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Guerra Fría 2.0: el mundo se vuelve a dividir en dos bloques

Tras el fin de la Guerra Fría, todo hacía parecer que la hegemonía de EE.UU. sería indiscutible. Sin embargo, con el paso del tiempo, Washington no solo se ha ido debilitando, sino que algunos sus aliados comienzan a dudar, mientras que China y Rusia son cada vez más poderosos.

Guerra Fría 2.0: el mundo se vuelve a dividir en dos bloques
Damián Cichero 17 abril de 2023

Tras el fin de la Guerra Fría, no hay duda alguna de que Estados Unidos se consolidó como la principal potencia del sistema internacional.

Durante gran parte del siglo XX, el mundo estuvo dividido en dos polos: uno occidental, liderado por Washington, y otro comunista, guiado por la Unión Soviética. Sin embargo, tras la disolución de la URSS, observamos por primera vez la aparición del unipolarismo: el poderío de EE.UU. era tan superior al de sus pares, que nadie ni nada podía desafiarlo. 

Así, al no tener rivales, Washington se concentró en expandir la democracia y el liberalismo. Pero, al igual que la mayoría de las potencias, cometió un error que hoy en día está pagando: pese a sus enormes capacidades, se expandió más de lo necesario.

Esto hizo que comenzara a desgastarse, ya que es improbable que  un solo país tenga el poderío para convertirse en el "policía del mundo" e intervenir en todos los conflictos que existen. Así, poco a poco, debió comenzar a retirarse de algunas regiones, como Afganistán o Irak, mientras observaba cómo nuevos desafíos surgían. 

Y ahora, más de 30 años después de la caída de la URSS, Estados Unidos comienza a preocuparse, ya que su dominio liberal está claramente en riesgo por el accionar de otras potencias, como China y Rusia, lo que ha provocado que la historia se repita: mientras que una parte del mundo continúa alineada detrás de Washington, otro gran sector se le opone. 

El G7 no olvida

El Grupo de los Siete (G7) es, en la actualidad, un actor con un peso político, militar y económico de gran relevancia mundial. Pero sus miembros son conscientes de que, sin el liderazgo norteamericano, esto no sería posible.

Es por ello que, tras la llegada del Joe Biden al poder, quien no practica una política exterior aislacionista como Donald Trump, Alemania, Canadá, Francia, Italia, Japón y el Reino Unido se han alineado detrás de Washington. 

El mejor ejemplo de esto es que dichos países han seguido los pasos de Estados Unidos en la guerra entre Rusia y Ucrania, apoyando de manera rotunda a este último país. Además, en lo que respecta al conflicto global con China, estos han avalado la postura estadounidense, sancionando a empresas como Huawei o TikTok.

Justamente, este lunes los cancilleres del G7 se reunieron en Japón y mostraron su unidad ante China, rechazando cualquier divergencia de opiniones, al tiempo que reiteraron su apoyo a Ucrania.

Reunidos en la estación de esquí de Karuizawa, a 100 kilómetros de Tokio, el ministro japonés Yoshimasa Hayashi consideró que "la comunidad internacional se encuentra ahora en un punto de inflexión histórico".

Los ministros dijeron que rechazaban "de forma categórica cualquier intento unilateral de cambiar el statu quo por la fuerza en Ucrania", al tiempo que se mostraron de acuerdo en la necesidad de hacer frente a cualquier "coerción" china o esfuerzos para ejercer control en el estrecho de Taiwán.

En este sentido, una de las medidas anunciadas fue que el G7 mantendrá un precio máximo de US$ 60 por barril para el petróleo ruso transportado por vía marítima, con el objetivo de reducir la capacidad de Moscú para financiar su guerra en Ucrania.

Las muestras de unión también sirven para alejar los fantasmas, luego de que el presidente francés, Emmanuel Macron, sugiriera que Europa no debería alinearse completamente detrás de EE.UU.

No hay dudas de que dicho alineamiento responde a factores históricos: tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos no solo se encargó de la reconstrucción de muchos de estos países, como sucedió en Europa con el Plan Marshall, sino que expandió sus valores liberales allí, e incluso en países con culturas muy diferentes, como es el caso de Japón.

Pero, más allá de esto, el papel de EE.UU. sigue siendo de vital importancia tanto por su poderío militar (aporta el 70% del presupuesto de la OTAN), como por su rol económico: (su PIB actual es de más de US$ 23 billones). 

Sin embargo, Macron, con una visión más realista, parece comprender que enfrentarse a países como Rusia o China, solo porque EE.UU. cree que es lo correcto, no será tan producente para Francia. En realidad, las aspiraciones morales de un país no deben ser confundidas con las aspiraciones de toda la humanidad. 

El despertar de varios gigantes

Aunque Estados Unidos continúa siendo la principal potencia del sistema internacional, está más que claro que su poderío está siendo desafiado por países como Rusia y China, que, tras varios años de crisis, parecen haber recuperado su prestigio. 

El mejor ejemplo de esta lucha puede observarse nuevamente en las posturas adoptadas por varios países sobre la guerra en Ucrania: por el momento, ninguno de los integrantes del grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) han condenado la invasión de Ucrania.

En realidad, estos países han apoyado indirectamente a Rusia: tras las sanciones occidentales contra los hidrocarburos rusos, China e India aumentaron significativamente sus compras. 

Así, mientras que en 2022 Rusia fue el socio comercial con el que China experimentó un mayor aumento de los intercambios denominados en yuanes (+34,3%), las importaciones de la India desde Rusia se cuadruplicaron hasta los US$ 46.330.

Incluso, los miembros de los BRICS poco a poco se muestran cada vez más críticos de Estados Unidos: en las últimas semanas, el líder chino Xi Jinping se reunió con sus pares Lula da Silva y Vladimir Putin, y los tres coincidieron en la responsabilidad de este país en la guerra de Ucrania.

Incluso Lula fue mucho más lejos y también criticó la "injustificada preponderancia" del dólar y acusó al FMI de "asfixiar" a los países. Justamente, Brasil y China han llegado a un acuerdo para comenzar a negociar en sus monedas nacionales, el real y el yuan. 

El acercamiento entre los miembros de los BRICS también pudo observarse este lunes, cuando el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov, se reunió con Lula en Brasil y le agradeció por sus esfuerzos para resolver el conflicto en Ucrania. Para Washington, la llegada a Brasil de un funcionario ruso de tan alto rango es un nuevo desafío de Lula.

Por otra parte, este martes también se anunció que India y Rusia están discutiendo un acuerdo de libre comercio (TLC) para profundizar los lazos comerciales bilaterales.

"Prestamos especial atención a los temas del acceso mutuo de la producción a los mercados de nuestros países", dijo el viceprimer ministro ruso, Denis Manturov, en un evento en Nueva Delhi.

"Junto con la Comisión Económica Euroasiática, esperamos intensificar las negociaciones sobre un acuerdo de libre comercio con India", agregó. 

Sin dudas, el grupo de los BRICS tiene con qué disputarles la hegemonía a EE.UU. y compañía: aportan el 31,5% del PIB mundial, mientras el G7 representa el 30,7%. Además, concentran el 40% de la población mundial.

Pero quizás la mayor prueba del debilitamiento estadounidense es que, pese a que EE.UU. dice defender los valores de la libertad, la democracia más grande del mundo (India) y la más grande de América Latina (Brasil) parecen estar cada vez más lejos de Washington.

Y esto, tal como lo explicó el propio Macron, probaría que son los intereses nacionales, y no los principios, los que deberían guiar las políticas exteriores de los países. 

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