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A una década de la tragedia griega

Hoy, Grecia paga sobre sus bonos la misma tasa de interés de Italia, que pasa por otro periodo de inestabilidad política. ¿Cómo lo logró?

Paolo Rizzo 14 noviembre de 2019

Por Paolo Rizzo 

Era octubre de 2009 cuando el Gobierno griego anunció que el déficit fiscal había sido constantemente manipulado para cumplir con los criterios de la zona euro. Grecia terminó ese año con un déficit fiscal del 15% del PIB frente a uno planeado de 3,7%. Fue el comienzo de la tragedia griega: la caída más dramática de la economía en un país desarrollado.

El quinquenio entre 2009 y 2013 se caracterizó por una contracción del 25% del PIB. El desempleo pasó en pocos años desde 9,6% hasta 27,5%. El mercado miraba con preocupación el sistema bancario griego. El diferencial con los bonos alemanes soltó hasta 1.500 puntos bases. No había opciones de endeudamiento externo ni de devaluación monetaria. Se necesitaba un apoyo financiero externo.

La troika, representada por el Fondo Monetario Internacional, la Unión Europea y el Banco Central Europeo, se instauró en Atenas para gestionar la crisis. Un primer programa de rescate ofreció 110 billones a Grecia y un segundo paquete posterior, 130 billones. En cambio, Grecia se comprometía a aplicar un plan de ajuste fiscal, privatizaciones y reformas.

Hoy, el PIB griego se encuentra 20% por debajo del máximo observado en 2009. La tasa de desempleo sigue siendo la más alta de la eurozona (19,3%) mientras uno de cada tres griegos es pobre. Como si no fuera suficiente, el país tiene una enorme deuda pública (181% del PIB) que representa una hipoteca para el futuro de los jóvenes. En fin, Grecia está obligada a acumular un superávit primario del 3,5% hasta 2022 y un promedio de 2,2% hasta 2060.

Por otro lado, las proyecciones oficiales estiman una ligera expansión del PIB en 2019 (+1,8%) y 2020 (+2,3%). Un resultado levemente mejor del crecimiento estimado para la Unión Europea (1,4% anual). Por primera vez después de la crisis, la economía griega crecerá más que la de la UE. El superávit fiscal anunciado será de 1,3%. Además, la tasa de desempleo debería bajar dos puntos porcentuales en un año, pero seguirá siendo la más alta de la UE.

Parte del mérito del tímido crecimiento económico es del Gobierno socialista de Alexis Tsipras (2015-2019). Su Gobierno asumió el mando cuando Grecia estaba al borde del colapso social y con una limitada capacidad de gasto. Su logro más grande ha sido entonces evitar el default y alejar la posibilidad de un “Grexit”, más allá de la pesada herencia económica. Entre otras cosas, el país acumulaba más de veinte años interrumpidos de déficit fiscal. Con el Gobierno de Tsipras, en menos de un año, Grecia pasó de un déficit del 5,3% a un superávit de 0,4%. Vinculado a los acuerdos con los acreedores internacionales, el Gobierno cortó el gasto público en educación, salud y protección social. Pero el precio social por un ajuste fiscal tan drástico ha sido inmenso.

Las elecciones del julio pasado produjeron un cambio de Gobierno y Kyriakos Mitsotakis (foto), candidato del partido de centro-derecha Nea Dimokratia, fue elegido Presidente. Su objetivo es atraer inversiones al país y bajar impuestos. De hecho, en los años de la crisis, la tasa de inversión pública y privada en Grecia ha bajado de 23% a 12%. En el mismo periodo, los impuestos en proporción del PIB subieron 6 puntos porcentuales hasta 41,5%.

Uno de los primeros actos de Mitsotakis ha sido la supresión de los controles de capitales introducidos en el julio de 2015. El mercado entonces empezó a mirar con creciente optimismo a Grecia.

Las agencias de rating han elevado sus clasificaciones sobre la deuda griega. En pocos meses la tasa de interés de los bonos a 10 años ha bajado hasta 1,3%. Hoy en día, Grecia paga sobre sus bonos la misma tasa de interés de Italia, que pasa por otro periodo de inestabilidad política.

Los analistas políticos prevén que el Gobierno griego introducirá pronto un nuevo régimen fiscal. El impuesto de sociedades debería bajar del 28% al 24% mientras el impuesto sobre los dividendos, del 10% al 5%. Para atraer inversiones extranjeras se ofrecerá la posibilidad a adinerados extranjeros de pagar una tasa única de 100.000 euros sobre las ganancias realizadas en el extranjero. A cambio, el Estado exigiría una residencia en Grecia por mitad del año e inversiones por medio millón en la economía griega.

Los próximos meses constituirán la prueba de fuego para Mitsotakis. El crecimiento económico a través de recorte de impuestos y aumento de las inversiones deberá coordinarse con el ajuste fiscal y la reducción del desempleo. Una misión casi imposible. Según el FMI, el PIB de Grecia volverá a los niveles precrisis solamente en 2031. Pero después de haber cumplido con los ajustes fiscales y haber pagado un enorme precio social, la esperanza del gobierno griego es poder obtener un alivio de la deuda.

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