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Italia y otra crisis de gobierno

Desde 1946 hasta nuestros días, hubo nada menos que treinta jefes de gobierno, con una duración promedio de no más de trece meses

Meloni es amiga personal de Viktor Orbán, y también, ha sido una histórica aliada de Vladimir Putin.
Meloni es amiga personal de Viktor Orbán, y también, ha sido una histórica aliada de Vladimir Putin.
Gioele Sanna Gioele Sanna 26-07-2022
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La república italiana se encuentra sumergida, una vez más, en una crisis de gobierno cuya única solución apunta a tener lugar en las urnas. Efectivamente, el presidente de la República, Sergio Mattarella, ha anunciado la disolución del Parlamento y elecciones anticipadas que tendrán lugar el próximo 25 de septiembre.

El gobierno de unidad nacional, presidido por el expresidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, que fue inaugurado el 13 de febrero de 2021 ante una crisis económica sin precedentes, sucumbió tras no contar con el apoyo de las tres principales fuerzas políticas que lo acompañaban.

“Super Mario” tomó las riendas de Palazzo Chigi tras la renuncia de su predecesor, Giuseppe Conte, figura política perteneciente al Movimiento 5 Estrellas. 

Draghi se presentó como una figura técnica, académica y profesional, conocido por su gestión del BCRA durante la crisis del euro con su célebre frase, pronunciada en 2012, “whatever it takes” indicando que, bajo su mandato, el BCE haría "lo que sea necesario" para preservar el euro. 

En este contexto, ante una situación de plena incertidumbre pandémica y, sobre todo, económica, el expresidente del BCE se mostraba como la única figura que podía tomar las riendas del Gobierno italiano. 

Así, Draghi aceptó conformar un nuevo Gobierno de coalición y unidad nacional, en el que participaron distintas fuerzas del arco político como el Movimiento 5 Estrellas, la Lega, Forza Italia, el Partito Democrático, entre otros. 

Sin embargo, muy pronto las tensiones entre los distintos partidos de coalición no hicieron más que hacerse cada vez más evidentes (particularmente entre el M5E y la centroderecha, representada por Forza Italia y la Lega), mientras que la figura política de Draghi, que asumió gozando de una muy buena reputación por parte de la ciudadanía, se fue desgastando, presa de la desilusión.

La crisis estalla por múltiples motivos. 

En primer lugar, el Movimiento 5 Estrellas, surgido en 2009 como antisistema, progresista y ecologista, decidió no votar el pasado 14 de julio la construcción de un incinerador de basura en la ciudad de Roma por considerarlo dañino para el medio ambiente. Ante este hecho, Draghi entendió que ya no gozaba con el apoyo tan importante y fundamental de ese grupo político (nada menos que 103 diputados y 62 senadores) por lo que se dirigió al Palazzo del Quirinale, en donde presentó su renuncia ante Mattarella. 

El pasado 20 de julio, tras someter la continuidad del Gobierno ante el Senado, el obtuvo la mayoría relativa, no así la absoluta, ya que no contó con el voto del M5E, ni de la Lega y Forza Italia, quienes buscaban la conformación de un nuevo Gobierno de Draghi sin la participación del 5 Estrellas. 

Ante este hecho y al no gozar con ninguna clase de mayoría parlamentaria, Mattarella decidió convocar a elecciones anticipadas. 

Pero, ¿quiénes son los protagonistas de las próximas elecciones? 

¿Qué dicen las encuestas? 

En primer lugar, tenemos a la coalición del “centrodestra” o centroderecha, donde entran tres fuerzas políticas que podrían aglutinar la principal mayoría parlamentaria con 46,6% de los votos. 

Lo conforman Fratelli d'Italia, partido político que se autodefine como nacional-conservador, tradicionalista y de derecha y sucesor del “Movimento Sociale Italiano”, partido nacido en la posguerra como sucesor del fascismo. 

  • Su líder es Giorgia Meloni y, si bien Fratelli d'Italia nació siendo una fuerza política altamente euroescéptica, antieuropeísta y que abogaba por salir de la zona euro y la OTAN, hoy en día no esgrime ninguna de esas banderas y pasó a querer “reformar” la Unión Europea para que pueda confluir en una federación de Estados. 

Meloni es muy cercana y amiga personal de Viktor Orbán, primer ministro de Hungría, y también, por más que haya criticado duramente la invasión rusa de Ucrania, ha sido una histórica aliada de Vladimir Putin. 

Meloni es la política con mayor imagen positiva en Italia y, según las principales encuestas, apunta a ser el partido más votado en las próximas elecciones haciéndose con el 22,8% de los votos. 

  • Otro de los partidos que conforman la coalición es la Lega, una fuerza política que nació siendo secesionista y antinacional y que ha mutado a partido altamente nacionalista, conservador y de derecha a partir del liderazgo de Matteo Salvini.

Al igual que Fratelli, la Lega ya no se presenta como partido euroescéptico y antieuropeísta sino como “reformista” y crítico hacia lo que consideran el “diktat de Bruselas”. Salvini apunta a obtener alrededor de 14,4% de los votos.

  • Por último, tenemos a Forza Italia, la fuerza política históricamente más moderada y liberal de la centroderecha, liderada por “Il Cavaliere” Silvio Berlusconi, que, según las encuestas, no podría conseguir más que 8,4% de los votos. 
  • Por otro lado, es probable que el M5E, que ha mutado hacia la centroizquierda, se alíe con los históricos partidos que conforman la coalición del “centrosinistra” o centroizquierda para sumar así más probabilidades de hacerle frente a ese 46,6% que espera obtener la centroderecha.

En las últimas elecciones, que tuvieron lugar en 2018, el gran protagonista fue efectivamente el M5E, haciéndose nada menos que con 32% de los votos. Sin embargo, de cara a las próximas elecciones, las encuestas marcan una posibilidad de votos de no más de 10,8%. 

  • Por su parte, el Partito Democrático, liderado por Enrico Letta, esgrime históricamente la bandera del europeísmo, la integración y la socialdemocracia europea, y apunta a obtener aproximadamente el 22% de los votos, muy a la par de Fratelli d'Italia. 

Sin embargo, por más que M5S, PD y partidos minoritarios compitan juntos, hay pocas probabilidades de que puedan hacerle frente a la centroderecha y obtener la mayoría parlamentaria necesaria para conformar el nuevo gobierno. 

No es la primera vez que Italia se enfrenta a una crisis de gobierno de estas características, y es que el sistema político italiano es arduamente conocido por su alta inestabilidad e incertidumbre.

De hecho, desde la proclamación de la República Italiana en 1946 hasta nuestros días hubo nada menos que treinta jefes de gobierno, con una duración promedio de cada gabinete de no más de trece meses. Solo dos mandatarios lograron permanecer más de cinco años consecutivos en el poder: Alcide De Gasperi, quien estuvo entre 1946 y 1953, y Aldo Moro, en el periodo 1963-1968. 

Desde el fin de la Primera República, nombre con el cual se conoce el periodo político que fue desde 1948 a 1994 en Italia, el Gobierno que gozó de mayor duración fue el del líder de Forza Italia (el mencionado Berlusconi), entre 2001 y 2005, por un total de tres años y diez meses.

Sea quien sea que gane las próximas elecciones, el sistema político italiano parece no estar dispuesto a cambiar, y es probable que, de aquí a poco tiempo, nos encontremos con otra crisis de gobierno.

Italia es un país en declive desde hace larga data. Un país anciano, cansado y con unos de los niveles de natalidad más bajo del planeta. El hecho de que Italia sea un país “viejo”, por más crudo que esto pueda sonar, hace que mire constantemente al pasado y no al futuro, añorando de forma nostálgica los tiempos del milagro económico de la segunda posguerra y el nuevo estilo de vida y bienestar inaugurado en esos años. 

Esa misma población, ocupada en añorar y recordar los tiempos de gran bienestar, cree estar actualmente afuera de la historia, es decir, se cree incapaz de poder cambiar las riendas del propio país, por lo que, citando al gran periodista italiano Indro Montanelli, pareciera ser que “Italia no tiene futuro” porque es un país “ignaro di sé stesso” o inconsciente de sí mismo. 

“Pero los italianos”, afirma Montanelli, “tendrán un futuro brillante”, y queda en las jóvenes generaciones decidir si Italia tendrá el futuro que se merece o si quedará relegada a ser el lastre de Europa. 

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