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Argentina en Medio Oriente

Con sus estrafalarias ideas (para los libros de economía), Erdogan está generando una crisis sin precedentes en las puertas de Europa

Si Erdogan cree que su “modelo” funciona, es porque no vivió en Argentina
Si Erdogan cree que su “modelo” funciona, es porque no vivió en Argentina
Jorge Colina 27 julio de 2022

Un país que en medio de una catástrofe como la guerra de Ucrania sale ampliamente favorecido por los cambios que dicha guerra ocasiona en el comercio mundial, tiene una inflación de 80% anual. 

Desde el 2018, que se inició la crisis, su moneda se devaluó en 200%. Tiene un déficit fiscal del 4% del PIB y un déficit de cuenta corriente de otro tanto, por lo que la fuga de divisas llevó a obligar a los exportadores que liquiden sus divisas en el Banco Central. 

Los exportadores, en lugar de hacer prevalecer sus derechos constitucionales a la propiedad privada, se justifican diciendo que guardan para después poder pagar importaciones, necesarias para seguir produciendo. Pero el Gobierno se está poniendo insistente para que liquiden sus divisas al Banco Central. El apremio viene porque las reservas netas del Banco Central ya son negativas.

La población se queja de que ya no hay precios refiriéndose a que se vuelve muy tortuoso estar negociando cada 2 o 3 meses los precios con los proveedores, los precios con los clientes y el valor de los alquileres entre propietarios e inquilinos. La gente se está poniendo temerosa por los dólares que tiene depositados en los bancos porque hay rumores que el gobierno va a poner límites a las extracciones mensuales de moneda extranjera.

La gran incertidumbre pasa por el hecho de que el Gobierno ya no tiene crédito en el mercado internacional y no es seguro que en los próximos meses vaya a poder renovar la totalidad de los títulos públicos en moneda local. 

Las empresas privadas también están teniendo problemas para renovar sus propias deudas tanto, en moneda extranjera como local, aun cuando sean exportadoras. La razón es que el Gobierno no les dará divisas si tienen moneda extranjera en sus balances. La idea es que paguen sus deudas con sus propios dólares.  

La gente tiene paciencia y espera las elecciones del 2023. El Gobierno va muy atrás en las encuestas y presiente que las puede perder. La reacción es acusar de desestabilización a la oposición y a los medios de comunicación. Incluso suele sugerir que de ciertos temas no habría que hablar (sugerencia que es tomada por los medios como un intento de limitación a la libertad de expresión). 

La razón es que en el año 2021 la economía tuvo un crecimiento real de 2 dígitos y en el 1° trimestre del 2022 siguió creciendo de manera robusta. El último dato es de producción industrial que en mayo creció 9% año contra año. 

Esto es gracias a la política de tener baja tasa de interés para promover la producción y el consumo. Este es el buen resultado de un gobierno que descree fervientemente de las políticas económicas ortodoxas. Desde el Gobierno se dice con ironía que quienes cuestionan este distanciamiento de las políticas ortodoxas son “o analfabetos o traidores”.

Todo comenzó en el 2003. Nuevos vientos en el gobierno trajeron baja inflación, luego de la gran crisis que el país tuvo en el 2001, y con ello vinieron el crecimiento y las inversiones. El Banco Central era independiente y controlaba que la inflación no se desbocara. Había procedimientos institucionales transparentes para las contrataciones del Estado.

Pero en la década del 2010 se eliminó la independencia del Banco Central, volvió la inflación de 2 dígitos y se instaló la idea de que la tasa de interés no es para usarse contra la inflación sino para favorecer la producción y el consumo. Por lo tanto, se la colocó bien por debajo de la inflación. 

Se declaró que la grandeza del país depende de las grandes obras de infraestructura, por lo tanto, se justifica violar los procedimientos de contrataciones del Estado para agilizar la obra pública contratando a las empresas amigas, que son más confiables. La tasa de interés negativa era funcional también al gran plan de infraestructura. 

En Europa, no pueden creer lo que están viendo. 

En Turquía, su presidente Recep Tayyip Erdogan, que gobierna desde el 2003, está generando con sus estrafalarias ideas (para los libros de economía) una crisis económica, política y social sin precedentes, en el Siglo XXI, en las puertas de Europa.

Una cosa que intriga a los europeos es por qué la economía creció 11% en el 2021 y 7% en el 1° trimestre del 2022, cuando la inflación estaba en 2 dígitos en el 2021 y saltó al 80% ahora en junio con una lira (la moneda turca) que se devalúa sostenidamente. ¿Cómo se explica semejante divorcio entre la economía real y la economía monetaria? 

La teoría económica señala que cuando la inflación es alta se produce mucha incertidumbre respecto al futuro de las variables económicas. Esto induce a conductas conservadoras por parte de los agentes económicos desalentando los proyectos de inversión de mediano y largo plazo. Lo único que permanece son las inversiones de corto plazo especulativas y de mantenimiento. Así, la economía se estanca. Por eso los europeos están intrigados.

Lo otro que ocurre es que, cuando la inflación se está acelerando y la gente ya desarrolló cultura inflacionaria, acelera su consumo porque sabe que las liras que tiene en la mano se le van a desvalorizar. Esto hace que el consumo “vuele”. 

Pero el vuelo es de avioncito de papel, porque esa misma aceleración de consumo retroalimenta la inflación que hace que el consumo vaya para atrás; y la economía real sigue el derrotero del desastre monetario.

Si Erdogan cree que su “modelo” funciona, es porque no vivió en Argentina. 

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