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Bolsonaro, ¿una “estrella” que empieza a apagarse?

Héctor Rubini 19 junio de 2019

Por Héctor Rubini Instituto de Investigación en Ciencias Económicas de la USA

Se cumple en breve el primer semestre del mandato de Jair Bolsonaro, y el ideario de reformas pro-mercado, análogas a las de Chile en los '80 o Argentina en los '90, parece estar todavía más en los papeles que en la realidad. La reforma previsional hacia un sistema mixto con capitalización privada parece estar bastante trabada en el Congreso, y su suerte definirá la continuidad o no de Paulo Guedes como ministro de Economía. Algo esperable, dadas las prácticas de Bolsonaro desde el inicio de su gestión.

Ya en la primera semana de Gobierno echó al flamante titular de la Agencia Brasileña de Promoción de Exportaciones. Luego siguió una serie de remoción de otros 18 altos funcionarios, la mitad de los cuales pertenecían al Ministerio de Educación, área donde es más visible que en otra el enfrentamiento entre cuadros técnicos de la cartera y los bolsonaristas.

La semana pasada debieron renunciar tres militares puestos por Bolsonaro en sus cargos: los generales Carlos Alberto dos Santos Cruz, Secretario de Gobierno de la Presidencia; Franklimberg Ribeiro de Fleitas, titular de la Fundación Nacional del Indio (Funai) y Juárez de Paula Cunha, presidente del Correo.

A esto siguió el pedido de renuncia al presidente del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social, Joaquim Levy, por haber nombrado en la entidad a un reputado economista, Marcos Barbosa Pinto, que había sido asesor de la entidad en el Gobierno de Lula, entre 2005 y 2007.

Luego de un reportaje del sábado, en el que Bolsonaro afirmó que, si Levy no lo echaba a Barbosa Pinto el lunes, debía irse?Levy renunció el domingo. El verdadero motivo pareciera ser la renuencia de Levy en investigar créditos del Bndes a empresas de Venezuela, Mozambique, Angola y Cuba entre 2003 y 2006. Si ese era el motivo, no es claro por qué no se resolvió el tema de otra forma.

La noticia no cayó bien en el empresariado brasileño. No pocos temen ahora cierto giro de Bolsonaro hacia una mayor intervención estatal en la economía, y a esto se suma una visión de integración al mundo que es, de mínima, confusa. Por un lado, pareciera ser una administración afín al libre comercio, no a bloques semicerrados. Por otro, se ajusta a los acuerdos existentes sin romperlos, y con mensajes poco claros.

Un ejemplo fue su visita reciente a Argentina, ocurrida días atrás. Algunos mensajes de dicha visita dejaron más dudas que certezas. Bolsonaro parece decidido a promover un rápido acuerdo comercial entre Mercosur y la Unión Europea sin cambios reales en el bloque sudamericano. Lo mismo su ministro de Economía quien, por otro lado, afirmó ante periodistas de nuestro país que el Mercosur es una traba para el crecimiento. ¿A qué viene el doble mensaje? A su vez, si es una traba al crecimiento, sin circulación totalmente libre de bienes, factores de producción y activos financieros, ¿por qué resucitar la idea de una “moneda común” para Mercosur? ¿Para qué?

Cualquier conocedor del tema sabe bien que los miembros no reúnen ni el mínimo de condiciones previas para una integración monetaria, y que empezar a hablar (recién) de tal cosa tiene sentido una vez en marcha la integración plena de las economías de los países miembros. Sorprendió, y mucho, que la ida fuera una cuestión de la que Banco Central de Brasil (BCB) no estaba ni enterado. Su nota de prensa del 7 de junio fue bien clara: “El Banco Central de Brasil no tiene proyectos o estudios en curso para una unión monetaria con Argentina. Sólo hubieron, como es natural en la relación entre socios, diálogos sobre estabilidad macroeconómica, así como debates sobre la reducción de riesgos y vulnerabilidades, y sobre fortalecimiento institucional”. ¿Intento de distracción para la prensa y los economistas argentinos? Si esa fue la intención, el efecto impacto fue nulo.

Si el Gobierno de Bolsonaro entiende que el primer año es y prueba y error, deberá tomar nota de que una vez en la gestión los tiempos corren muy rápido. El escándalo de las escuchas que involucran al ministro de Justicia, Sergio Moro, puede escalar y golpear fuertemente al gobierno. Además, la firma Odebrecht presentó el lunes un pedido de quiebra para reestructurar pasivos por U$S 13.100 millones, concentrado en deudas con tres bancos estatales (BNDES, Banco do Brasil y Caixa Económica Federal) y otros tres privados: Bradesco, Itaú Unibanco Holding y Santander Brasil. No se incluyen las deudas de algunas firmas del grupo (Braskem, Ocyan, Odebrecht Transport, Odebrecht Engeharia y Construçao, Enseada Industria Naval) ni un pasivo de US$ 694 millones con el Ministerio Público Federal en concepto de multas impagas.

Por ahora no ha tenido impacto en los mercados financieros, pero puede ser un factor de volatilidad futura. Algo bastante indeseable dado el sesgo hacia el estancamiento que la actual administración no podrá revertir en 2019. En el primer trimestre, el PIB brasileño creció apenas 0,3% y el informe Focus del BCB muestra que la mediana de los pronósticos de crecimiento del PBI de las consultoras privadas brasileñas para 2019 se ajustó en una semana de 1% a 0,93%. Un mes atrás se proyectaba 1,24%. Algo que anticipará un escenario complicado en 2020 para el actual Gobierno, con miras a las elecciones municipales de octubre del próximo año

Aun así, Brasil se mantiene con un riesgo país en torno de apenas 250 puntos básicos y una inflación que el sector privado estima que será de 3,84% para todo el año. Números más que enviables, vistos desde Argentina. Pero su sostenibilidad puede complicarse si el clima confrontativo sigue caldeándose, especialmente en el Congreso, donde el proyecto de reforma previsional de Guedes encuentra muy dura resistencia. Ya el vocero de la Cámara Baja, Rodrigo Maia, agregó más leña al fuego al calificar a la remoción de Levy como una “cobardía sin precedentes”.

La mayoría de los inversores locales y también del exterior tienen buenas expectativas que todavía prevalecen en el exterior respecto de Brasil y su futuro. Pero el pragmatismo de Bolsonaro está generando crecientes dudas, especialmente después del uso del “método Trump” para deshacerse de Levy.

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