribió en su cuenta de X: "Ha muerto un hombre cuyo brillo histórico no consiguió jamás esconder su profunda miseria moral". 

El acercamiento a China

Tras realizar sus estudios en la Universidad de Harvard, Kissinger comenzó una exitosa carrera política y, en 1969, tras el triunfo en las elecciones presidenciales de Richard Nixon, fue nombrado consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca.

En plena Guerra Fría, Kissinger era consciente de que Washington se enfrentaba a dos gigantes comunistas al mismo tiempo (URSS y China). 

Sin embargo, también se percató de que existía una escisión chino-soviética muy importante: mientras que Moscú tenía la intención de influir en las políticas de los demás países comunistas, desde Pekín se mostraban reacios a aceptar cualquier intrusión en lo que consideraban su esfera de poder.

Pero dichas diferencias se incrementaron luego de la invasión soviética de Checoslovaquia en 1968 para preservar "el verdadero socialismo", lo que despertó en Pekín el temor de sufrir la misma suerte.

Y allí fue cuando Nixon y Kissinger idearon su plan maestro para presionar a la URSS, ya que se dieron cuenta de que tanto Pekín como Moscú estaban preocupados por la postura que tomaría Washington ante un hipotético conflicto entre la URSS y China. 

Así fue como Kissinger, buscando debilitar a la URSS, creó su famosa mesa de tres patas: se acercó al actor más débil (China) con el objetivo de presionar a la URSS y así obligarla cooperar a ambos actores, ya que Moscú no podría resistir conflictos en dos frentes en simultáneo. 

"En la medida en que China y la URSS temían un acercamiento norteamericano a su adversario, ambas tenían un motivo para mejorar sus relaciones con Washington (...) mientras China tuviera más qué temer de la URSS que de EE.UU., su propio interés la obligaría a cooperar con nosotros", explicó el propio Kissinger en su libro La Diplomacia.

Además, para EE.UU., potencia económica del siglo XX, acceder a un mercado de, por aquel entonces, casi 900 millones de personas también formaba parte del gran negocio. 

En este sentido, tras dos viajes secretos de Kissinger a China, finalmente Nixon visitó Pekín, Hangzhou y Shanghái, entre el 21 y 28 de febrero de 1972, convirtiéndose en el primer presidente en la historia de EE.UU. en pisar el Gigante Asiático.  

Y, como era de esperar, la estrategia fue todo un éxito: un mes después de la visita de Kissinger a Pekín, el Kremlin invitó a Nixon a Moscú. 

Además, como secretario de Estado, en 1974 Kissinger viajó con Gerald Ford a Vladivostok (URSS), donde el mandatario se reunió con el líder soviético Leonid Brezhnev y acordó un marco básico para un acuerdo de armas estratégicas.

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Nixon en la muralla china.

En Chile lo ven con otros ojos 

Como buen realista, Kissinger creía que el principal objetivo de cualquier país es sobrevivir en el Sistema Internacional anárquico. Por ello, ante la ausencia de una autoridad supranacional, los Estados siempre dependerán de ellos mismos para lograrlo.

En base a esta idea, Kissinger consideraba que uno de los intereses vitales de EE.UU. era impedir la expansión del comunismo en América Latina, el patio trasero de Washington. Por ello, no dudó a la hora de conspirar para derrocar al socialista Salvador Allende, electo presidente en Chile en 1970.

E incluso actuó de esta manera pese a ser consciente de que Allende había sido elegido democráticamente: "No veo por qué debemos quedarnos de brazos cruzados y ver cómo un país se vuelve comunista debido a la irresponsabilidad de su propia gente", explicó Kissinger.  

Y ahora, en lo que parece ser un guiño del destino, justo en el año en el que se cumplieron los 50 años del golpe de Pinochet, el 11 de septiembre de 1973, el propio Kissinger ha pasado a formar parte de la historia. 

Pero lo más llamativo es que justamente en 1973, y pese a su polémico accionar, Kissinger recibió el Premio Nobel de la Paz por sus esfuerzos para lograr un alto el fuego en la guerra de Vietnam. 

Es que, mientras apoyaba a Pinochet, Kissinger buscaba ayudar a Nixon a cumplir su promesa de terminar con la Guerra de Vietnam, pero sin convertirse en el primer presidente de EE.UU. en perder una guerra.

Y también logró esto al proponer la "vietnamización" del conflicto, lo que implicaba retirar a las tropas estadounidenses y dejar la guerra en manos de los vietnamitas. Así, en 1973, se puso fin formalmente a la intervención de EE.UU. tras la firma de los acuerdos de París. 

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Kissinger junto a Pinochet

China en la actualidad

Pese a que su estrategia fue clave para reducir las tensiones con la URSS, muchos creen que la actual crisis entre Washington y Pekín es consecuencia del accionar de Kissinger, que permitió la inserción internacional de China. 

Sin embargo, el ex funcionario siempre fue consciente del poderío chino. Por ello, durante su última visita al Gigante Asiático consideró que "es imposible intentar transformar a China, y es todavía más imposible cercarla y contenerla".

Pero también explicó que "la historia y los hechos han demostrado repetidamente que ni EE.UU. ni China pueden permitirse el costo de tratarse como oponentes (...) la relación entre nuestros dos países es una cuestión de paz mundial y el progreso de la sociedad humana".

"Bajo las circunstancias actuales, es imperativo mantener los principios establecidos por el Comunicado de Shanghái, apreciar la suma importancia que China otorga al principio de una sola China y hacer avanzar la relación en una dirección positiva", sentenció, en clara referencia a las tensiones en torno a la cuestión de Taiwán. 

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Kissinger durante su último encuentro con Xi Jinping

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