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La UE y Estados Unidos, dos realidades diferentes frente a la energía rusa

La interdependencia energética entre Rusia y la UE es un límite claro que, hasta ahora, la economía ha impuesto a la política

La UE y Estados Unidos, dos realidades diferentes frente a la energía rusa
La UE y Estados Unidos, dos realidades diferentes frente a la energía rusa
Bruno Fanelli Bruno Fanelli 09-03-2022
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El anuncio del Gobierno de Joe Biden acerca de una prohibición a la importación de petróleo ruso nos muestra un claro escalamiento en las sanciones. Pero también desnuda dos realidades muy diferentes: la de Washington y Bruselas frente a Vladimir Putin. Entendiendo las realidades económicas de dichas regiones podemos entender la política general de las mismas y los límites que las sanciones puedan alcanzar. 

Una forma de evaluar el impacto de las sanciones es utilizando dos conceptos acuñados al comienzo del proceso de globalización por los especialistas Robert Keohane y Joseph Nye: el de sensibilidad y vulnerabilidad. La sensibilidad implica la velocidad y magnitud que un cambio produce en un país determinado mientras que la vulnerabilidad depende de las alternativas disponibles para un país frente a dicho cambio.

EE.UU. importa actualmente 8% de su consumo de petróleo de Rusia. Si bien es un número considerable y la prohibición impacta en el precio (en un momento particularmente sensible en que la inflación y el precio en las gasolineras genera desazón en los consumidores), Washington puede asimilar el costo.

En un giro interesante, las conversaciones que están teniendo Washington con Caracas en torno a energía podrían señalar un posible reemplazo. Antiguamente, las exportaciones venezolanas a EE.UU. superaban a las rusas actuales. Es síntesis, la vulnerabilidad de EE.UU. a la prohibición de importaciones rusas es relativamente pequeña ya que cuenta con fuentes alternativas de abastecimiento.

Muy distinta es la situación de la UE. Europa importa 40% del gas que consume y más de 25% del petróleo desde Rusia. Es por eso que la sensibilidad por parte de la UE a una prohibición de consumo de energía rusa es mayúscula. La vulnerabilidad es también muy alta, ya que la Unión Europea se encuentra alejada de otras fuentes de abastecimiento. 

Esto se evidencia en las enormes dificultades para consensuar sanciones que toquen el suministro de energía y que muestran, a las claras, las diferencias entre aquellos países fuertemente importadores de la energía rusa y aquellos otros que cuentan con fuentes alternativas. Sin embargo, las acciones rusas aceleran los esfuerzos europeos de buscar otras fuentes de energía, muchos de ellos enmarcados en la lucha contra el calentamiento global. Todo este cuadro hace impensable a corto plazo que la UE aplique sanciones similares a las estadounidenses ya que eso dañaría terriblemente su propia economía.

Finalmente, llegamos al país objeto de las sanciones: Rusia. 

Rusia es el tercer productor mundial de petróleo y la mitad de sus exportaciones tienen como destino a Europa.  Las exportaciones a EE.UU. suponen una parte mucho menor de sus exportaciones, pero sin duda tendrán un impacto económico. Asimismo, la vulnerabilidad frente a una poco probable sanción europea a su sector energético es muy alto ya que no existe comprador alguno que suplante a las inmensas compras europeas. 

Como decíamos, Europa tiene una libertad de acción mucho menor a la de EE.UU. frente a Rusia en cuanto a las sanciones, si bien la invasión de Ucrania acelerará la búsqueda de una mayor autonomía, dañando a mediano plazo la fuente de divisas que suponen las exportaciones rusas de energía a Europa. 

La interdependencia energética entre Rusia y la UE es un límite claro que, hasta ahora, la economía ha impuesto a la política. 

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