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A dos años del inicio del conflicto: ¿recta final para la guerra en Ucrania?

Es imposible predecir cuándo y cómo exactamente terminará la guerra. Pero de seguir por este camino, entre más se postergue el inicio de negociaciones con Moscú, más desfavorables serán las condiciones que Ucrania deberá aceptar para lograr la paz.

En EE.UU., principal benefactor de Ucrania, la oposición republicana al proyecto ucraniano va en aumento.
En EE.UU., principal benefactor de Ucrania, la oposición republicana al proyecto ucraniano va en aumento.
Federico Bauckhage 23 febrero de 2024

Hace exactamente un año, al cumplirse el primer aniversario del inicio de la guerra ruso-ucraniana, señalábamos que en el largo plazo Rusia probablemente ganaría la guerra, porque las variables estructurales mas relevantes jugaban en su favor

Ahora, al cumplirse el segundo aniversario, es el momento oportuno para revisitar el tema. ¿Se ha revertido alguno de los factores que señalamos como desfavorables a Ucrania? La respuesta, por desgracia, es no. Si algo ha cambiado a lo largo de los últimos 12 meses, es que la ventaja en términos materiales, humanos y políticos se sigue inclinando en favor de Rusia.

Comencemos por los factores materiales: hace un año, la economía rusa se encontraba mayormente intacta a pesar de las sanciones, aunque sufriendo algunos costos de adaptación mientras reorientaba su economía hacia Asia y el Sur Global. Algunos de estos costos se siguen haciendo sentir, pero de manera decreciente. 

Ajustando por paridad de poder de compra, Rusia tiene desde mediados de 2023 la economía más grande de Europa, tras haber superado a Alemania. Y aún más, se trata actualmente de la economía de más rápido crecimiento en Europa. Si bien hay señales de algunos problemas económicos, estos están por ahora dentro de lo tolerable para el régimen y la ciudadanía, y son manejables en el mediano a largo plazo.

Y si bien el gasto militar como porcentaje del PIB de Rusia se ha duplicado durante el transcurso de la guerra, y ronda hoy aproximadamente el 6% del PIB, un estudio atento de las cuentas públicas rusas sugiere que este gasto es sostenible en el mediano plazo. Su gasto militar se encuentra aún muy lejos de los niveles ruinosos que llevaron al hundimiento de la Unión Soviética de antaño.

Por otro lado, la industria de defensa rusa es mucho más efectiva al momento de convertir recursos económicos escasos en poder militar, y se ha movilizado hacia una economía de guerra de manera exitosa. La producción de equipos y municiones de artillería, que son cruciales para las batallas de esta guerra terrestre, excede en varias veces la capacidad combinada de todo Occidente, e incluso su producción de misiles crucero y otras municiones de precisión exceden largamente sus capacidades previas al inicio de la guerra.

Los países de la OTAN han demostrado carecer de la base industrial necesaria para sostener un conflicto militar de gran escala, pueden producir cantidades limitadas de sistemas muy sofisticados y sostener operaciones expedicionarias aeronavales intensas pero breves, como sus intervenciones en Afganistán, Irak, o Libia. 

La capacidad industrial necesaria para competir con la producción rusa de defensa no existe en Occidente actualmente, y por ahora la mayoría de los países se han mostrado reticentes a invertir los montos necesarios para reconstruir su base industrial al nivel necesario. Cualquier proyecto que se comience hoy tardará al menos un año o dos en empezar a rendir sus primeros frutos.

Para peor, ya está claro que la guerra económica de sanciones contra Rusia no solamente ha fracasado, sino que ha provocado un mayor daño a Europa que a Moscú. La interdependencia entre el Viejo Continente y Rusia resultó ser asimétrica, las economías industriales europeas han resultado especialmente vulnerables.

Ahora, las economías europeas, y en especial Alemania, tradicionalmente el motor económico de la región, se encuentran en un proceso de desindustrialización debido a los altos costos de la energía, producto del desacople de Rusia.

ucrania
 

Veamos ahora el factor humano: incluso si se resolviera el problema de la brecha en capacidad industrial militar, queda el problema del potencial de movilización, Ucrania se está quedando sin gente para llenar sus filas.

Al comienzo de la guerra, Rusia contaba con una ventaja demográfica de 145 millones de habitantes contra una población ucraniana de, efectivamente, 37 millones de habitantes, incluyendo 20 millones de población económicamente activa. 

Desde 2022 esos números no han hecho más que empeorar. Al menos 8 millones han dejado el país en calidad de refugiados, sin contar una cantidad no especificada de personas que emigraron de manera irregular para escapar a la conscripción forzada.

Por su lado, si bien se estima que Rusia perdió un millón de habitantes que emigraron tras el inicio de la guerra, también es verdad que han incorporado como propia a la población de los territorios ocupados, y han recibido a 3 millones de refugiados ucranianos en su territorio. 

Y, dados los altos sueldos relativos y su baja tasa de desocupación, Rusia sigue siendo el principal destino de mano de obra migrante proveniente de Asia Central. En otras palabras, Rusia mantiene y amplía su ventaja demográfica sobre Ucrania.

A mediados del año pasado un think tank americano, insospechado de simpatías pro-rusas, estimaba que la población ucraniana se habría reducido a cerca de los 20 millones. Y dado que la emigración impacta sobre todo a los estratos más jóvenes, la población remanente se encuentra muy envejecida, y económicamente (y militarmente) inactiva. Este informe estimaba que alrededor de la mitad de la población remanente en Ucrania consistía de jubilados.

En estas condiciones, el actual plan de bajar la edad mínima de conscripción (actualmente en 27 años) para incorporar otro medio millón de hombres a sus fuerzas armadas implica vaciar la escasa población económicamente activa que queda en Ucrania, e hipotecar severamente el futuro de su país. 

Finalmente, en términos políticos, el futuro tampoco parece promisorio. Rusia, por su lado, no está aislada, ni económica ni diplomáticamente. Fuera del G7 y la Unión Europea, la mayor parte del planeta no se ha sumado a la guerra económica contra Rusia. Los BRICS y el así llamado "Sur Global" han preferido, en general, mantener una prudente neutralidad, y no hay indicaciones de que esto vaya a cambiar. 

Dentro de la coalición pro-ucraniana, en tanto, se van multiplicando las voces de disenso a medida que el costo se hace sentir sobre las economías, principalmente de Europa. Se vuelve cada vez más dificultoso aprobar paquetes de ayuda a Ucrania. 

El avance de partidos populistas o euroescépticos sugiere que el consenso actual de las elites políticas europeas podría resquebrajarse en la medida que el descontento se refleje en las urnas en las próximas elecciones.

En EE.UU., principal benefactor de Ucrania, la oposición republicana al proyecto ucraniano va en aumento, y el Congreso encuentra crecientes dificultades para aprobar partidas presupuestarias para continuar asistiendo a Ucrania. 

biden
 

Dada la impopularidad del gobierno de Biden, es altamente probable que el próximo presidente de los EE.UU. en 2025 vuelva a ser Donald Trump, que ha demostrado en su mandato pasado una lógica más transaccional que incondicional para con sus aliados. 

Sus declaraciones sugieren que se inclinaría por poner fin a un conflicto que considera un derroche inútil de fondos escasos, de la misma manera en que buscó finalizar la misión estadounidense en Afganistán.

La perspectiva de un menor compromiso de EE.UU. con el esfuerzo de sostenimiento de Ucrania pone nerviosas a muchas capitales europeas, acostumbradas para bien o mal a seguir el liderazgo estratégico de Washington. 

En consecuencia, muchos son reacios a comprometerse más profundamente con Ucrania, en especial en momentos en que la guerra parece estar tomando un curso desfavorable. Todo esto pone en duda la continuidad de la ayuda militar y financiera a Kiev en el mediano a largo plazo.

Los analistas más serios admiten que durante 2024 Ucrania no estará en condiciones de montar ninguna ofensiva adicional, y que la iniciativa estará del lado de Rusia. Por ello es que se habla de pasar a una postura defensiva, mientras Kiev reconstituye sus capacidades militares con vistas a retomar la iniciativa en 2025. Pero no hay un plan claro o creíble que permita superar las tendencias desfavorables descriptas en los párrafos anteriores.

Es teóricamente posible que Ucrania pueda sostener una postura defensiva durante un año o dos, por ejemplo. Pero también es posible que una caída profunda en la moral de sus fuerzas armadas lleve a su colapso dentro de los próximos meses. Es imposible predecir cuándo y cómo exactamente terminará la guerra, solamente podemos señalar en qué dirección van las tendencias generales. Pero de seguir por este camino, entre más se postergue el inicio de negociaciones con Moscú, más desfavorables serán las condiciones que Ucrania deberá aceptar para lograr la paz.

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