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Biden, Xi Jinping y el objetivo de evitar un conflicto global

Al margen de la cumbre de la APEC, los presidentes de Estados Unidos y China se reunirán en San Francisco en lo que será su primer encuentro cara a cara en más de un año. Durante la cumbre, abordarán varios asuntos globales, entre los que se destacan la cuestión de Taiwán.

Biden, Xi Jinping y el objetivo de evitar un conflicto global
Damián Cichero 14 noviembre de 2023

Tras varios meses de espera, todo está listo para que este miércoles el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, se reúna con su par Xi Jinping en San Francisco, al margen de la cumbre de la APEC.

El encuentro se llevará a cabo en un momento en el que las relaciones entre Washington y Pekín están en su momento más bajo desde la Guerra Fría, aunque, vale aclarar, es el "mejor" desde que Biden llegó al poder en enero de 2021.

Justamente, este apenas será el segundo cara a cara entre Biden y Xi desde que el líder demócrata asumió, ya que solo se habían reunido en noviembre de 2022, al margen de la cumbre del G20 en Indonesia. 

Sin embargo, pese al acercamiento, EE. UU. continúa viendo a China como una potencia en ascenso que viene a desafiar su hegemonía, mientras que desde el Gigante Asiático explican que ellos solo quieren seguir creciendo y que es Washington el que le pone palos en la rueda para evitar su desarrollo. 

Un momento complicado

En febrero de 1972, Richard Nixon se convertía en el primer mandatario norteamericano en visitar China gracias a las negociaciones de Henry Kissinger. Luego de reunirse con Mao Zedong y expedir el Comunicado de Shanghái, se inició la normalización de los vínculos diplomáticos. 

Pero, como ha sucedido a lo largo de toda la historia, el rápido ascenso de un país siempre representa una amenaza para las potencias dominantes, que temen perder su posición privilegia en el Sistema Internacional, y este caso no parece ser la excepción. 

Aunque casos abundan, se puede mencionar el de Atenas y Esparta, el de Francia y Alemania en el siglo XIX y XX o el de Estados Unidos y la Unión Soviética también en el siglo pasado. Pero el problema es que, la mayoría de las veces, esta situación de tensión termina en una guerra a gran escala para definir quién continuará liderando. 

Justamente, la guerra del Peloponeso entre Atenas y Esparta fue consecuencia del rápido ascenso del primer actor y así lo deja en claro el historiador Tucídedes: "Fue el ascenso de Atenas y el temor que eso inculcó en Esparta lo que hizo que la guerra fuera inevitable".

Centrándonos en el caso actual, las primeras preocupaciones norteamericanas comenzaron a surgir durante la administración de Barack Obama. No obstante, fue con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca que todo estalló.

Así, el magnate no solo inició una guerra comercial sin precedentes, sino que, además, surgieron diferentes conflictos, entre los que se destacan tensiones en torno a las redes de 5G y sanciones contra Huawei, la cancelación de las medidas comerciales preferenciales para Hong Kong y las acusaciones del propio Trump de que China debía rendir cuentas por ser responsable por la pandemia del coronavirus. 

Pero, en noviembre de 2020, tras el triunfo de Biden sobre Trump, quienes prácticamente tenían una agenda 100% diferente, surgió la pregunta de qué sucedería con los vínculos entre EE. UU. y Pekín.

Muchos creían que, al ser políticamente más correcto, Biden intentaría reducir las tensiones. Y sucedió todo lo contrario: el líder demócrata mantuvo las sanciones contra Huawei y los aranceles para los productos chinos, además de que profundizó la presión contra servicios como el de TikTok.

Incluso, Biden no solo siguió el camino de Trump, sino que fue un paso más allá al profundizar el apoyo a Taiwán y firmar acuerdos para presionar a Pekín.

Respecto a esto último, en 2021 firmó el acuerdo AUKUS con el Reino Unido y Australia, con el objetivo de ayudar a este último país a adquirir submarinos de propulsión nuclear para presionar al Gigante Asiático en la región del Indo-Pacífico.

Definitivamente, en los últimos 51 años, el momento de mayor tensión se vivió el año pasado, cuando quien en aquel entonces era presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, visitó Taiwán, considerada una provincia rebelde por China.

Pelosi, que estaba segunda en la línea de sucesión presidencial, se convirtió en la funcionaria norteamericana de más alto rango en viajar a la isla de Formosa desde 1997, cuando el republicano y presidente de la Cámara, Newt Gingrich, actuó de la misma manera. 

Por su parte, Pekín interpretó el viaje como una clara humillación y decidió rodear la isla con maniobras militares sin precedentes. 

De todas formas, para sorpresa de muchos, en un momento en el que la economía internacional atraviesa un delicado momento, ambos países parecieron comprender que es tiempo de cooperar.

Esto estaría relacionado con que, junto a Canadá y México, China es el principal socio comercial de EE. UU.: los flujos comerciales bilaterales alcanzaron un récord de US$ 690.600 millones en 2022.

Por ello, en los últimos meses, una gran cantidad de altos funcionarios estadounidenses, entre ellos el secretario de Estado, Antony Blinken, y la secretaria del Tesoro, Janet Yellen, visitaron China. Y es gracias a esta estrategia que este miércoles Biden y Xi se reunirán para intentar llegar a ciertos acuerdos de convivencia. 

Una cumbre trascendental 

De cara a uno de los grandes encuentros del año, la Casa Blanca dijo que Biden y Xi discutirán el fortalecimiento de la comunicación y la gestión de la competencia.

El asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Jake Sullivan, consideró que no hay sustituto para la diplomacia cara a cara cuando hay que gestionar una compleja relación: "Anticipamos que los líderes discutirán algunos de los elementos más fundamentales de la relación bilateral, incluida la importancia continua de fortalecer las líneas abiertas de comunicación y gestionar la competencia de manera responsable para que no desemboque en un conflicto".

"La forma de lograrlo es a través de una intensa diplomacia. Así es como aclaramos percepciones erróneas y evitamos sorpresas", agregó Sullivan, quien dijo que Washington está buscando resultados específicos de la reunión.

En este sentido, principalmente se apunta al restablecimiento de los vínculos entre los militares de ambos países y a la lucha contra el comercio de fentanilo en Estados Unidos.

China cortó las comunicaciones entre militares en 2022, después de la ya mencionada visita de Pelosi a Taiwán, a lo que se sumó la decisión de Estados Unidos, ese mismo año, de derribar un globo espía chino sobre su territorio.

Para Sullivan, la comunicación entre los ejércitos era la forma de garantizar que la competencia no se convirtiera en conflicto.

Por su parte, teniendo en cuenta que Taiwán celebrará elecciones a principios de 2024, es probable que China busque garantías de que Washington no hará nada para alentar a los elementos independentistas.

Respecto al fentanilo, la administración de Biden está dispuesta a eliminar las restricciones al Instituto de Ciencias Forenses de China para detener el flujo del opioide sintético en su país. 

Washington incluyó al Instituto, del Ministerio de Seguridad Pública chino, en la "lista de entidades" del Departamento de Comercio en 2020 por presuntos abusos hacia los uigures y otros grupos minoritarios, impidiéndole efectivamente recibir exportaciones estadounidenses. 

Los líderes también podrían anunciar planes para aumentar los vuelos comerciales entre los dos países y tomar medidas para aliviar las restricciones a las visas de periodistas.

También se espera que cubran cuestiones globales, como las guerras en la Franja de Gaza y Ucrania, los vínculos de Corea del Norte con Rusia, los derechos humanos, la inteligencia artificial y el cambio climático, entre otras.

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