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Análisis

Elecciones en Rusia: por qué es importante una votación donde ya se conoce el ganador

A pesar del holgado triunfo de Vladimir Putin, se inaugura un periodo de cambios en la política del Kremlin

Elecciones en Rusia: por qué es importante una votación donde ya se conoce el ganador
Ignacio Martínez 22 marzo de 2024

Desde el pasado 15 de marzo, hasta el domingo 17, Rusia celebró durante tres días sus elecciones presidenciales.

El propósito de alargar el tiempo electoral, medida tomada durante la pandemia para evitar el hacinamiento del electorado, se ha transformado en una herramienta del régimen para facilitar la coerción y las oportunidades de fraude a pesar de que el 74% de los rusos apoyan la dinámica.

Lo cierto es que en los últimos seis años se ha visto una fuerte modificación de la legislación electoral, especialmente a través de una reforma constitucional sancionada en 2020 que permitió oscurecer los procesos de registro de candidatos a través de la junta de firmas. 

Se le suma además legislación que permite calificar a individuos como "agentes extranjeros", inhibiéndolos para competir a través de una lista pública, e incluso modificaciones en los requisitos para postularse a la presidencia vetando candidatos que posean ciudadanía o permisos de residencia en cualquier país extranjero. 

Quizás el cambio más importante es la posibilidad de celebrar elecciones en territorios donde se ha impuesto la ley marcial, dirigida exclusivamente a garantizar el proceso electoral en los territorios ucranianos ocupados. La misma se realizó con suma tensión, e incluso se registraron supuestas denuncias en donde se alertaba que muchos ucranianos debían votar obligados por soldados rusos. 

Todas las medidas impulsadas por el Gobierno dieron sus frutos: solo 3 candidatos compitieron junto a Putin y 64% de todos los aspirantes a la presidencia fueron descalificados para participar en las elecciones, siendo el porcentaje más alto en cualquier elección rusa hasta la fecha. 

El más importante de estos candidatos vetados fue Boris Nadezhdin, el único con plataforma liberal y anti guerra tras la muerte de Alexei Navalny. Nadezhdin disparó alarmas en el Kremlin después de que los rusos formaran largas filas para juntar firmas avalando su candidatura, que se rumoreaba podía alcanzar el 10% de los votos. 

Si bien no era suficiente para vencer a la engrasada máquina electoral del gobierno, el caso de Nadezhdin revela una declaración de intenciones: Vladimir Putin debía ganar con mayoría abrumadora. 

El Kremlin esperaba un resultado de más del 80% a favor de Rusia Unida (Единая Россия), el partido oficialista. Lo cierto es que en un país que no ve un cambio de liderazgo político hace más de 20 años, las elecciones funcionan más como un barómetro del éxito de las políticas trazadas por Putin que de un proceso verdaderamente democrático. 

Un triunfo rotundo en las elecciones permite sostener la narrativa de una Rusia unida contra la expansión de la OTAN y los elementos "nazis" presentes en el ejército ucraniano, además de minimizar el impacto de las bajas rusas. 

Sin embargo, este proceso electoral se realizó en un contexto de inestabilidad creciente tanto en el ámbito bélico como doméstico: mientras los ucranianos incrementaron sus ataques de drones contra la producción petrolífera rusa, como se vio con la destrucción de una refinería en Ryazan el pasado miércoles 13, disidentes del ejército ruso entraron a la región de Belgorod y chocaron con las fuerzas principales, sin que pudieran recuperar el control.  

Tal vez el mayor golpe de gracia a este caos interno sea la muerte del principal opositor anti guerra Alexei Navalny del Partido "Rusia del Futuro", ocurrida un mes atrás. 

Su funeral generó largas multitudes y una reacia condena internacional a Putin por parte de los gobiernos occidentales, quienes no reconocieron el resultado electoral bajo situaciones de fraude.

La convulsionada situación que atraviesa el país no parece corresponderse con un fervor por manifestar el descontento en las urnas: con un resultado tan evidente, muchos rusos no deseaban votar. 

De hecho, se ha sugerido que, utilizando la movilización corporativa, se obligó a los empleados públicos a dejar sus firmas avalando la reelección de Putin, a lo que se suman denuncias de que el Kremlin recurrió a la manipulación de la votación electrónica para aumentar la cifra de participación correspondida a un 80%. 

El gobierno tampoco eligió cuidar las apariencias. Según el Movimiento para la Defensa de los Derechos de los Votantes "Golos" la campaña electoral es prácticamente invisible: los medios no sólo redujeron el tiempo en pantalla de los candidatos, sino que lejos de mostrarse en una actitud de competencia, se hace hincapié en mostrar las actividades rutinarias del presidente sin dar un mensaje claro, mostrando una falta de cohesión o quizás, de interés por darle a entender al público ruso la importancia del proceso electoral.

Esto se complementa con la falta de visibilidad de los candidatos, quienes de por si intentan no llamar la atención mostrando pasividad con las prácticas desiguales tomadas por el gobierno o negándose a criticar a Putin frente a sus respectivos electorados.

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Sin embargo, detrás de la puesta en escena y de la hegemonía del Kremlin sobre todo el proceso electoral, existe un motivo para prestar atención a elecciones de este tipo: la construcción artificial de legitimidad permiten al gobierno mayor discrecionalidad e intensidad en las políticas trazadas. 

Con la elección terminada, Putin no debe preocuparse por alinear a gran parte de su electorado, lo que le permitiría anunciar una nueva movilización que le dará a Rusia la posibilidad de obtener más hombres de cara a las próximas ofensivas de verano y así poder explotar las ventajas que el país actualmente posee en la guerra.

Otras acciones incluirían reemplazar a miembros más antiguos del gabinete a favor de funcionarios más jóvenes, alternativa necesaria en un gobierno autocrático para que sirva como contrapeso a medida que el régimen se vuelve más gerontocrático. 

Esto último demostraría ser una lección aprendida de su homónimo, el Presidente de Ucrania Volodímir Zelenski, luego de que este se viera forzado a desplazar a su Jefe de Estado mayor por motivaciones políticas. Independientemente de cual sea el camino a seguir por el Kremlin, es esperable una mayor escalada del Gobierno tanto en su narrativa como en las decisiones trazadas. 

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