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Análisis

A 80 años del desembarco de Normandía, Europa se enfrenta a su "Día E"

El mismo día en el que se celebró el 80 aniversario del desembarco, iniciaron en el Viejo Continente las elecciones del Parlamento Europeo. Pero, en plena guerra en Ucrania, los resultados del Día E(lectoral) podrían ser de vital importancia de cara al futuro de Bruselas.

A 80 años del desembarco de Normandía, Europa se enfrenta a su "Día E"
Damián Cichero 06 junio de 2024

Este 6 de junio no fue una fecha más, ya que se cumplió el 80 aniversario de uno de los días más importantes para la humanidad: en las playas y campos de Normandía, en Francia, se llevaba a cabo la invasión anfibia más grande en la historia.

El 6 de junio, pero de 1944, y en el marco de la Segunda Guerra Mundial, más de 150.000 soldados aliados invadieron Francia para expulsar a las fuerzas nazis de Adolf Hitler.

Antes del desembarco de Normandía, los aliados habían desarrollado la Operación Fortitude, una maniobra para engañar a los nazis y hacerles creer que los desembarcos tendrían lugar en Pas-de-Calais, al este. 

Para lograrlo, se utilizaron tanques ficticios, lanchas de desembarco y aviones en el este de Inglaterra, lo que permitió, junto con la contraofensiva soviética en Europa del Este, llevar a cabo con mayor éxito la Operación Overlord, el 6 de junio. 

Durante la fecha conocida como Día D, las tropas aliadas, lideradas por el general estadounidense Dwight Eisenhower, desembarcaron por mar, en playas con los nombres en clave de Utah, Omaha, Gold, Juno y Sword.

Además, otros cientos de soldados fueron lanzados desde el aire, detrás de las defensas costeras alemanas. 

En total, había 83.115 soldados británicos y canadienses, y 73.000 estadounidenses, de los cuales 10.250 se convirtieron en bajas, incluyendo soldados muertos, heridos y desaparecidos. 

La Operación Overlord finalizó oficialmente el 30 de junio de 1944: para esa fecha, ya habían desembarcado 850.279 hombres, 148.803 vehículos y 570.505 toneladas de suministros.

A partir de ese momento, los días estuvieron contados para Hitler y las tropas alemanas, que no pudieron resistir el combate con dos frentes en simultáneo: el 30 de abril de 1945 el Führer se quitó la vida y el 2 de mayo las tropas soviéticas tomaron Berlín.

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Imagen tomada durante el desembarco 

Un nuevo momento bisagra para Europa 

Casualidad o no, en el 80 aniversario del Día D, se iniciaron en el Viejo Continente las elecciones del Parlamento Europeo, o el Día E(lectoral). 

En realidad, la mayoría de los miembros de la Unión Europea celebrarán las elecciones el 9 de junio, pero los Países Bajos votaron este 6 de junio; mientras que Irlanda y la República Checa, el 7 y, al día siguiente, Malta, Eslovaquia y Letonia.

Estas elecciones europeas se celebran en un momento bisagra para Europa, que es testigo del mayor conflicto bélico en su continente desde la Segunda Guerra Mundial.

A partir del 22 de febrero de 2022, la guerra entre Ucrania y Rusia es la principal preocupación de la UE como bloque, ya que temen que el conflicto se extienda hasta sus fronteras. 

Bruselas es uno de los principales aliados de Kiev, a quien ha ayudado a través tanto del envío de miles de millones de euros en ayuda económica como de la imposición de duras sanciones contra Rusia.

No obstante, al margen de las estrategias a corto plazo, la guerra ha dejado en evidencia las falencias europeas: en un mundo anárquico, en el que los países dependen de ellos mismos para sobrevivir, Europa se ha ido debilitando año tras años, siendo extremadamente vulnerable al ataque de una gran potencia. 

Con estas líneas no pretendo afirmar que Moscú planee atacar a la UE. Por lo contrario, teniendo en cuenta que el Kremlin argumenta que su ataque contra Ucrania es una reacción a la deliberada expansión de la OTAN hacia Europa oriental, es difícil creer que Rusia pueda tener algún interés por ir mucho más allá.

Incluso, más difícil de creer es que a Rusia le interese llegar a regiones en las que no podría gobernar por falta de recursos.

De todas formas, la belicosidad rusa le ha recordado a Bruselas que la anarquía nunca desaparecerá: ni las Naciones Unidas ni ningún otro actor internacional saldrá en defensa de los países ante un potencial ataque.

Sin dudas, hoy Europa no está sola: al igual que sucedió durante el Día D, el Viejo Continente cuenta con el apoyo de, por ahora, su aliado incondicional, EE.UU. 

En aquella época, el presidente Franklin Roosevelt comprendió, tras la derrota francesa en 1940, que un triunfo alemán pondría en peligro al propio EE.UU., a lo que se sumaba la amenaza de Japón en el océano Pacífico. 

Por ello, se comprometió con la resistencia británica, el último bastión de Occidente en Europa para ese entonces. 

Hay que aclarar que Roosevelt se enfrentaba a un importante problema: aunque era consciente de que su país debería intervenir directamente en la guerra, la propia reticencia de la población norteamericana le indicaba que ese no era el momento. 

Pero Roosevelt creía que los nazis querían "reducir a Europa a la esclavitud", para después dominar "al resto del mundo". 

Entre muchas de sus medidas, el 11 de marzo de 1941 el Congreso le aprobó su famosa Ley de Préstamo y Arriendo para poner a disposición del Reino Unido miles de armas y otros artículos de defensa.

Y, aunque aún faltaban algunos meses para la intervención directa de EE.UU. en la guerra, la cual se concretó tras los ataques japoneses de Pearl Harbor en diciembre de 1941, el propio Winston Churchill se había percatado mucho tiempo antes de que esto iba a suceder. 

Por ello, es recordado el Primer Ministro británico, cuando el 4 de junio de 1940, en la Cámara de los Comunes, expresó: "lucharemos en Francia, lucharemos en los mares y océanos (...) defenderemos nuestra isla, cualquiera que sea el costo, lucharemos en las playas, lucharemos en las pistas de aterrizaje, y en las calles, ¡nunca nos rendiremos!".

"E incluso si, cosa que ni por un momento creo que suceda, esta isla o una gran parte de ella fuera subyugada y estuviera hambrienta, entonces nuestro Imperio más allá de los mares, armado y protegido por la flota británica, cargaría con el peso de la resistencia, hasta que, cuando sea la voluntad de Dios, el Nuevo Mundo, con todo su poder y su fuerza, avance al rescate y a la liberación del Viejo Mundo", sentenció, previendo la intervención de EE.UU. en la guerra.

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El primer ministro británico Rishi Sunak, el rey Carlos III y el presidente francés Emmanuel Macron rinden homenaje a los caídos en el desembarco. 

Los tiempos han cambiado 

Si bien Washington, con Joe Biden a la cabeza, se muestra comprometida con Europa, la realidad es que la sensación de inseguridad es mucho menos elevada para EE.UU., por la simple razón de que se encuentra lejos del campo de batalla. 

Es difícil saber cómo actuaría EE.UU. ante un posible ataque contra sus aliados europeos, e incluso este tipo de dudas las han tenido históricos líderes como el alemán Konrad Adenauer y el francés Charles de Gaulle. 

Además, a las dudas sobre si EE.UU. intervendría en un conflicto en el que su propia seguridad no está en riesgo, se suma el factor Donald Trump: el magnate republicano, que podría volver a la Casa Blanca en 2025, ha dejado entrever que se siente mucho menos comprometido con la causa europea que Biden.

Hasta ha llegado a decir que "animará" a Rusia para que haga "lo que diablos quiera" con los aliados de la OTAN que no paguen en defensa. 

De todas estas cuestiones, parece haberse percatado el francés Emmanuel Macron, quien, desde hace años, impulsa la idea de que Europa "pueda defenderse sola", siendo la formación de un ejército europeo su máxima aspiración.

Pese a poder llegar a ser este el experimento de integración más exitoso en la historia de la humanidad, la UE parece estar lejos de ponerse de acuerdo en la materia.

Y, por cierto, en un momento en el que la extrema derecha y los nacionalistas avanzan en la mayoría de los países, el futuro del Parlamento Europeo podría ser más oscuro: ciertamente, las capacidades de producción de defensa de la UE podrían verse seriamente en peligro a partir del próximo lunes si los nacionalistas adquieren más poder. 

Como explicó el propio Graham Allison, estamos en el período más largo sin guerras entre grandes potencias, pero esto no es permanente ni debe darse por sentado, como sucedió en Europa.

Por lo contrario, esa paz se ha sostenido en la fuerza militar más poderosa del mundo (EE.UU.), que ha hecho posible la "paz a través de la fuerza".

Por lo tanto, Europa deberá tomar cartas en el asunto o, de lo contrario, esperar a que "el Nuevo Mundo, con todo su poder y su fuerza, avance al rescate y a la liberación del Viejo Mundo".

Pero, a diferencia de Churchill, y como observa Macron, esta vez no podemos estar tan seguros de que eso suceda. 

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