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Chile

La generación sin miedo

Boric forma parte de la generación sin miedo, desprovista del lastre del golpe militar, se siente más libre que la de sus padres, condenados a la desigualdad, el endeudamiento y la presencia mínima del Estado

La generación sin miedo
gabriel boric
Jorge Elías Jorge Elías 27-12-2021
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Les tocó a los chilenos dirimir una lucha entre extremos. No sólo ideológicos, sino también generacionales. La amplia victoria de Gabriel Boric en la segunda vuelta de las presidenciales, después de haber perdido por poco en la primera frente a José Antonio Kast, supone una vuelta de tuerca. 

En apariencia, más hacia el centro que hacia la izquierda pura y dura mientras el país se deshace con la reforma constitucional en marcha de los últimos jirones de la dictadura de Pinochet.

¿Deben celebrar el resultado los regímenes de Venezuela, Nicaragua y Cuba? Boric comulga más con la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet, que con otros gobiernos de la región que presumen ser progresistas y defienden dictaduras. Le debe su apoyo en el momento decisivo a la expresidenta chilena, así como a otro expresidente, Ricardo Lagos, y a los partidos tradicionales que encarrilaron la transición democrática desde 1990.

Los criticaba, pero, como diputado desde 2014, Boric sabe que resultarán vitales para obtener respaldo a sus proyectos en un Congreso fragmentado en el cual no cuenta con una mayoría propia. Tendrá 36 años cuando se convierta en el presidente más joven de la historia, el 11 de marzo de 2022. No padeció los horrores de los años de plomo ni había nacido cuando cayó Salvador Allende, enaltecido durante la campaña. Iba a preescolar cuando Pinochet se marchó de La Moneda, sede del gobierno, con el cargo de senador vitalicio.

Boric pertenece a la llamada generación sin miedo, forjada al calor de las movilizaciones estudiantiles de 2006 y 2011 y el estallido social de 2019. Kast, nostálgico de aquellos tiempos, estuvo a la altura de las circunstancias con sus felicitaciones y buenos deseos apenas supo que había mordido el polvo. El presidente saliente, Sebastián Piñera, también. Recibió a Boric al día siguiente. Primó la tradición republicana de Chile, una rareza del otro lado de los Andes. Tanto, quizá, como el respeto y los buenos modales después de una campaña signada por la otra pandemia. La de la polarización.

El balotaje se definió con la mayor participación en las urnas desde que Chile adoptó el voto voluntario, en 2012. Acudió el 55 por ciento del padrón. Mérito de Boric no sólo fue haber articulado alianzas con buena parte de los partidos que denostaba como miembros de la antigua Concertación. Logró movilizar a los menores de 30 años y a las mujeres. Sobre todo, en los barrios populares.

La generación sin miedo o al menos una parte de ella no se muestra cautelosa cuando enarbola los derechos humanos en Venezuela, señala la farsa electoral en Nicaragua o critica la represión contra la oposición en Cuba. Discrepa dentro de su coalición, Apruebo Dignidad, con la postura de uno de sus socios, el Partido Comunista, más conservador que otra cosa por más que milite en sus filas la combativa diputada Camila Vallejo, puntal de las marchas estudiantiles.

Boric acumula récords. Ha sido el único candidato en ganar la segunda vuelta después de haber salido segundo en la primera. Entre una instancia y la otra moderó el discurso. Otra curiosidad: recibirá la banda del mismo presidente contra el cual protestaron los suyos en su primer y segundo mandato. La generación sin miedo, desprovista del lastre del golpe militar, se siente más libre que la de sus padres, condenados a la desigualdad, el endeudamiento y la presencia mínima del Estado. El milagro chileno no era tal.

Las protestas se saldaron con excesos de los carabineros, repudiados por la izquierda y aplaudidos por la derecha. La propuesta de Kast consistía en reponer valores como el orden y la seguridad, rechazar la inmigración ilegal y resolver el conflicto mapuche. En contraste, el sostén femenino y de la diversidad sexual en coincidencia con la aprobación del matrimonio igualitario, así como la paridad de género en el órgano constituyente, apuntalaron el triunfo de Boric. O de la generación sin miedo y con incógnita.

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